Literatura

La Naturaleza Del Caído

La Naturaleza Del Caído - Literatura

Durante milenios el hombre ha estado atado a su naturaleza, no importa cuán evolucionados creamos estar,  que tan avanzados pretenden los medios hacernos creer que somos, al final del día no somos más que humanos,  mortales de carne, hueso y dolor, una masa que en los recónditos recovecos de su psique, llora, sufre, ama y odia.

¿Por que mencionar esto? la raza humana ha caído cientos de veces, en ocasiones de manera colosal y eventualmente se vuelve algo individual y personal.  Nuestras penas internas, propias y secretas.
Durante los años de la conquista y el nacimiento de la Nueva España, se vivió uno de los acontecimientos más atroces de la historia de Latinoamérica, no más triste o mayormente sangriento que los ocurridos con anterioridad o posterioridad alrededor del globo a través de la basta historia universal, pero con una característica distinción que lo convierte en más doloroso, fue nuestro, nos pertenece.

Y bien podemos pasar la vida siendo víctimas llenas de rencor, o pasar de largo por lo atroz de una colonización, lo que es siempre inalterable es como descendieron una a una, civilizaciones ancestrales, devastadas por las epidemias y la hambruna, el saqueo, la guerra.
Es verdad que vamos por la vida en el trajín cotidiano sin pensar al respecto, al menos eso le sucede a la mayoría, no obstante, como te pasa a ti y como me pasa a mí, al recordarlo, nos duele, nos lastima, aun arde dentro nuestro ese pesar que se aglomera trémulamente en nuestro cuerpo cuando llega la reminiscencia de nuestro pasado.

 

 

Es por ello que hay que retomar nuestra naturaleza impulsiva y encontrarle un sentido, quedarse varado en las debacles del pasado nunca ha sido productivo, pero se aprende, y además es evidente que necesitamos algo a lo cual aferrarnos, no por que sea correcto, si no por que es nuestra naturaleza.
Aferrarse a un sueño, a una meta, a una idea, un libro, una persona, un lugar, un sentimiento, un objeto, llámelo como quiera, uno se aferra.

Tal vez nunca provoque un sentimiento de liberación por los ancestros desaparecidos, pero es notorio que el legado que se nos deja es la empatía, de momento no es relevante si es por orgullo infundado o por genuino dolor, pero sentimos la caída de cada hermano como nuestra, estamos unidos por un lazo sanguíneo más antiguo que la vida, íntimo e irrefutable, esto no significa que no querramos olvidar lo que nos lastima, si no que en ese dolor, nos encontramos.
Es como perder a un ser amado; estás consciente de que no volverá y nos duele, pero no podemos remplazarlo, así que nos aferramos a su recuerdo con vehemencia, así somos, nos aferramos a sentimientos amargos y a experiencias non gratas, nos sentimos identificados en ese penar, nos hace creer en algo, sentir algo, por desagradable que sea; lo volvemos parte de nuestra vida y es así como nuestras caídas nos construyen, nos levantan, nos forjan. Al final de cuentas quiero decir que no importa en qué decidamos creer o a que decidamos venerar: Dioses, personas, animales, ideales, todo desemboca en lo mismo, nuestra necesidad de pertenecer.

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GemaGutherz

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