Historia

La Muralla China, una obra maestra de la ingeniería



La Muralla China, una obra maestra de la ingeniería - Historia

No es exagerado pensar que la raza humana es capaz de hacer cosas increíbles son su entorno. Siendo la especie conocida con mayor desarrollo cognitivo que haya pisado la Tierra, los humanos con el paso de los milenios podemos decir que han construido un mundo a su manera; tanto es así que alrededor del 5% de la superficie total del planeta está urbanizada actualmente, y el 20% está manipulada por el hombre si tenemos en cuenta superficies de cultivo, ruinas antiguas, redes ferroviarias, carreteras, etc.

Algunas de las obras que la humanidad ha logrado levantar en su historia son de escala apoteósica, y varios ejemplos de ello son las Pirámides de Egipto, los canales de Suez o Panamá, los acueductos romanos o las murallas, siendo este último caso el que nos ocupa hoy.

Las murallas son estructuras que tradicionalmente han sido utilizadas con fines militares, siendo su principal función impedir el avance enemigo hacia las poblaciones aledañas y marcar la frontera de un territorio. Las primeras murallas datan de decenas de miles de años antes de Cristo, no se sabe con exactitud cual fue la más antigua, puesto que para esa época las construcciones eran muy vulnerables a la erosión y el deterioro, de forma que muchas de ellas ya están derrumbadas por completo y desconocemos que hayan existido. No obstante, el avance en la arquitectura y la incorporación de nuevos materiales para la construcción ayudaron a emprender obras que a día de hoy siguen manteniéndose en pie perfectamente, y que por sus dimensiones, difícilmente van a poder ser borradas del suelo. Tal es el caso de la Gran Muralla China, una auténtica obra maestra de esas que definen mejor nuestra identidad como especie, una estructura que quedará por siglos como ejemplo del potencial intelectual y moral de la raza humana.

La construcción de la Gran Muralla se inició en el siglo VIII AC, momento en el que China era una gran subdivisión de pequeños reinos feudales, que en muchos casos construyeron muros fronterizos entre sí. Durante los siglos posteriores la población aumentó considerablemente en las zonas interiores del continente: las costas del Mar Caspio, la actual Siberia y Mongolia, asentándose tribus que acechaban desde el otro lado del Río Amarillo.

Retrato de Qin Shi Huang, el primer monarca de la Dinastía Qin.

 

Con el fin de proteger China del avance de los pueblos nómadas, la Dinastía Qin en torno al año 200 AC decidió juntar todo el perímetro ya amurallado y extenderlo hacia el oeste hasta el Desierto del Gobi, con el fin de frenar las amenazas de los pueblos del norte, o en todo caso obligarles a cruzar la hostil zona central de Asia. Asimismo, gran parte de la nueva muralla fue levantada sobre las montañas de Yin Shan, Yan y Taihang para llevar a cabo misiones de vigilancia. En total se estima que en 3 o 4 décadas de construcción, ya instalada la Dinastía Han (221 AC), la muralla alcanzó una longitud de 7.300 kilómetros, más larga que la frontera entre EEUU y Canadá sin contar con Alaska, o que la frontera actual entre Argentina y Chile.

En esta época los materiales utilizados variaban en función del relieve: siendo la arcilla y el barro los materiales principales usados en las zonas llanas y piedra en las montañas (principalmente granito y caliza). Las dimensiones promedio del muro eran de unos 6 metros de anchura y de 7 a 10 metros de altura, e incluso más en las torres de vigilancia o artillería que se incluían en el perímetro. La técnica más utilizada para la construcción era el implante de unos cimientos de barro y arena apisonada, sobre los cuales luego se incorporaban andamios y armazones de madera utilizados para ir colocando los bloques que forman la estructura del muro.

Ilustración de las obras de la muralla

 

Los métodos que se utilizaban en las zonas montañosas eran más difíciles, puesto que aparte del formato básico de construcción, a menudo era necesario adaptar el terreno haciendo profundas zanjas y demoliciones, que en algunos casos ni siquiera eran suficientes para mantener la estructura, por lo que era necesario utilizar soportes de madera en esos tramos.

Desde el siglo IV hasta el final de la Dinastía Yuan en el siglo XIV D.C. la construcción de la muralla se pausó y las obras se redujeron a pequeñas reformas de sectores en mal estado o derruidos, pero a partir del año 1.300, entre otras causas porque se unificó el Imperio Mongol, bajo el mando de la recién fundada Dinastía Ming las construcciones se reanudaron y esta vez los nuevos muros dejaron mejores prestaciones por el uso de ladrillos artesanales, más resistentes y más sencillos de utilizar. El objetivo prioritario era defender Pekín de los mongoles, por lo que las partes más fuertes de la muralla se levantaron en las áreas cercanas.

Además de la utilización de nuevos materiales de construcción más eficaces, la vigilancia se hizo más intensa que nunca y se inventó un sistema de señales de humo que iban de torre a torre y servían de llamada de auxilio a todas las unidades militares del territorio hasta Pekín. Se trató de un método similar al de las almenaras entre los reinos de Gondor y Rohan, en la saga literaria y cinematográfica del Señor de los Anillos.

En aquella época bajo el mandato de Gengis Khan, Mongolia se transformó en un imperio unificado muy poderoso militarmente, que amenazaba con avanzar hacia las costas orientales, el Tíbet e incluso Indochina. Aun hoy día, se considera que los mongoles tuvieron uno de los ejércitos más voraces de la Historia: jinetes hábiles, ballestas y soldados sigilosos y astutos; aunque lo verdaderamente intimidante de este ejército era su velocidad, según textos recuperados del siglo XIII. El poder militar mongol en esos años era tal que ni siquiera la muralla pudo frenarlo de ocupar casi la totalidad del continente asiático: desde Corea hasta Vietnam, y desde Manchuria hasta los Cárpatos. Incluso se llegaron a asentar en Europa Oriental, en las costas del Mar Negro y en la actual Hungría, aunque sin mucho éxito. En su apogeo a finales del siglo XIII, el Imperio Mongol alcanzó una extensión superior a los 30 millones de kilómetros cuadrados.

Ejército mongol combatiendo en la Muralla China

Mapa del Imperio Mongol a finales del siglo XIII

 

En los siglos posteriores al declive de los mongoles, las únicas actividades realizadas en los muros fueron obras de reconstrucción, reforma y restauración. Hoy en día, la Gran Muralla ya no tiene una utilidad práctica pero constituye uno de los destinos turísticos más visitados del Mundo. La longitud que ha llegado a alcanzar la muralla en todas sus secciones es de 21.196 kilómetros, y es la única estructura humana visible desde el espacio exterior y es reconocida como una de las 7 Maravillas del Mundo desde 2007.

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Acerca del autor

Raúl Álvarez Conesa

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