Literatura

La Insatisfacción De Los Hijos Del Rey. Capitulo 3

La Insatisfacción De Los Hijos Del Rey. Capitulo 3 - Literatura

Capítulo  3. La duda Aparece

La lluvia continuaba en aquella tierra, parecía que no tenía fin. Ahora el viento soplaba muy fuerte y también lo acompañaban relámpagos y truenos. Realmente era una tempestad. Por esta razón muchas personas llegaron a sus casas más temprano de lo acostumbrado. Pero ese no fue el caso del Rey, que aún continuaba fuera de su hogar. Al parecer, Máximo no había terminado la diligencia que lo llevo a dejar el palacio. Por otro lado, Augusto regresaba de su rutina diaria. Esta vez, estaba todo empapado, y sus hermanos lo vieron llegar. Ellos aprovecharon la ocasión para burlarse de él. – ¿Qué es eso que haces todos los días, que ni siquiera el mal tiempo te detiene? – dijo el hermano menor. – Sí, necesitamos saber que haces, para ver si nos mojamos también, ja,  ja – Añadió Tiberio. – Hermanos míos, lo único que puedo decirles es que busco respuestas – contestó Augusto. Los hermanos callaron con esas palabras. Ellos también anhelaban lo mismo. Por lo tanto, se retiraron a sus cuartos en silencio.

Teodosio y Aristarco discutían acaloradamente en el estudio – Tú sabes que disfrutamos muchos nuestros viajes. Nuestras almas estaban contentas – dijo Teodosio. – ¿Y después qué? – intervino Aristarco. – Después buscamos otros sitios para nuevas aventuras. Nuestro imperio es gigantesco – respondió Teodosio. En ese momento, abrió la puerta Augusto y dijo: Teodosio ¿Temes probar algo nuevo, aun teniendo un espíritu aventurero?. – Y tú hermano mío, que andas completando un rompecabezas. ¿Te queda bien claro que trabajar es la solución? – replicó Teodosio. Augusto se quedo pensativo. Tomó asiento y le pidió a sus hermanos que hicieran lo mismo. Cuando ellos se sentaron el dijo:- ¿No habíamos quedado, que trabajar para ganarnos la felicidad, era la solución?. – Sí, pero tenemos dudas. Y no solamente nosotros. Otros han manifestado  lo mismo – aclaró Aristarco. Augusto se quedó en silencio y al rato dijo: – La solución que dio nuestro padre, salió de la recomendación de los sabios. Fue meditada y analizada. Creo que debemos darle un voto de confianza. Trabajemos, y si en tres o cuatro meses nos sentimos iguales. Yo mismo expondré la inquietud ante nuestro padre. ¿Qué les parece?. Teodosio y Aristarco asintieron con la cabeza. Augusto se levantó y dijo: – Por favor. Hagan llegar esta idea a los demás. Y se retiró a su habitación. Después que él se fue ellos se propusieron comunicar el consejo de Augusto a todos los otros hermanos. Para lograr el objetivo, fueron de cuarto en cuarto, y aunque había mucha oposición, consiguieron una aceptación completa.

La noche estaba avanzada y hacía mucho frío. La chimenea estaba encendida y cerca de ella se encontraba Helena, que leía un libro, porque no podía conciliar  el sueño. Era claro que la Reina estaba preocupada por la ausencia de su esposo. Este no le informó que tenía que salir y no encontraba razones por la cual se había portado de esa manera. Cada cierto tiempo, Helena dejaba la lectura y veía el reloj. Hizo esto muchas veces, hasta que se quedo dormida

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