Sociedad

La lenta agonía del rural

La lenta agonía del rural - Sociedad

Otra persona mayor que fallece. Otra casa más que se cierra. Suma y sigue. Y así hasta el infinito.
Día tras día, en nuestro país, se despueblan completamente pequeñas aldeas. Quedan las casas, las iglesias, las plazas…El recuerdo imborrable de lo que antaño fue.
Algunas de estas poblaciones vuelven a la vida durante el verano, cuando los propietarios abren de nuevo sus casas para las vacaciones. Un paréntesis breve, que sucede sobre todo en el mes de Agosto. Otras aldeas, menos afortunadas, ya no recibirán más visitas que las de los saqueadores, o tal vez de algunos senderistas.
Tenemos un verdadero problema de despoblación y nadie parece querer darse cuenta. Desde los poderes políticos no se toman soluciones para atajar tan grave problema. Seguimos centrándonos en las ciudades —urbes inmensas, buen caladero de votos— a las que no saben ya qué más ofrecer, y dejan sin los mínimos servicios viables a los ayuntamientos pequeños.
El principal problema por el que la gente abandona su pueblo natal es la falta de una ocupación estable. No se crean puestos de trabajo, y los que hay, están mal pagados o son de baja cualificación. Después, si algún incauto quiere instalar su empresa en el pueblo, todo son trabas administrativas y de cualquier tipo. Al final, que no le compensa.
El desarraigo comienza en los jóvenes cuando tienen que irse lejos a estudiar, y a partir de ahí, todo es una cadena, hasta terminar con la persona fuera de su órbita familiar. Una vez que se han ido, y se han establecido en otro lugar, resulta muy difícil volver.
Otro problema es el de la falta de infraestructuras. Muchas veces, las comunicaciones por tierra son pésimas, con carreteras en mal estado, y mala señalización. Por otro lado, está la propia percepción de los posibles habitantes, que creen que es incómodo vivir en un pueblo pequeño por la escasez de servicios. Esto puede ser verdad, y en otros casos, una mera percepción subjetiva. Como todo en esta vida, se trata de valorar los pros y los contras de tu opción; y para muchas personas podrían ser más los pros de vivir en el campo, pero no lo saben ver.
La tranquilidad, el sosiego, el silencio, el contacto con la naturaleza, la relación más estrecha con los vecinos, el poder cultivar y cuidar tus propios alimentos… Son variables muy importantes a tener en cuenta, y que no va a lograr nadie viviendo en alguna ciudad dormitorio de una gran capital.
A menudo escucho decir a distintas personas que les gustaría vivir en el campo, a pesar de trabajar en la ciudad, pero que no quieren perder el tiempo en la carretera. Y no puedo evitar pensar, que si ya pierdes todos los días unos cuarenta minutos —cuando no más—, en trasladarte desde casa a tu puesto, ¿qué más da perderlos dentro de la propia área metropolitana que en venir de un pueblo? Incluso si pierdes un poco más de tiempo, ¿de verdad no te compensa abandonar el ruido, los humos, las aglomeraciones, las broncas de la Comunidad de Vecinos, y poder llegar al final de la jornada a tu pequeño jardín, recogido, silente, reposado? Sobre todo, si tienes hijos, ¿no te compensa educarlos en un lugar donde pueden salir al exterior a jugar tranquilamente, tener mascotas con las que corretear por ahí, estudiar en colegios poco masificados?
Deberíamos ayudar a los núcleos rurales. No está bien que desaparezcan, dejando atrás un pozo de recuerdos, y a personas alienadas, que viven con agobio y descontento en pisitos de 60 metros cuadrados, esperando con ansia que llegue el fin de semana para salir un poco de la ciudad hostil. Tendría que haber una serie de medidas políticas firmes de ayudas a la restauración y construcción de viviendas, a las mejoras viales, a los creadores de puestos de trabajo, y a las familias jóvenes para la educación de sus hijos. Estamos viendo cómo se malgasta el dinero de nuestros impuestos en financiar tonterías en lugares ajenos a nosotros, y sin embargo, dejamos irse por el vertedero de la Historia gran parte de nuestro legado, de nuestras costumbres, en definitiva, de nuestro país. ¿No sería mejor luchar por la repoblación de nuestro rural, y la calidad de vida de nuestros ciudadanos? Si los pueblos vuelven a llenarse, las ciudades también tendrán una descongestión, que ayudará a sus habitantes a tener una mejor calidad de vida, sin tantos servicios colapsados. ¿No vale la pena invertir en ello? ¿Qué opináis?

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Acerca del autor

Maria Delgado

1 comentario

  • Que razón tienes María, es una tristeza ver nuestros pueblos como se van quedando vacíos, estaría muy bien rehabilitar las casas y que volviera a haber vida en ellos, pero no, como tú bien dices solo se piensa en hacer grandes edificios con habitáculos diminutos en las ciudades y vivir todos amontonados. Yo tengo recuerdos muy bonitos de mi niñez en el pueblo, creo que se vive todo de otra manera se disfruta más de las cosas en todos los sentidos. Que bonito sería verlos de nuevo llenos de vida!

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