Literatura

La Red Maldita – Dos

La Red Maldita – Dos - Literatura

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—Bueno, esta es la primera adivinanza. Al ser el principio, he sido bueno, ¿no te parece? Recuerda, dos opciones de respuesta. Tienes dos minutos antes de pasar a la siguiente. ¡Ya!

Abajo, en la parte inferior derecha y a modo de reloj, apareció el símbolo de la muerte moviendo una guadaña hacia arriba y hacia abajo. Contemplé el cuadro que se veía en pantalla: ¿bueno? Lo de ese ser espeluznante era humor negro; aunque, claro, no podía ser otra cosa. Porque yo, no entendía absolutamente nada. Miré a Marina y ella, claro está, tampoco. Pasó un minuto, indicado por la guadaña de los segundos, y Dani escribió:

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Accionó el enter y nos mantuvimos a la espera de acontecimientos. Nada, no sucedió nada. Nos miramos; Dani nos hizo señas con la mano, indicándonos que fuéramos pacientes. Claro, pensé, como si eso fuera fácil. La pantalla seguía igual, el tiempo se había paralizado, pero, a los pocos segundos, vimos que desde el monitor aparecían unas manos aplaudiendo.

—Muy bien…Sabía que no me defraudarías al principio —Sonó la voz—. Me hubiera cabreado mucho, la verdad. Pasemos al siguiente acertijo. Piensa que de cada vez se complica más, pero confío en tu inteligencia…Jaja jaja —Comenzaba a odiar esa tenebrosa carcajada—. Otro cuadro apareció en pantalla.

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El mortífero reloj, como lo bauticé dada su forma, volvió a ponerse en funcionamiento y Dani miró fijamente la pantalla. Marina y yo teníamos la boca sellada, como si nos hubieran colocado un precinto en los labios. Pero, de repente, el silencio que ambientaba la oficina se rompió y se oyeron unas voces que provenían del pasillo: Elena.

—¡Estela! ¡Marina! ¿Estáis ahí? No sé qué pasa, no puedo abrir la puerta. ¿Pasa algo?  —Naturalmente, no respondimos. Nuestro secuestrador cibernético nos tenía a merced de su voluntad. Pero, Elena, siguió insistiendo —. ¿Pero queréis hacer el favor de dejarme entrar?

Oímos unos golpes y un grito desgarrador de Elena; luego, otra vez reinó el silencio.

—Hala. A grandes males, grandes remedios. —Pobre, Elena, pensé. ¿Qué le habrá hecho este animal?—. Espero, Dani, que esta inoportuna interrupción no te haya distraído.  Veo que has perdido la voz. Así me gusta, eso significa que estás concentrado.

En efecto, no articulaba palabra; solo miraba la pantalla, contemplando el acertijo y buscando, imagino, una posible solución que fuera la correcta. De repente, escribió:

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Volvió a enviar la respuesta y nos quedamos de nuevo esperando. Me pregunté de cuántos acertijos constaba esa broma de mal gusto; “la voz” no había manifestado nada al respecto. También me puse a pensar en sus amenazas y me dije: ¿y si todo esto no era más que un farol? ¿Y si se estaba riendo a costa de nuestro miedo? Bueno, Marina y yo estábamos presas del pavor. Creo que, Dani, aunque estuviera asustado, no podía permitirse esos lujos.

Las manos aplaudiendo volvieron a aparecer y, de nuevo, la sensación de alivio nos embargó. Sin mediar palabra, apareció la tercera incógnita a despejar. ¡Madre mía!, pensé cuando la vi, ¡menudo trabalenguas!

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Esos símbolos imaginé que serían una especie de códigos utilizados en la jerga informática. No desde luego a nivel usuario, claro está. Yo uso el ordenador con bastante frecuencia y no sabía qué podía significar todo aquello. Las ecuaciones que iban apareciendo y a las que Dani debía enfrentarse eran de cada vez más difíciles y, por si eso no bastara, más largas. Por fortuna, no tuvo percances en ninguna; hasta que llegó la séptima adivinanza, que tuvo que dar una segunda respuesta. El modo de decir que la primera opción fue un error, no lo olvidaríamos nunca y, supimos a ciencia cierta, por si nos quedaban dudas, que aquello iba muy en serio. Después de que Dani escribiera lo que le pareció era la respuesta, y, después de permanecer en vilo unos segundos, aparecieron unas manos que salieron del monitor y lo agarraron por el cuello con la intención de estrangularle. Cuando Marina se acercó, las manos volvieron a su lugar, y Dani tosió varias veces.

—Bueno…Supongo que te habrás dado cuenta que te has equivocado…—Me juré a mí misma que si algún día, aunque fuera lejano, podía saber quién era el asqueroso que estaba detrás de  esto, lo mataría. ¡Vamos si lo mataría! ¡Menudos sudores nos estaba haciendo pasar a todos!—.  Venga, no te sulfures, que tienes otra oportunidad. Eso sí, no la desperdicies, eres muy joven para morir, ¿no crees?

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Eso fue lo que Dani escribió. La verdad es que yo no capté ninguna diferencia con lo la respuesta que había dado antes y pensé si aquello no era una especie de signos de rabia por verse superado por alguien que demostraba ser de superior inteligencia.

Esta vez, sí, era correcto, y volvió a embargarnos la tranquilidad. La pantalla se tornó blanca, esperamos un buen rato y así se quedó un buen rato. ¿Y ahora qué pasaba? La tensión se palpaba en el ambiente y cualquiera diría que ese maléfico ser que nos tenía ahí encerrados como rehenes lo sabía. No tuvimos que esperar más, el color blanco se volvió púrpura, y apareció un nuevo galimatías. El más largo hasta el momento y, también, el que nos produjo el mayor pavor: en éste, además de los números y símbolos que habían ido saliendo en los demás acertijos, vimos unos esqueletos que se balanceaban.

—Aquí tienes, este es el último, a ver si consigues dar con él. —Si lo consigue le hago un monumento, me dije. Y de los más grandes—. Para que te des cuenta que no soy tan perverso, en lugar de dos minutos, te daré cinco.

El reloj volvió a ponerse en marcha, esta vez por última vez, y Marina y yo nos mantuvimos a la espera, pendientes de lo que Dani iba a hacer a partir de ese momento.

ESPERO, AMIGOS LECTORES, QUE VOSOTROS ESTÉIS PENDIENTES TAMBIÉN AL DESENLACE DE ESTA HISTORIA.

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