Sociedad

¿La práctica de reducir gramaje en los artículos de consumo sin anuncio es dolosa?

¿La práctica de reducir gramaje en los artículos de consumo sin anuncio es dolosa? - Sociedad

Escribe: Javier Alejandro Ramos

Existe una práctica en el sector comercio que podría considerarse dolosa, y que afecta a los consumidores de productos para el hogar. De un tiempo a esta parte, en el Perú y otros países de la región (como Argentina)  se ha establecido como costumbre el reducir los gramajes de determinados artículos de la canasta familiar, sin avisar a los usuarios, para mantener el precio de mercado, y en algunos casos para elevarlo en unos céntimos aduciendo que el costo de vida se ha incrementado.

Los casos más notorios, por ser productos de consumo permanente, son los de la botella de aceite vegetal y las latas de leche evaporada. En el primer rubro, existen ya muy pocas que contiene el tradicional litro de contenido, y prácticamente el 95% de ellas tienen una presentación de 900 ml; y en cuanto al segundo, fueron bajando de 480 gramos a 450, 420 y en la actualidad la casi totalidad de ellas contienen solo 400 gramos.

Lo mismo ocurre con otros artículos, como las gelatinas en polvo, las barras de chocolate, las conservas de pescado, las bolsas de avena instantánea, los paquetes de galletas, los limpiadores de vajilla y sanitarios, los shampoos y jabones, los insecticidas, y el tradicional panetón navideño, que antes pesaba un kilo aún sin el empaque de caja, y desde hace unos años tiene un peso aproximado de 900 gramos, y se presenta en bolsa con zipper, que es menos costosa y que, por supuesto, tiene un peso menor.

¿Estamos hablando de una estafa o es simplemente una estrategia de las empresas para reducir costos y seguir brindando sus productos aparentando que no hay ningún cambio? Si no se publicita, o se hace de un modo demasiado subliminal para que nadie se entere porque no hay costumbre de leer las letras chiquitas, estamos ante un hecho que debería ser investigado y sancionado por las autoridades competentes encargadas de velar por la defensa del consumidor.

Tomemos en cuenta por otro lado, que no estamos hablando de la calidad o el porcentaje anunciado de ingredientes, que es ya otro problema. Muchas denuncias efectuadas por usuarios consumidores permitieron detectar que no se usaba en diversos productos los insumos que se publicitaban o que éstos eran de ínfima calidad sanitaria y en proporciones menores a lo que el empaque asegura. En este caso se trataría de publicidad engañosa que en algunos países está tipificado como delito contra la fe pública.

En Argentina, esta practica se ha dado en llamar “reduflación”. El Instituto de Estudios de Consumo Masivo evidenció que ese país el 80% de las compañías engañan visualmente a los compradores, aumentando un poco el tamaño del envase pero reduciendo el contenido del mismo. Muchas quejas similares han llegado al INDECOPI (Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la protección de la propiedad Intelectual) de Perú. Tanto en uno como en otro país, las empresas tienen listas sus respuestas: un marketero comunicado repleto de excusas en los que se explica que bajaron los porcentajes de contenido para reducir calorías o grasas, en el caso de los alimentos, o componentes que que pueden producir alergias y otros trastornos de salud en el caso de los demás artículos.

 

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Javier Alejandro Ramos

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