Sociedad

La Regulación Del Negocio Sexual En El Perú



La Regulación Del Negocio Sexual En El Perú - Sociedad

No en vano se dice que uno de los trabajos más antiguos es la prostitución. La sexualidad y el deseo sexual es una de nuestras necesidades más primitivas, y en una sociedad donde, de distintas maneras, cualquier cosa que tenga que ver con la sexualidad del ser humano es estigmatizada, la
satisfacción sexual se volvió un lucrativo negocio a oscuras que produce suficientes billetes como para que el estado no se preocupe por quienes no salen beneficiados.

Dejemos clara una cosa: la prostitución en sí es una profesión. Se dice por profesión: “Actividad habitual de una persona, generalmente para la que se ha preparado, que, al ejercerla, recibe una remuneración.” Así mismo, la prostitución no es lo mismo que la trata de personas con fines de
explotación sexual, pero sí está tan íntimamente ligada, que hoy en día no sería posible erradicar la trata con fines de explotación sexual sin erradicar también la prostitución.

El conflicto social que quiero tratar en este trabajo no es de la moralidad o valores que se dice que faltan en quienes ejercen o cobran por servicios sexuales, sino de la explotación sexual y laboral, y de la red de trata alrededor de este negocio, que cuenta aproximadamente con casi 21 millones de
víctimas según la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Y, principalmente, quiero tratar los distintos modelos de regulación de la prostitución que se han presentado y cuál deberíamos imponer en el Perú para solucionar la problemática que envuelve la prostitución si, gracias a la información que daré más adelante, el actual modelo de regulación del Perú está obsoleto.

Antes de continuar, existen cuatro modelos de regulación de la prostitución —sin contar el de países
como España o Italia, en los que la prostitución es un vacío alegal—, de los que deberías estar informado:

a) Prohibicionista: es una regulación absoluta: aquí se castiga tanto a proxenetas y clientes
como a prostitutas. (Ningún país afirma ser totalmente prohibicionista).

b) Reglamentarista: en donde la prostitución se considera inevitable y se le pone normas
únicamente a las putas, tales como control de ETS obligatorio o prohibir que ejerzan en
ciertas zonas. (Perú)

c) Legalizador: aprueba el comercio del sexo siempre que sea voluntario. A las prostitutas
voluntarias se les dan derechos y obligaciones laborales, mientras que a las involuntarias,
protección y auxilio. (Holanda, Alemania y Uruguay)

d) Abolicionista: las prostitutas se consideran víctimas de la sociedad patriarcal en todos sus
casos, pero se permite su práctica y se intenta protegerlas. En este modelo, el delito lo han
cometido los proxenetas y los clientes. (Suecia, Francia, y Argentina)

 

Un Modelo Reglamentarista: Regulación parcial, el negocio más lucrativo del gobierno.

Para corregir el presente, no hay ejemplo más claro que la historia, por lo que éste es el punto del
que vamos a partir para encontrar un modelo de regulación adecuado para nuestro país.

La historia de la prostitución en el Perú se reconoce desde el Imperio de los Incas, donde las mujeres
que ejercían la prostitución eran llamadas papaganas. Debido a la pobreza, la desigualdad social, y
el valor que se le puso al papel de la mujer en la sociedad —procrear, cuidar y satisfacer—, algunas
mujeres ofrecían sus servicios sexuales a cambio de dinero, comida, o algún bien material. Esta
práctica las llevaba a la marginación social, pero claramente, les daba algo de lo que vivir. Con la
llegada de los españoles, la población y por lo tanto, la demanda del negocio, se incrementaron. Se
puede especular que aquí empezó la prostitución forzada en el Perú. Las mujeres eran profanadas
y violadas continuamente ejerciendo de prostitutas y, dado que la sociedad las juzgaba por el uso
que le daban a su sexualidad, eran excluidas y llevaban una vida en condiciones lamentables.

Entonces, los españoles conquistaron el Perú y la sociedad colonial que implementaron trajo como
consecuencia la prostitución urbana. El Virrey Toledo estableció los principales burdeles en Lima, en
la calle Las Barraganas, haciendo referencia a una barragana, “una mujer que convive con un
hombre sin estar casada con él”. Mientras duró la República, el negocio se arrinconó a la orilla del Río
Rímac, y durante el gobierno de Augusto Leguía, las prostitutas solían situarse frente al Palacio de
Gobierno, lo que instó a Leguía a legislar el tema. Designó a un obispo, el Monseñor Ricardo Dávalos,
quien censó a 120 prostitutas y estableció el documento original de las Licencias Especiales. La cantidad de prostitutas era excesivamente reducida en comparación con otros países de Sudamérica, pero de repente, en menos de una década, después de la guerra con Chile (1914-1915), la cifra aumentó considerablemente en 588 prostitutas censadas.

El negocio de la prostitución se expandió en grandes proporciones. Quienes estaban a cargo del censo del negocio reconocieron que existía la prostitución clandestina, no censada.

En 1935, la Liga Nacional de Higiene y Profilaxia tomó posturas a favor del abolicionismo y en contra de la reglamentación de la prostitución.

En 1936, se fundó el Comité Abolicionista Peruano.

En 1949, la Asamblea General de las Naciones Unidas invitó a los países a tomar medidas legislativas abolicionistas respecto al negocio de la prostitución.

En 1956, el Ministerio de Salud del Perú dictó normas de inspección y carnetización de prostitutas, que implicaba un control sanitario de cada una de ellas cada 15 días.

En 1957, diecinueve países aprobaron lo dicho por la Asamblea General de la ONU, pero el Perú se quedó con el régimen reglamentarista y aprobó la modificación de Licencias Especiales de Policía, considerando la prostitución en el reglamento.

En 1967 se reunió una comisión para estudiar el problema. En base al estudio, se plantearon recomendaciones como disponer medidas para prevenir la prostitución y asegurar la recuperación de quienes han recurrido a ella. Se reconoció la amplia presencia de menores en el negocio sexual, las diferencias sociales que se imponen a la mujer que ejerce la prostitución y al hombre que la prostituye, y pusieron un gran énfasis en la alta demanda del negocio.

En 1993 se establecieron multas y sanciones a los prostíbulos sin licencia.

A finales de la década del 90, se calculó que aproximadamente 12.000 personas habían ofrecido sus servicios sexuales sólo en el Centro Histórico de Lima, de las cuales el 20% eran menores de entre 13 y 17 años. Únicamente en Lima, se calculó que 75.000 personas se habían dedicado a la prostitución, pero nunca fue una cifra exacta. Paralelamente, desde 1992, los negocios que van de la mano con la prostitución, como los hostales, cines pornográficos, o discotecas habían crecido. Los medios de comunicación, como siempre, también jugaron un papel importante en este incremento de demanda en el negocio, promocionando y ofreciendo servicios de mujeres, niñas, niños, y adolescentes. Así es como el negocio de la prostitución se ha convertido en uno de los más lucrativos del Perú, centrándose en la capital de Lima y poco a poco adquiriendo importancia en regiones como Madre de Dios, Cusco, Tarapoto, Piura, y Huancayo. No excluyo a los hombres del negocio de la prostitución, pero cabe resaltar que la mayoría de los hombres que entran a la prostitución, lo hacen por decisión personal y a menudo, temporalmente, por lo que no son oprimidos en masa por ninguna red de trata, lo que sí sucede con mujeres nativas del Perú o inmigrantes, niñas, niños, y adolescentes, (1) que han sido, en su mayoría, metidos a ese oscuro mundo contra su voluntad, sin sueldo ni retribución más que un techo, comida y ropa para vivir en condiciones medianamente dignas, y ni siquiera eso, o (2) que han entrado voluntariamente porque han sentido que no ha habido otra opción, ósea, mayormente obligados por razones económicas. Estamos hablando de seres humanos violados y profanados en masa y todo un país haciendo oídos sordos. Francamente, estamos hablando de personas comprando personas: toda una red de hombres vendiendo mujeres a hombres. Proxenetas, esclavas, y burgueses.

En resumen, el Perú ha regulado parcialmente la prostitución y se ha llenado los bolsillos: ha apostado por el lucrativo negocio sexual al quedarse en esta postura regulacionista a pesar de que en ningún momento se ha regulado nada (en vista de que hasta el día de hoy no podemos censar correctamente ni a las prostitutas ni a los burdeles y cualquier intento para controlar la sanidad de las prostitutas no ha sido óptimo), y el negocio ha seguido creciendo en nuestro país sin ningún control, propiciando delitos como la trata de personas, la explotación sexual, y la corrupción de
menores.

De nuevo, para corregir el presente, no hay ejemplo más claro que la propia historia. Por eso, me veo obligada a decir que el reglamentarismo sobre la prostitución no ha hecho ni hará ningún cambio, y que deberíamos descartarlo y reemplazarlo lo más pronto posible si queremos que el Perú
avance como sociedad.

 

Un Modelo Legalizador:  El gobierno mira únicamente por la clase privilegiada.

Este sistema se suele usar en países que consideran que la prostitución y todo lo que conlleva es un mal inevitable, y, por lo tanto, prefieren legalizar el negocio sexual consensuado y mantenerlo a la luz, afirmando que la prostitución es un negocio tan simple como cualquier otro y es una elección
propia.

Sobre este modelo, está estadísticamente comprobado que:

  1. Conceder licencias a los prostíbulos no reduce el tráfico sexual; en cambio, la expande al verse reducido el estigma social.
  2. En los países que legalizan la prostitución, la trata en sus fronteras aumenta considerablemente.
  3. La legalización de los prostíbulos implica el apoyo legal a los proxenetas y a los traficantes (los abusadores), y dejar por su cuenta a las víctimas.
  4. En Alemania la legalización “no ha aportado ninguna mejora efectiva medible en la cobertura social de las prostitutas”, mientras que en Holanda, el 95% de las prostitutas afirman tener más derechos laborales.
  5. La mayoría de las prostitutas afirmanque les gustaría dejar la industria, pero que su situación económica no lo permite. Esto significa que el estado está legalizando y facilitando un trabajo en el que el 80% de trabajadoras son violadas y agredidas física y sexualmente, en
    vez de ofrecerles la salida de ese mundo que merecen en su condición de seres humanos.
  6. No asegura la salud de las prostitutas.
  7. No aumenta la posibilidad de elección de entrar o no al negocio sexual.
  8. Aunque el negocio sexual legalizado debe ser siempre voluntario, en países legalizadores como Holanda, Alemania y Uruguay, entre el 75 y 80% de las prostitutas siguen siendo inmigrantes retenidas y obligadas a ejercer la prostitución contra su voluntad, y la explotación sexual con menores de edad sigue llevando un porcentaje considerable.
  9. Cuando se legaliza la prostitución en un país, el negocio suele dispararse: el tráfico aumenta y se baja los sueldos a las prostitutas, que se ven obligadas a aceptar condiciones aún menos favorables para subsistir.

Es una burla hablar de la prostitución como una profesión cualquiera, como el derecho a decidir cómo quieren las mujeres usar su sexualidad, porque, sencillamente, no lo es. Cerca del 80% de las personas que ejercen la prostitución no han tenido voz alguna, y las que han tenido elección lo han hecho siempre como última opción. Legalizar el negocio sexual por la minoría de quienes eligen ser prostitutas sólo legitimará la esclavización sexual, que es lo que buscamos evitar a toda costa. La legalización del negocio sexual mira por la minoría de mujeres que han escogido, de una u otra
manera, ser prostitutas, más no por la mayoría: mujeres caminando a tientas en la oscuridad con una ínfima cantidad de tela sobre el cuerpo y menores de edad encerrados en una habitación a la espera de un ignorante que los compre a $150 la hora. Como sociedad, los seres humanos estamos muy bien acostumbrados a mirar por la clase privilegiada, que tiene beneficios de sobra, y olvidarnos
de la clase baja: la que más necesita nuestro apoyo.

 

Un Modelo Prohibicionista: «Mantén cerca a tus amigos, y a tus enemigos más cerca aún».

El prohibicionismo prohíbe cualquier negocio sexual y su ley ejerce de manera absoluta: castiga tanto a las prostitutas como a los proxenetas y clientes.

El prohibicionismo no mejora la calidad de vida de las prostitutas, ni asegura la sanidad de los negocios sexuales, y, aunque la imposición de leyes parece reducir la actividad del negocio, sigue lucrándose clandestinamente.

Este modelo está basado en el pensamiento obsoleto de “yo impongo, tú obedeces”, y empeora la situación en todos los sentidos. No beneficia a las víctimas de la prostitución ni de la trata, ni ayuda al estado a erradicar el negocio sexual. Las prostitutas no cuentan con una entidad a la que acudir
si les sucede algo, porque ser lo que fueron obligadas a ser es ilegal. El prohibicionismo no ofrece alternativas a las prostitutas que no tienen más opción que prostituirse para subsistir, por lo que siguen ofreciendo sus servicios. Si hay servicio, hay demanda, y si hay demanda, hay negocio. Al
final, lo único que consigue el estado es perder todo tipo de control sobre la situación: no puede hacer controles de sanidad ni vigilar la explotación sexual y laboral. En resumen, el prohibicionismo tiene unas cuantas consecuencias negativas y ningún aspecto
positivo.

 

Un Modelo Abolicionista: Cuando el estado es el refugio de las víctimas, es entonces cuando sabes que es lo que debe ser.

El abolicionismo es un modelo totalmente diferente a los tres mencionados anteriormente, que vela problemática desde otro punto de vista: considera a las prostitutas víctimas y las intenta proteger bajo un sistema sencillo: sabiendo que si prohíben la práctica a las prostitutas, ellas van a seguir ahí por necesidad pero totalmente solas en la clandestinidad, lo que han criminalizado es la intervención de los proxenetas y a los clientes, que, a diferencia de las prostitutas, siempre pueden optar por otro estilo de vida.

Tenemos como modelo principal a Suecia, que ha sido un éxito y ha impulsado países como Noruega, Islandia, Canadá, Corea del Sur, Irlanda del Sur, y Francia a adoptar la abolición del negocio sexual. Desde 1999, ha conseguido reducir el número de mujeres prostituidas y consumidores a casi
la mitad, y ha reducido considerablemente la trata de mujeres y menores de edad extranjeras en sus fronteras, que es mucho más de lo que ha logrado cualquier otro modelo de regulación. 6.000 personas todas hombres excepto en contadas ocasiones han sido detenidos por comprar sexo o intentarlo. Antes de imponer el abolicionismo, en las calles de Suecia solían haber 600 mujeres vendiendo servicios sexuales; ahora son menos de 10. Ésta es la cara positiva.

Al otro lado de la moneda, la prostitución clandestina sigue por ahí y pone en una situación aún más vulnerable a quienes la ejercen. El abolicionismo obliga a las prostitutas a buscar trabajo en las calles, en las afueras de las ciudades, donde es más probable que policía no detenga a sus clientes pero tampoco las pueda ayudar a ellas.

A pesar de eso, es innegable que el abolicionismo ha creado un refugio funcional para las víctimas del negocio sexual, todo lo necesario para que huyan de los prostíbulos cuando sean capaces. Creo fielmente —y las estadísticas de prostitución y trata con fines sexuales en Suecia desde 1999 hasta ahora están asegurándolo— que con el tiempo, la prostitución quedará reducida
a 1 en los países abolicionistas.

 

¿Sabemos quién es el abusador y quién es la víctima? Las prostitutas voluntarias venden su sexualidad para sobrevivir; las prostitutas involuntarias son arrancadas de su realidad y explotadas sexual y laboralmente. En cualquier caso, creo que hablamos de víctimas de la sociedad patriarcal, donde el hombre paga por su dominación sexual aprovechándose de la situación vulnerable de la mujer prostituta. Las prostitutas no están ejerciendo su libertad sexual, están sobreviviendo a base de su esclavización sexual. Volteando la mirada a la historia, a la esclavización de las personas de raza negra, solemos tener muy claro quiénes eran las víctimas y quiénes los abusadores. Situamos tres personajes: el esclavo, el comerciante, y el burgués. El comerciante toma como suya una persona negra, va al mercado, le pone un precio, y el burgués lo compra. Predicamos que, por suerte, opresiones de ese nivel ya no tienen lugar, y, sin embargo, en pleno 2018, países adoptando modelos regulacionistas o legalizadores permiten que un proxeneta ponga a la venta un servicio sexual que no le pertenece para que un hombre lo compre, y cuando se enteran de que el 80% de las personas que ofrecen estos servicios sexuales son violadas o agredidas sexual y físicamente, ponen los ojos en blanco y dicen que es parte del trabajo, que es un mal inevitable que conlleva, como si quienes ejercen la prostitución no fueran seres humanos con derechos humanos, como si el 80% de trabajadores sexuales hubiera tenido alguna opción.

Que sí, las prostitutas dicen que la legalización del negocio les da libertades laborales, reconocimiento social, y la posibilidad de darse de baja por enfermedades o de jubilarse, pero, ¿de qué porcentaje estamos hablando? ¿Del que decidió entrar al negocio por decisión propia, o de más del 80% que se saldría sin pensarlo si tuviera una vía segura y garantizada? Los modelos regulacionistas y legalizadores pasan por alto una infinidad de derechos humanos básicos como la libertad, dignidad, seguridad, prohibición de esclavitud y servidumbre, prohibición de torturas y de tratos crueles, inhumanos o degradantes, recursos efectivos ante los tribunales que la amparen contra actos que violen sus derechos fundamentales, prohibición de injerencias en la vida privada y de ataques a su honra o reputación, a circular libremente, a salir de cualquier país y regresar al propio, libertad de opinión y de expresión, libre elección de trabajo con condiciones equitativas y satisfactorias, y a un nivel de vida adecuado con el disfrute de sus derechos civiles y socioeconómicos. ¿Todos estos derechos negados por suponer el negocio sexual un mal inevitable? Es una negligencia de proporciones invaluables.

Las prostitutas son víctimas de denigraciones, agresiones, y abusos diariamente, y el sistema llega y les dice que están arrestadas por prostituirse, haciendo oídos sordos a cómo llegaron ahí, a si lo hicieron  porque las amenazaron, porque ya no había para mantener a sus
hijos, o porque entraron al país drogadas y sin voluntad. Es la peor manera de tratar a una víctima. Es otra negligencia del estado sobre la prostitución. Tratarlas de vagas, de inmorales, de la mancha de la sociedad. Que la entidad que se supone que debe protegerte y defenderte te denigre, que no puedas acudir a la policía ni al servicio social porque te consideran tan culpable de tu propia opresión
como tus opresores.

Anulamos el prohibicionismo y queda el abolicionismo. No puedo negar que las prostitutas están aún más desprotegidas en estados prohibicionistas y abolicionistas, sin embargo, tampoco puedo negar todos los resultados que ha dado la implementación del modelo abolicionista en sus respectivos países, así que, si estuviera en mí decidir qué modelo de regulación implementar en el Perú, definitivamente escogería el abolicionismo, reconociendo quién es el abusador y quién la víctima, y ofreciéndole a la víctima apoyo médico y psicológico, educación para que ejerza una carrera como se debe, y un sustento económico mientras sea indispensable. En resumidas cuentas: una oportunidad de vida mejor.

Sin embargo, esta investigación me ha llevado a entender que todos los modelos de regulación formulados para acabar con el gran negocio sexual son imperfectos: ni la legalización, ni el reglamentarismo, ni el prohibicionismo, ni la abolición acaban con el negocio de esclavización sexual; para acabar con esto, hace falta informar a las generaciones adultas, desconstruir ideas distorsionadas de la sexualidad que han perdurado durante siglos, descosificar y desmercantilizar el cuerpo de la mujer en la sociedad, y educar a las futuras generaciones desde el conocimiento de que comprar actividades sexuales alimenta una red de trata que se extiende por todo el mundo y esclaviza sexualmente a 21 millones de seres humanos.
“La santa ley de Jesucristo gobierna nuestra civilización; pero no la penetra todavía. Se dice
que la esclavitud ha desaparecido de la civilización europea, y es un error. Existe todavía,
sólo que no pesa ya sino sobre la mujer, y se llama prostitución.”
Victor Hugo, Los Miserables.

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Acerca del autor

Jazmin.

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