Literatura

La Noche Del Forastero



La Noche Del Forastero - Literatura

De toda la galaxia

Los sueños nunca terminan. Recuerdo cuando estaba joven y me propuse a devorar el mundo. Era apuesto y tenía una mirada cautivadora. Tenía muchas admiradoras en la preparatoria. Me encantaban los deportes. Practicaba fútbol y para ser sincero, me iba súper bien. En cuanto a lo académico, solía ser bastante excelente en física. Siempre tuve la fantástica idea de poder algún día romper o fisurar el espacio-tiempo y así, generar un portal dimensional con el cual podría viajar en el tiempo. Lo sé! suena muy cursi tal vez, pero eran los pensamientos que abundaban en mi cabeza.

Cuando crecí un poco más y fui a la universidad, entendí que tales cosas como viajar en el tiempo, estaban un poco más lejos del alcance humano. Pero nunca pierdo la fe. Opté por estudiar ingeniería física. Me fue fantástico. Tenía las mejores notas, inicié un interesante seminario con un par de compañeros e invencionamos en experimentos que nos dejaron varios premios y menciones.

Me gradué con honores. Mis compañeros más cercanos y amigos, estábamos felices. Celebramos por lo alto. Una fiesta enorme en la casa de la chica que terminaría siendo la primera mujer con quien compartí intimidad, no antes sin estar muy alcoholizados. Esa pequeña experiencia me demostró que lo que llaman «amor» es algo muy complicado y difícil de encontrar.

Es así como obtuve pocos meses después mi primer trabajo. Me fui de casa. Mamá lloro bastante y a Papá también se le aguo el ojo. Era una decisión tomada. Partí lejos del lugar que me vio crecer, que me enseño varias cosas y en otras me dejo con la inquietud. Llegue a un ambiente amigable. Los compañeros de trabajo e ingenieros también, sabían bastante y compaginamos a la perfección. Los fines de semana solíamos salir a tomar un par de buenas cervezas y compartir risas y aventuras pasadas. De vez en cuando, mis miradas aún funcionaban y conquistaba por una noche una espléndida dama. Era muy amante a pasar esos buenos ratos de inspirados sexo, cerca al mar. Me encantaba estar cerca al mar cuando las desnudaba por completo. Sentía que las olas y su sonido, tenían una conexión natural con las mujeres. Al otro día ni recordaba el nombre de aquella aventurera amante con la que había compartido unas cuantas horas. Ya solía ser una situación muy normal.

Tuve una muy hermosa infancia. Mi adolescencia fue fantástica y en mi prematura adultez, era un casanova. No me faltaba dinero ni calor de las chicas. Es así como puedo afirmar que todo iba de acuerdo a lo planeado. No me podía quejar. Pero como todo cuento de hadas tiene su momento crítico y de infelicidad temporal, yo no fui la excepción.

Fue en uno de esos dichosos fines de semana. La vida como tal, me cambió para siempre. Conocí a la mujer más bella de toda la galaxia entera. No era como si solo me gusto y ya, no. Fue mágia lo que me inyectó con una sola mirada. Yo estaba fascinado y como era de esperar, mis amigos se dieron cuenta al instante. Después de los alientos y consejos, decidí acercarme donde ella se encontraba. Para fortuna mía, estaba con un par de sus amigas. Al acercarme a su mesa, inmediatamente me miró a los ojos y sonrío. Mi corazón empezó a latir más fuerte y mis manos sudaban. Hice lo más estúpido que puede hacer alguien que está desesperado. La invite a bailar.

Yo no sabía bailar mucho, era mi debilidad, mi criptonita. Mis pasos eran muy básicos, pero ya estaba hecho. Resulto que ella si sabía bailar a la perfección y al notar mí no muy alto nivel de danza, procedió a enseñarme. Fue lo más bello que una mujer había hecho por mí. Así que aprendí un poco mas a bailar, la invite a tomar unos tragos, hablamos mucho y coincidimos en mucho mas. Esta vez no se me ocurrió ir a la playa, por el contrario, solo quería seguir hablando con ella. Era una mujer tan interesante que todo lo demás se me olvidaba, solo pensaba en ella, en ese momento, en ese eterno momento.

No es que yo fuera una persona exagerada, solo me había flechado y enamorado en un par de horas. Ella estaba asombrada con mis pocas historias. Por lo menos sabía que no se aburriría el resto de horas que pasaríamos. Al final, decidió darme el honor de llevarla a su hogar. Nos despedimos de nuestros conocidos, subimos al auto y tomamos el camino. Mientras iba conduciendo, la miraba y ella seguía sonriendo. Por mi cabeza pasaban las imágenes de nuestra boda, de nuestras vacaciones en algún lugar lejos de allí, pensaba en los hijos que podríamos tener, cuidar y amar. Tenía que estar loco o muy ebrio, cosa que no bebí absolutamente nada esa noche, para pensar en todas esas cosas.

La calle estaba fría y solitaria. El semáforo mostraba su tono rojizo y a la espera de continuar estábamos. Su casa estaba a unas cuadras y como era de esperarse, nos miramos y la atracción nos pudo. Lentamente besamos nuestros labios. Fue el beso más caluroso y dulce que jamás había experimentado. Duro mucho más de lo que duraban las personas en decir un «te amo» sincero.

De la nada, un tipo se acercó a la ventana respectiva del lugar donde se encontraba ella. Saco de su bolsillo un arma y le disparó. Lo describo de esa manera, porque así fue como lo vi con mis propios ojos. Los pequeños fragmentos del vidrio volaron por todas partes. El pánico me invadió por completo. Lo que procedí a hacer cuando por un segundo logre descongelarme, fue salir corriendo a atrapar al individuo. Por fortuna lo halle tirado en el suelo gritando de dolor. Un par de fragmentos habían saltado y caído justo en sus ojos. No logré registrar su rostro porque se encontraba bañado en sangre. Se retorcía en el suelo. Sin pensarlo le lance una patada al estómago. Él soltó el arma y la aleje. Corrí por un lazo que tenía en la parte trasera del auto y lo até para que no tuviera oportunidad de escapar.

En cuestión de minutos había llamado a una unidad médica y está respondió de inmediato. También la policía había recibido el llamado. Mientras arrestaban y se llevaban al extraño sujeto, en medio de sangre, vidrios y mucho frio, la subimos a la ambulancia y nos dirigimos hacia el hospital central. Aún estaba consciente y esta vez su mirada estaba envuelta en terror. Yo le suplicaba que resistiera, que ya casi llegábamos, y ella insistía en hablar. Cuando estábamos corriendo en el pasillo en busca de atención inmediata, agarró fuerte mi mano, nos miramos y me dio las gracias por ayudarla. Los médicos la ingresaron y me apartaron para afuera. Esa noche por primera vez en mi vida sentí lo que es estar a escasos minutos de perder algo que quería tener a mi lado. No me importaba absolutamente nada de lo que ya había conseguido. La quería a ella, solo a ella. Después de unos 15 minutos, un doctor salió y pregunto por los acompañantes de ella. De inmediato me levante y me acerque a él, temeroso, pero con la fuerte esperanza de que todo iba a salir bien, de que ella iba a vivir. El doctor con tono nervioso y mirada perdida, me dio la noticia.

 

Continuará…

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Acerca del autor

brianmanrique

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