Literatura

La Perogrullada Del Amor Primerizo

La Perogrullada Del Amor Primerizo - Literatura

 

−”Inquietud eterna genera la idea de conocer el significado del amor, crisis existencial en su elevada potencia; tranquilo, eso es eterno”. Fueron las palabras que recuerdo de aquel sabio anciano, mi abuelo Félix. No se me olvida ese día lluvioso en aquella pequeña casa cálida; increíble como esa casa podía mantenerse en pie con tan frágil estructura de madera enfrentándose a los torrentosos vientos que ese día soplaban.

Sus palabras tan complicadas de entender en ese momento en el que sólo  era un chico de 12 años, ahora retumban en mi ser en estos momentos de desprecio a cualquier pareja de tórtolos se atraviesan mis ojos.

–¡Qué mal me has hecho Violeta! ¿Por qué aposte mi amor por ti? ¡Quisiera saber si estás feliz y plena con este daño que has causado en mí!- Grito entre mis pensamientos chocantes mientras trago obligadamente el desayuno que he hecho de mala gana. Una rebanada de pan nunca había sido tan seca y el jugo de naranja no había sido tan amargo.

No disfruto esas imágenes que me llegan de tu risa, de ese espeluznante cálido abrazo que me diste hace dos semanas. –¿ Acaso fue necesario acabar con esto para poder ver tu cara sin necesidad de ver una foto? ¿Por qué atormentaste mi madrugada? ¿Era necesario despertarme con sed de ti antes de comenzar el día?-

       Me dejas con tantas preguntas y te llevas rencorosamente todas las respuestas para guardarlas en el armario de tu hermoso cuerpo, detrás de esa bella piel que tanto maltratabas y yo que tanto cuidaba. Llegaste a mi vida a destruir mi comodidad colocando sobre ella tu indicio de amor efímero, fugaz; ¡Qué rápido te perdí y tan difícil fue mantenerte a mi lado!; libre, veloz, inestable emocionalmente, optimista con la vida, tan valiente que ni la fiera más grande podía con ella, ni su reflejo podía controlar tan colosal carácter; así era Violeta, ¡lo que era mi Violeta! Que nombre más acorde para la melancolía que dejas en todo aquel que te conoce y te pierde. Inconcebible cabello castaño oscuro que combina perfectamente con tus grandes ojos ¡Mujer morena! Si solo fuera escuchado a mis amigos, a mis familiares, sobre lo peligrosa que eras, que era este amor que cree por ti, que mantuve con yunques de plomo de denso esfuerzo. “Amor”, “Mi Vida”, “Bella” que palabras más lancinantes para este sentimiento que te tengo. No puedo odiarte aunque lo deseo en cada instante; llegarte a amar es más fuerte que la voluntad de este cuerpo de carne inerte postrada en este sofá sucio y desgastado. Juré verte feliz, intenté con todas mis fuerzas pero no te bastaba, querías más y me consumiste como el sol consume a esa mesa de plástico de la azotea, erosionado, destrozado, débil.

¿Acaso mi esfuerzo perpetuo de mantenerme a tu ritmo no es valioso para tu alma? Tuve que haberte visto antes mariposa insaciable, densa, colorida, opaca como la neblina de los altos Páramos. Te comparo, te anhelo y te rechazo, esta batalla de colosos dentro de este ser, seco, ardiente, como zarza de festejo; nunca el amor pudo tanto conmigo. Olvidarte es mi castigo, mi premio perderme en ti.

¿Qué harás ahora? Tienes la libertad que anhelabas ¿liberarte de mi ser? Como si fuera tan fácil, te amé hasta tu más mínimo defecto, los ignoraba, prefería detallar cada velo de grandeza que tenías, no dudaba en rechazarlo, lo acepte como mío. De pronto entendí que yo era tú ser, ya no me llamaba, ahora me llamabas, te seguía, te admiraba. Una historia sin final que me ataba a tu rabia, esa que no percibía en el momento, eras un angelical relato de tristeza. Hacerte quedar bien, el trabajo que te hacía con encanto, la Diosa permanece.

       Pero llegó el día de la revelación, te comprendí y la verdad de este veneno ya estaba haciendo estragos, la amargura pasó factura con los seres a quienes amaba, el hombre que yo miraba en el espejo no se conseguía entre tantas críticas quebrantantes que hacías en nombre del amor, si acaso fue el ego de este profano que llego a amarte el que tomó una decisión equivoca no lo sabré, pues es en tu flamante egocentrismo en el que me perdí, me olvidé y solo alejándome de ti volvería a encontrarme. Sufro con tal hecho, cobardía lo llamas tú, amor verdadero lo califico yo, te amo tanto que si lo que te iba a ofrecer sería tu reflejo entonces para que estar. Si el invierno quema, tu ausencia es hielo, mi presencia es la fogata que impide bisecarme, mantengo unidos mis humildes pedazos, pescándolos a mar abierto en tormenta, no me encuentro, tan  solo te tengo presente y tú no hablas, también te rendiste, no lograste seguir el compás de mi sinfonía, muy lento y pesado para ti. Te perdí, me perdiste y nos encontramos. Se acaba la historia del amor eterno, no hay más que contarnos, que confiarnos pues las columnas donde se apoyaba este engranaje de dos no eran más que trozos de tierra blanda y enfermiza. El adiós de tu presencia se quedará impregnado en mi alma, el sabio tiempo tendrá la jugada del recuerdo, solo el quitará penas y otorgará logros de esta lucha amorosa primeriza llevada a cabo por dos aconteceres petulantes.

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Acerca del autor

Nicolas Cassanova

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