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La Imagen del Amor

La Imagen del Amor - Literatura

Me guiaba por unos sentidos que me impulsaban a caminar en un río muy bajo. Sentía el correr del agua entre mis pies, y veía frondosos árboles, que dejaban filtrar entre sus ramas, al sol.

No sé bien por qué, pero, cada paso que daba, me hacía sentir más cerca de una extraña, pero hermosa sensación en el pecho.

De pronto, frente a mí, te encontré. Por dentro, sentí que desde que había empezado a caminar, te había estado buscando inconscientemente.

Sonreías, estabas feliz. El sol te bañaba con ternura, mientras te rodeaban pequeñas cascadas.

Te miré alucinado, como quien nunca vió el cielo y se lo muestran por primera vez. Como quien tiene el amor, el verdadero amor, frente a sus ojos.

Me encontraba inmóvil, de pie, firme, observándote con mucha atención. Parecías jugar con la brisa y bailabas con ella. Tus movimientos eran dulces y serenos.

Había tanta luz, tanto brillo en tu mirada. Danzabas sobre el agua y entre las lianas, siempre mirándome y sonriendo.

Yo estaba anonadado.

Frente a mí, el todo de mi amor, se concentraba en una mujer. Era esta la diosa entonces. Era ella la chica que bajó del olimpo para mostrarme su amor. Esa mujer, que se movía con ternura al compás del aire, del agua y del sol. Que miraba con sus ojos imponentes. Esa mujer frente a mí.

Mientras yo, tan insignificante, tan inútil, tan mortal, solo atinaba a mirarla, a no perder ninguno de sus detalles, a filtrar toda la inmensa luz que su presencia me brindaba.

De repente, dejó su baile y comenzó a caminar hacia mí.

Me arrodillé con violencia, rendido, como quien ha caminado por mucho tiempo y, por fin, ha dado con lo que estaba buscado.

De rodillas, Se puso frente a mí y me observó intensamente. Había mucha claridad en su mirada, contenía algo inexplicable en sus ojos.

Al tiempo que yo seguía totalmente asombrado, tomó mis manos entre las suyas y me sonrió. La miré con romance, casi como rogándole que jamás me abandone.

En ese instante, lentamente, cerró sus ojos y me besó. Nunca podría ser capaz en mi vida, de explicar las emociones que gobernaron mi alma y mi cuerpo en ese momento. Me sentí nacer de nuevo, sentí jubilo, juventud, alegría y amor.

Durante el beso, algo pasó.

Las nubes cubrieron el sol y un trueno furioso nos hizo caer sobre nosotros una imponente lluvia.

Algo en mí, me obligo a abrir los ojos…ella ya no estaba.

Mire para todos lados, tratando de alcanzarla, pero fue inútil.

Me puse de pie bajo el agua. A mi lado, las que hasta recién habían sido cascadas, ahora eran pequeñas dunas de arena.

me pregunte si realmente esa mujer y ese mágico lugar habían existido o si, en realidad, fue toda una ilusión creada por mi soledad.

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Britania

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