Sociedad

La trampa de las “salidas profesionales”

La trampa de las “salidas profesionales” - Sociedad

Cuando yo estudiaba en el instituto, algo en lo que todos nos insistían muchísimo era en la importancia de elegir una carrera que tuviese “muchas salidas”. Salidas profesionales, se entiende.
Los profesores, los padres, los adultos en general, te decían esto, y se quedaban tan anchos. Ya estaba. Ya te habían dado “el gran consejo”, la panacea de la información, que te iba a llevar a ese futuro soñado, donde tendrías un cómodo trabajo, con horario de lunes a viernes, hasta la hora de comer, en una preciosa oficina con vistas, y un sueldazo que te iba a permitir tener una segunda residencia en la playa, y un cochazo enorme para pasear a toda la familia los domingos.

Muchos alumnos hacían caso a esta máxima, claro. Lo importante era “tener salidas”, así que se ponían a leer guías, a preguntar a gente que ya había cursado esas carreras tan populares, a consultar notas de corte, y elegían así, pensando en ese brillante futuro laboral, cuajado de éxitos.

Ya en la Universidad, y sin el aliciente del “me gusta”, se ponían a estudiar como locos unas asignaturas que detestaban, que no comprendían, pero que eran las que había que superar, para ser esos grandes médicos, abogados, ingenieros…Algunos —muchos— iban quedando por el camino. De aquellas aulas de quinientos alumnos en primero, se pasaba a menos de la mitad en segundo, y disminuyendo con los años.

A día de hoy, me encuentro a muchas de esas personas, que consiguieron sus rimbombantes títulos, y hasta hicieron algún máster, algún posgrado, completamente frustrados, avinagrados, en puestos laborales para los que están sobrecualificados, y en los que les pagan una birria. Y esto, los afortunados, que otros están en casita, con treinta y tantos, sin trabajo ni expectativas de tenerlo…

Ésta es la gran trampa de nuestro tiempo: las falsas expectativas, las engañosas salidas laborales. Nadie nos preparó, nadie nos advirtió que tener una carrera universitaria en el bolsillo no era sinónimo de ninguna clase de prosperidad. Se nos vendió humo, se nos mintió miserablemente, y aquí estamos, tratando de sobrevivir en trabajos que si no fuera por la estricta necesidad no tocaríamos ni con la punta de un palo.

De modo que, si tengo que dar un consejo —si me lo permiten— a las nuevas generaciones, que están a punto de decidir su destino académico, sería el siguiente: haz aquello que te guste, y para lo que te sientas cualificado. Nadie te garantiza que vayas a trabajar de ello, por supuesto, pero al menos, no habrás traicionado tu esencia, y no te habrá resultado tan difícil de llevar.
Se vende el tiempo, se vende el cuerpo, se vende la salud, pero el alma…el alma no se vende jamás (y menos por un mísero plato de lentejas).

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Maria Delgado

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