Literatura

La Red Maldita – Uno

La Red Maldita – Uno - Literatura

El mundo de la informática, tan asidua como el pan nuestro de cada día en los tiempos que corren, es como una gran chistera de donde de forma frecuente nos dedicamos a intentar hacer magia y sacar inmensidad de conejos y palomas. Esta historia de ficción está dedicada a uno de sus mejores ilusionistas: mi amigo Dani.

LA RED MALDITA

Eran las ocho y media de la mañana cuando llegué a la oficina; muerta de sueño, la inyección de cafeína que me había tomado en casa aún no surtía efecto. La verdad, teniendo en cuenta el sueño atrasado que acumulaba, éstos tardarían horas en llegar. Así que, como si de un robot se tratara, encendí el ordenador y, cuando la pantalla me lo solicitó, escribí mi contraseña. El mensaje que apareció era de lo más extraño y pensé: ­—Hala, ya estamos otra vez—. Un cuadro situado en mitad del monitor, con letras y símbolos que no lograba descifrar. No quise tocar nada, a ver si resultaba que por hacerme la valiente comenzaba una cuenta atrás y salíamos volando por los aires. Me acordé del archiconocido consejo de prácticamente todos los informáticos, a los cuales en ese sentido podríamos aplicar lo del “nueve de cada diez dentistas…” Pues, lo mismo, nueve de cada diez informáticos me diría: reinicia.  Pero era un mensaje demasiado extraño para arriesgarme y, además, no era mi ordenador, era mi herramienta laboral. Quizás, si del mío se tratara, hubiera seguido tal recurrente consejo, apretado a lo bestia el botón de la torre o, incluso, quién sabe, tirado el equipo al suelo y animándome a emular a Messi dándole patadas.

—¿Alguna de vosotras sabe idiomas, chicas? —pregunté a mis compañeras—. A ver, en concreto: ruso, chino, o tal vez árabe…— ¡Ostras! ¡Con qué idioma estaba escrito esto!—Tengo un problema.

Mis compañeras me miraron con semblante interrogativo, así que les expliqué qué sucedía. Marina me dijo que ella lo único que sabía era inglés y algunas nociones de francés, pero no para lanzar cohetes. Le pedí si podía acercarse; recordando que, en caso de que aquel galimatías fuera árabe, el francés se le parecía en algo. Aunque, la verdad, no lo tenía muy claro.

Se puso a mi espalda y miró, al igual que yo antes, el monitor. Estuvo unos minutos callada, que a mí se me hicieron interminables, y, por fin, rompió su silencio:

—Lo siento, Estela, yo tampoco entiendo nada. —Mi gozo en un pozo—. Pero lo que sí veo son unos símbolos que no admiten discusión ninguna en cuanto a su interpretación, —Marina me dijo estas últimas palabras con una cara de pánico imposible de describir y me asusté. La verdad es que yo no había visto nada raro: códigos ininteligibles, nada más. —, hay dibujos de esqueletos y guadañas.

No pude evitarlo, aquello fue superior a mis fuerzas, y comencé a reírme como una posesa. Desde luego, Marina cuando quería tenía un sentido del humor… ¿Tal vez se debía a sus raíces andaluzas? Aunque, siendo sincera, su rostro lleno de pavor creo que no admitía broma alguna. Visto lo visto, tanto ella como yo tomamos la decisión de forma unánime de marcar la extensión de los técnicos cuanto antes.

—Esto tiene toda la pinta de ser un virus. —Marina me dijo aquello mientras se colocaba bien el pañuelo que llevaba esa mañana alrededor del cuello—. O, peor aún, y esperemos que no sea así, un hacker. Y teniendo en cuenta los símbolos, un hacker muy peligroso.

Un virus no dejaba de ser también muy peligros, pensé. Sin pérdida de tiempo, descolgué el auricular del teléfono y marqué la extensión de informática. Esperé un tono, dos, tres…No, sí, ahora solo faltaba que nadie respondiera. Pero, falsa alarma, después del quinto tono, oí la voz de Dani.

—¿Sí? —Dani contestó con lo que a mí me pareció voz de sueño—. ¿Qué pasa? Es que no me dejáis ni llegar, aún llevo la cazadora puesta.

—Buenos días, eh…—Le dije con voz guasona—Pues, mira, mejor, así no tendrás que ponértela de nuevo. Porque Laura está de vacaciones si no me equivoco, ¿verdad?

—Así es, vuelve pasado mañana. Cualquier problema, Estela, sabes que tienes que llamar a Madrid. Yo ya no soy el técnico.

—Joder, Dani, ¿tú crees que te molestaría si no fuera importante?

—¿Me vas a hacer responder a esa pregunta? Porque saldrías perdiendo.

—¿Qué sucede? —Marina quiso saber el transcurso de la conversación—¿Puede venir o no? ¡Dani! —dijo chillando, para que éste pudiera oírla—, ¡esto es muy serio!

Se cortó la comunicación y, al cabo de cinco minutos, no sé si movido por la obligación o la curiosidad de saber qué diantres sucedía, Dani hizo acto de presencia. No, fuera bromas, mi compañero era de esos que podía quejarse manifestando que unas labores no eran de su competencia, pero al final era de esos: “si tú me dices ven, lo dejo todo”. Vale, igual he exagerado un poco…

—A ver, ¿dónde está el fuego? —Mientras se quitaba la cazadora, yo me levanté del asiento para cedérselo y le hice señas con la cabeza hacia el monitor.

—Aparece un mensaje muy extraño —Le respondió, Marina—. Pero muy extraño. Extraño y, como decirte…

—Será mejor que lo veas tú mismo —dije, echando un capote.

Dani se sentó frente a la pantalla del ordenador y, tanto Marina como yo, muertas por la curiosidad, nos situamos detrás de él. Lo que sucedió a partir de ese momento sí que fue fantasmal. El mensaje cifrado desapareció y, de golpe y porrazo, apareció un rostro que ocupó toda la pantalla. Un rostro desfigurado, sin ojos, lleno de cicatrices por toda la cara, una cara que parecía recién sacada de una de las mejores novelas de Stephen King. Nos quedamos mudos.

—Mira qué bien…—Se oyó una voz que parecía venir del más allá. Pero no, venía de mi ordenador—. Pero si ya tenemos aquí a mi amigo…¿Le apetece jugar conmigo, Sr. Navarro? Seguro que sí…jajaja. —Su risa retumbó en toda la oficina, haciendo temblar hasta los cristales de la puerta y las ventanas—. Anda, ahora que lo pienso, no le queda más remedio que participar en este juego…—Ahora, su carcajada, sonó aún más fuerte. Me dirigí a la puerta con la intención de pedir ayuda, pero, se quedó en eso: en intención. Al poner la mano en el picaporte, una gran sacudida de electricidad me invadió por todo el cuerpo y caí de bruces al suelo.

—¿Estáis bien? —Quiso saber, Dani.

—Sí, sí, tranquilo. Ha sido solo el susto.

—¡No me hagas perder el tiempo! —Gritó la voz—. Si no te importa, he decidido tutearte. Como puedes ver, esto no es ningún juego. Es algo muy serio, y de ti depende que vaya como la seda. El futuro de muchas personas está en tus manos…No pongas esa cara, deberías sentirte orgulloso.

—Esto tiene que ser una broma —Dani levantó la vista y nos miró—, no hay otra explicación posible.

—Pues si el calambrazo y el golpe que me he dado es una broma, menuda gracia.

—A ver, ¿y qué pasa si no colaboro? —Definitivamente, Dani no había dicho eso. ¿O sí lo había dicho?

—¿De verdad quieres comprobarlo? —Habló lo que, alguna vez, había sido mi ordenador—. ¿Seguro que quieres arriesgarte a poner en juego vidas humanas? ¿De personas que, me consta, aprecias?

—¡Está bien! ¿Qué tengo que hacer?

—Buen muchacho… ¿Lo ves como no es tan difícil? —Me pregunté por qué ese ser diabólico había elegido mi ordenador. Si, por lo que deducía, quería divertirse con Dani, lo más lógico era escoger el suyo. Luego recordé que era uno de los mejores informáticos de la ciudad y la respuesta vino a mí ipso facto. Quizás por ello, alguien le estaba poniendo a prueba. ¿Movido por la envidia?—. No perdamos más tiempo, entonces, y atento a todo lo que vaya apareciendo. Te propondré una serie de acertijos que tú tendrás que ir descifrando. Solo te daré dos oportunidades para responder cada uno de ellos. ¿Estás preparado? Ah, importante, dile a “tus amiguitas” que se mantengan como estatuas si no quieren que me cabree.

Nos miró con aire suplicante y, sin mediar palabra, tanto Marina como yo le dijimos que estuviera tranquilo: no pensábamos mover ni un músculo y nos mantendríamos más calladas que Belinda.

Unos segundos después, la pantalla se volvió gris y apareció la primera adivinanza a la que Dani se debía enfrentar: ¿lo conseguiría?

 

 

 

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

4.82 - 11 votos
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

unaesteladerelatos

Deja un comentario