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La Saga Del Velociraptor

La Saga Del Velociraptor - Ciencia

Velociraptor. Todo el mundo sabe qué es. O quizá sea mejor decir que todo el mundo cree saber qué es. Éste año se estrenó Jurassic World: Fallen Kingdom, la quinta película de la saga “Jurassic Park”, responsable por convertir al Velociraptor en un nombre famoso internacionalmente. Parece increíble ahora, pero hubo una época en que solo los paleontólogos y los fanáticos más obsesos de los dinosaurios sabían lo que era un Velociraptor. No fue sino hasta la década de 1990 que el animal saltó a la fama y se convirtió en un elemento imperecedero de la cultura popular moderna.

Hagamos un poco de historia.

El primer esqueleto fósil de Velociraptor fue descubierto en el desierto de Gobi, Mongolia, en 1923. Consistía en el cráneo medio aplastado y las garras de un pequeño dinosaurio carnívoro, de un tipo nunca antes visto por científicos. Como se le encontró cerca de nidos fosilizados de otro dinosaurio, se asumió que se dedicaba a robar los huevos y las crías de éste, y se le bautizó “Velociraptor”, que quiere decir “ladrón veloz” (de hecho, un sinónimo de Velociraptor es “Ovoraptor”, aunque afortunadamente ya no es usado en la literatura científica, porque se parece demasiado a “Oviraptor”, un animal completamente distinto al que también se acusó de saquear nidos en su momento).

Con el tiempo se descubrirían más especimenes de Velociraptor, todos ellos en Mongolia y China. Los científicos estimaron su antiguedad en unos 75 a 70 millones de años, es decir, habría vivido en el período Cretácico, la edad de oro de los dinosaurios. Aunque no existe ninguna razón por la cual el Velociraptor no hubiera saqueado los nidos de otros animales de haber tenido la oportunidad- después de todo muchos depredadores actuales roban nidos, desde los varanos hasta los alimoches, los mapaches y por supuesto, los humanos-, basta una rápida mirada al cráneo del Velociraptor para saber que no era un especialista en sorber la clara y la yema. Sus mandíbulas, estrechas y ligeramente vueltas hacia arriba, recuerdan un poco a las de una barracuda, erizadas de dientes curvos y afilados con bordes serrados como cuchillos para carne. Por si eso no fuese suficiente prueba de que se trataba de un depredador, existe un espectacular fósil que preserva a un Velociraptor y un Protoceratops (herbívoro lejanamente emparentado con el Triceratops), enzarzados en batalla mortal- el Protoceratops tiene el brazo del Velociraptor atrapado en su fuerte pico, mientras que el carnívoro le hunde una de sus grandes garras curvas del pie en la garganta; prueba literalmente escrita en piedra de que Velociraptor estaba bien equipado para cazar y matar a otros dinosaurios para alimentarse- aunque desde luego, en éste caso, resulta imposible saber quién atacó primero.

Aunque conocido desde la década de 1920- el fósil de los dinosaurios en batalla fue encontrado en 1971-, Velociraptor siguió siendo relativamente poco conocido durante largo tiempo. Poco a poco parientes suyos fueron apareciendo en diversos sitios fósiles alrededor del mundo. En los años 60s, un paleontólogo de la Universidad de Yale, llamado John Ostrom, realizó una expedición a Montana, donde descubrió restos fósiles de un pariente más grande y antiguo de Velociraptor. Ostrom se dio cuenta de que éste nuevo dinosaurio era muy distinto a la imagen que en aquel entonces se tenía de éstos reptiles. No era pesado, torpe y morador de los pantanos, sino un animal rápido, ágil y peligroso, y seguramente un depredador activo. Prueba de ello eran sus mandíbulas- más robustas y profundas que las del Velociraptor-, y sobre todo, las dos garras curvas en los pies, retráctiles como las de los gatos, de modo que podía mantenerlas levantadas sin que tocaran el suelo, con el resultado de que nunca se desgastaban y siempre estaban perfectamente afiladas.
El asunto era, razonó Ostrom, que como éstas garras super desarrolladas- evidentemente armas letales- se encontraban en los pies y no en las manos, el animal habría tenido que ser capaz de saltar en el aire para usarlas, o al menos, de pararse en un solo pie mientras pateaba con el otro. Para ello habría necesitado un sentido del equilibrio muy desarrollado y un metabolismo alto, de sangre caliente, como los mamíferos o las aves. Ningún reptil de sangre fría habría sido capaz de tan compleja y exigente actividad física.

Ostrom bautizó a éste nuevo dinosaurio como “Deinonychus”, que significa “garra terrible”. Deinonychus fue el dinosaurio que inspiró el llamado Renacimiento de los dinosaurios. Desde ese momento los paleontólogos dejaron de ver a éstos animales como lentos y poco inteligentes. Las representaciones modernas de dinosaurios- como criaturas complejas en su comportamiento, inteligentes y diabólicamente veloces- le deben casi todo a Deinonychus, a John Ostrom, y a su discípulo Robert Bakker, quien dibujó el primer Deinonychus en acción- una imagen no muy diferente a la del Velociraptor de “Jurassic World”, y que es la que ilustra el presente artículo.

Avancemos unos cuantos años. Michael Crichton, escritor estadounidense famoso por sus novelas de ciencia ficción- tales como “La Amenaza de Andrómeda”, que trataba de patógenos extraterrestres-, contactó a John Ostrom para informarse sobre lo que Deinonychus podía y no podía hacer. ¿La razón? Planeaba dar al animal un papel en su nueva novela, que trataba de dinosaurios resucitados por medio de ingeniería genética, que aterrorizaban a un grupo de gente en una isla remota.
Más tarde, Ostrom recordaría haber conversado largamente con Crichton. En medio de la conversación, mencionó que el pariente más cercano conocido de Deinonychus era Velociraptor. De hecho, por aquellos años, existía cierto debate entre los paleontólogos sobre si Deinonychus ameritaba ser clasificado en su propio género, o si debía ser considerado una especie temprana de Velociraptor.
Crichton tomó nota de ésto, pensando que “Velociraptor” sonaba más intimidante que “Deinonychus”. ¡Quién sabe qué pensaría Ostrom de ésto, considerando que él mismo había bautizado a éste último!

En 1990, Crichton publicó “Jurassic Park” (Parque Jurásico), y la novela rápidamente se convirtió en un best-seller. No tardó en ser llevada al cine por Steven Spielberg (a quien Crichton había prometido los derechos aún antes de que el libro estuviera listo). La película- estrenada en 1993- incorporaba las últimas ideas del Renacimiento de los dinosaurios; en vez de las criaturas limítrofes, lagartoides y de sangre fría de King Kong (1933), Jurassic Park mostraba dinosaurios inteligentes, veloces y activos, parecidos a las aves y a los mamíferos.
El Tyrannosaurus rex, ya para entonces veterano del cine, ganó aún más popularidad desde entonces… pero la gran revelación fue el Velociraptor, que por novedoso- y por ser representado como un animal sumamente astuto, capaz de cazar en grupos coordinados y de emboscar fácilmente incluso a los humanos más cautelosos-, causó pesadillas a más de uno después del estreno.

Sólo que el Velociraptor de la película no era tal, sino Deinonychus, usando el nombre de su primo asiático como seudónimo.

En efecto, una de las primeras escenas de la película nos muestra a un grupo de paleontólogos desenterrando el esqueleto de un “Velociraptor” en plenas tierras yermas de Montana, que es donde se encuentran los fósiles de Deinonychus. Para encontrar un verdadero Velociraptor, el doctor Alan Grant habría tenido que viajar al desierto de Gobi, cosa que probablemente hubiera elevado un poquitín el presupuesto del filme.

Cuando finalmente aparecen en pantalla, los “raptores” de Jurassic Park son del tamaño de un gran Deinonychus; unos tres a cuatro metros de longitud y de sesenta a cien kilogramos de peso, mientras que un Velociraptor auténtico habría medido dos metros cuando mucho, y pesado entre quince y veinte kilos, es decir, apenas del tamaño de un coyote moderno.

El resultado es que hoy, casi todo el mundo cree saber cómo es un Velociraptor, cuando en realidad, lo que se imaginan es un Deinonychus tal como los paleontólogos los imaginaban en los años 90s.
Hoy en día la cosa es aún más complicada, porque gracias a descubrimientos de dinosaurios emparentados en China, se cree que tanto Velociraptor como Deinonychus pudieron haber estado cubiertos de plumaje, habiendo tenido más en común con enormes aves de presa con dientes filosos que con gigantescos lagartos erectos.

De una forma u otra, éstos dinosaurios se han arraigado en nuestra imaginación. Aunque nadie hablaba de ellos antes de 1990, ahora nos es difícil imaginar el mundo de los dinosaurios sin “raptores” (o “dromeosaurios”, como se les llama científicamente), y cada vez que una nueva especie de ellos se descubre en alguna parte del mundo, se convierte en noticia internacional, con invariable referencia a las estrellas de Parque Jurásico.

Quizá la coincidencia más curiosa de la historia es que, justo mientras Spielberg rodaba la película a principios de los noventas, paleontólogos en Utah descubrieron los restos de un “raptor” aún más grande queDeinonychus- el Utahraptor, al que se calculan entre cinco y siete metros de longitud y un peso de casi una tonelada. Prueba de que la realidad, como suele decirse, es más asombrosa- y más aterradora- que la ficción.

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Acerca del autor

Eraldo Pendragon

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