Sociedad

La soledad en España, colectivos afectados y sus consecuencias.

La soledad en España, colectivos afectados y sus consecuencias. - Sociedad

 

Todos hemos sentido soledad alguna vez o hemos querido estarlo. Este estado psicológico puede sernos útil muchas veces, ya sea para relajarse o poder reflexionar sobre nosotros mismo. Pero, al igual que la luna, la soledad también tiene una cara oscura, una faceta muy peligrosa si no se detecta o controla.

La soledad, desde el punto de vista psicológico, es la ausencia de relaciones interpersonales satisfactorias. Se pueden distinguir dos tipos: la soledad objetiva, estado en el que el individuo decide estar solo y no suele sentirse aislado socialmente, y la soledad subjetiva, un sentimiento impuesto, donde la persona se siente sola a pesar de convivir con otras personas.

El término ‘’soledad’’, surgido en el siglo XIII, no sólo evocaba tristeza, pérdida o sufrimiento, sino también disfrute y satisfacción personal para aquellos que la asumieran. A pesar de ello, la soledad se ha ido asociando con el aislamiento y pérdida del sentido de la vida. A partir de la década de los cincuenta, empezó a expandirse el interés sobre este estado psicológico y en los ochenta se convirtió en un tema de investigación.

La soledad puede verse influenciada por una gran variedad de factores. La edad, género, estado civil, nivel de salud, situación económica o capacidad de la renta, diferentes momentos vitales, el medio en el que el individuo se desarrolla o las minorías sociales son algunos de los factores fundamentales que afectan a la soledad de una persona, aumentando o reduciendo su sensación. Por otra parte, hay una serie de elementos que, aparte de incidir en ella, también han contribuido a extenderla entre la población a mayor velocidad. Algunos ejemplos son una sociedad individualizada y menos solidaria, el auge de las redes sociales-principales causantes de crear unas relaciones menos intensas y profundas que las relaciones personales-, elementos sociodemográficos, como la desprotección familiar, enviudedad… y el aumento de esperanza de vida.

La soledad, como se ha mencionado anteriormente, puede afectarnos a todos pero hay que prestar atención a una serie de colectivos donde ha reincidido más en estos últimos tiempos.

  • Personas mayores. Este colectivo es uno de los más vulnerables. El crecimiento que ha experimentado este colectivo por el aumento de la esperanza de vida, las dificultades de movilidad, la pérdida de la pareja y el sentimiento de exclusividad debido a la indiferencia o falta de apoyo por parte de la sociedad han contribuido al auge de la soledad entre este sector de la población.
  • Mujeres. Padecen más sensación debido al tradicional rol social, la edad avanzada o el maltrato, que conduce a un estado de miedo, vergüenza e incomprensión del entorno.
  • Inmigrantes. Sus dificultades sociales, económicas, religiosas o culturales (entre otros) les produce una sensación de desamparo. Su frágil situación les conduce a sufrir una doble soledad, basada en la nostalgia que sienten por su país de origen y el aislamiento que sufren frente a la sociedad del país receptor.
  • Personas con algún tipo de discapacidad. Su limitación de capacidades afecta a sus relaciones sociales y son objetivo de un trato más desigual. La situación empeora cuando la enfermedad es congénita, es decir, que se ha adquirido en un determinado momento de su vida; por ejemplo, psicosis, depresión, bipolaridad…
  • Cuidadores de personas o familiares dependientes. Su extenso tiempo de trabajo les impide poder dedicar menos tiempo a las relaciones y su poca retribución económica empeora su carga emocional, como el estrés.
  • Personas en situación de pobreza. Desasistidos y desprotegidos por el Estado, su soledad se basa en la dificultad de no poder cubrir sus necesidades básicas y en no poder disfrutar de los mismos derechos que el resto.
  • Personas sin hogar. Carecen de una red de apoyo social o familiar.
  • Niños. Su soledad se sustenta en la falta de atención de sus padres, que suele ser debido a los desajustes en los horarios de trabajo, o el no pertenecer a ningún grupo social.
  • Personas entregadas al trabajo o que viven en la drogadicción.

Este sentimiento, como se ha podido comprobar, está muy arraigado en la sociedad y, si ha llegado a convertirse en un tema de investigación, es porque sus consecuencias son devastadoras y no deben ignorarse. La soledad puede afectar al individuo de muchas maneras.

  • Desde el punto de vista psicológico, la soledad no deseada destruye al individuo. Tristeza, miedo, vacío, dolor, frustración, infelicidad, impotencia, desmotivación, inquietud y falta de autoestima son muchos de los ‘’síntomas’’ que se puede llegar a padecer una persona. Esto resultará en el condicionamiento de su comportamiento, rendimiento y desarrollo de sus capacidades.
  • Desde el punto de vista físico se pueden derivar ciertas enfermedades, como diabetes, cáncer…
  • Desde el punto de vista social la soledad afecta de distintas maneras; por ejemplo, una persona mayor será más propensa a sufrir abatimiento, tristeza o falta de afectividad, mientras que un joven tendería a sufrir frustración o insatisfacción. La realidad social de esa persona también se ve afectada al considerarse inútil y una carga para todos. Siente que no es dueña de sus decisiones y tiende a sentir fracaso personal. Todos estos aspectos pueden llegar a causar segregación social en la propia población.
  • Desde el punto de vista económico. La soledad supone empobrecimiento ya que las personas solitarias tienden a participar económicamente menos.

La ausencia de vivir en sociedad y el no poder hablar, compartir con los demás, tener relaciones satisfactorias, etc, puede desembocar en la pérdida del sentido de la vida, el alcoholismo, la drogadicción y el suicidio en casos extremos. Los casos de soledad aguda pueden llegar a generar enfermedades mentales, como estados depresivos de larga duración, desestabilización y deterioro personal. Actualmente se suicidan entre 3600 y 3700 personas al año en España o, más específicamente, 10 muertes por día. No creo que a estas alturas haga falta remarcar cuál es una de las principales causas de estos suicidios.

Los científicos apuntan a que el desconocimiento sobre la soledad hace que no se reflexione ni se cuestione una atención más seria y especializada con respecto a ella.

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Acerca del autor

curiosity

1 comentario

  • Hola amigo. Soy un hombre de 50 años, nunca me casé, mis padres ya murieron y un sobrino, a quien cuidé desde que nació, hace 16 años, se fue, el año pasado, a los Estados Unidos con su madre. Solamente vivo con mi hermano mayor, pues otro hermano, quien hoy tendría 56 años, murió en 1989. A veces he llorado, sin llegar a deprimirme, pensando que me he quedado sólo, porque casi toda mi familia ya murió y nunca me casé, pero, a pesar de mi edad, no pierdo las esperanzas en encontrar a alguien y casarme. A ver que me depara el destino.

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