Literatura

La Transmisión Del Pensamiento



La Transmisión Del Pensamiento - Literatura

La única explicación que podemos dar de los fenómenos de transmisión del
pensamiento radica en la existencia del fluido astral, un fluido que existe en todo el
sistema solar manifestado, pero que no se extiende más allá del mismo.
Se debe tener presente que hay una diferencia entre Akasha y Luz Astral, aunque estos
dos términos hayan sido empleados a menudo como sinónimos. Akasha es un éter
cósmico de calidad muy superior que existe como un eslabón entre uno y otro sistema
solar y es tan infinito como la materia cósmica primordial; es el resultado de la moción
en aquella misma materia cósmica. La Luz Astral no es Akasha. es una forma diferente
de éter cósmico. Es una manifestación de la materia indiferenciada; una clase de materia
mucho más etérea que cualquiera otra conocida por nosotros; posiblemente la
concepción de materia en un estado ultragaseoso -materia radiante- pudiera ayudarnos a
la comprensión de lo que es el fluido astral. Aunque existe uniformemente por todo el
espacio en el sistema solar es, sin embargo, más densa alrededor de ciertos objetos, por
razón de la acción molecular de los mismos; especialmente alrededor del cerebro y de la
médula espinal de los seres humanos, donde forma lo que denominamos aura. Es esta
aura que rodea las células nerviosas y los conductos nerviosos, la que capacita al
hombre para captar las impresiones hechas en la Luz Astral, en el Cosmos.
Si dividimos los fenómenos mentales en las tres ramas de los modernos psicólogos:
imágenes intelectuales, emociones y volición, encontramos que la volición siempre se
hace sentir por un aumento de vibración en el aura astral. La imagen mental se
manifiesta por medio de su impresión en el aura, y en otros casos hay un cambio de
color que también corresponde al cambio de sentimientos espirituales. Se ha asegurado
que cada color corresponde a determinada emoción, pero no estoy preparado para decir
que los ocultistas estén de acuerdo con los frenólogos en su interrelación.

Si ideamos un círculo, la figura de ese círculo se forma en nuestra aura ódica. Todas las
ideas forman sus imágenes en la Luz Astral, las cuales son casi similares a las imágenes
que más tarde surgen en el cerebro, porque el eslabón intermediario entre ambas, la
corriente nerviosa en el cerebro, en realidad no describe exactamente la imagen mental.
Si en el espacio no hubiera un vehículo para servir como medio de comunicación entre
uno y otro ser humano, toda transmisión del pensamiento sería imposible; es imposible
concebir comunicación sin tal vehículo.

La existencia de esta Luz Astral puede ser probada por el hecho de que ciertos
fenómenos sólo pueden explicarse por la suposición de tal existencia y porque ella es
además un objeto de percepción directa para los Adeptos.
Una vez admitida su existencia y también el hecho de que ella se concentra más
densamente alrededor del cerebro y del sistema nervioso que en ninguna otra parte,
entonces veremos cómo la naturaleza previno para capacitar a cada persona para captar
las impresiones hechas por otras personas en la Luz Astral.

En los experimentos de lectura del pensamiento, los mejores resultados han sido
obtenidos generalmente con los niños. La razón de esto es que el aura de un niño es
pasiva porque no ha generado ninguna de sus activas tendencias propias. Este hecho
puede deducirse de la diferencia de color entre el aura de un niño y la de un adulto. El
aura de un niño es de un blanco lechoso, pero en la de un adulto hay siempre sobre este
color básico, otro color, como verde, amarillo, rojo, etc. Estos colores denotan la
particular peculiaridad de la organización mental o espiritual de cada persona. Toda vez
que uno de estos colores se manifiesta en el aura y muestra una ausencia de simpatía
con las características indicadas por el color del aura del operador, se produce entonces
una repulsión; pero cuando no hay tal repulsión -siempre que la mente sea pasiva- la
transmisión del pensamiento es posible.

Todo pensamiento es acompañado por otro fenómeno físico que puede ser descrito
como una alteración en el fluido nervioso. Hay una conexión íntima entre el fluido
nervioso llamado así con propiedad y el aura que le rodea. El fluido nervioso tiene su
aura propia, como también la tiene toda agrupación de moléculas en la naturaleza; aun
el Eter Superior tiene su aura propia, que es Akasha. El fluido nervioso tiene su propia
aura, llamada el aura ódica del hombre. Todas las auras tienen una base, y todas ellas
son similares al fluido magnético en el Cosmos. Cada pensamiento afecta las corrientes
nerviosas del cerebro o del nervio.
Esto implica vibración, la cual es captada por el aura astral, y ésta comunica con el
fluido astral con el que está en contacto. Esta vibración afecta al aura ódica que rodea el
cerebro del pensador y es transmitida de inmediato al cerebro hacia el cual se transmite
el pensamiento: es convertida en una clase especial de moción en el aura del recibidor y
luego en acción en el fluido nervioso y así es transmitida inmediatamente a su cerebro.
Si la fuerza de voluntad del operador no es suficientemente fuerte para dar una dirección
a la vibración generada en el fluido astral, el tacto es, por lo general, necesario: y
cuando hay afinidad magnética o por lo menos, ausencia de tendencias de repulsión, la
vibración alcanza de inmediato su destino y es transferida, en un pensamiento, a la
mente del sensitivo, pensamiento que será igual al generado en la mente del operador.

Si una clase particular de moción en el fluido nervioso significa una cierta cosa en la
mente de un hombre, significa la misma cosa en la mente de otro hombre.
Las ideas de los científicos modernos sobre el éter luminoso, no son suficientemente
definidas para permitirnos expresar una opinión acerca de su semejanza con nuestros
puntos de vista, pero vemos ciertas diferencias, si hemos de atenernos a sus
conclusiones.
Primero: vemos la luz que nos llega de las estrellas fijas, y los científicos
dicen, admitiendo la teoría ondulatoria de la óptica, que ha de haber un médium a través
del cual pasan las vibraciones.
Segundo: ellos han determinado por minuciosos cálculos
matemáticos que, debido a fricción en este éter, los planetas están sujetos a cierta
retardación en el recorrido de sus rutas. Admitiendo las dos premisas, es evidente que
el éter existe en todo el espacio, pero Akasha existe, y este último tiene más
probabilidades de corresponder con el éter de los científicos.
El éter cósmico de ellos, no está propiamente en constante conexión con ningún
organismo particular y no parece tener ninguna especial conexión con la fuerza
nerviosa, pero nosotros sostenemos que allí donde haya una organización especialmente
sensitiva, el fluido astral está allí concentrado y que existe en otros lugares, más o
menos uniformemente esparcido, pero su uniformidad no es nunca continua como la del
éter de los científicos.
El hecho es que el fluido astral, sólo viene a la existencia cuando ciertas clases de
diferenciación tienen lugar en el Mulaprakriti original.
Si los científicos reconocen la diferencia entre el » éter confinado» y el » éter en
libertad», esta vendría a ser la misma clase de distinción que hay entre el fluido astral y
el Akasha; pero así como el Akasha existe en lo referente al espacio sin ningún
organismo, también se diferencia en su constitución del verdadero éter cósmico.

En el proceso de la transmisión corriente del pensamiento, no hay, en absoluto,
mediación de ningún «elemental».
En ciertos casos, acontece que una persona experimenta una sensación de calamidad,
hallándose lejos de un amigo agonizante; en tales ocasiones la impresión es realmente
una imagen de la persona, y a veces tal imagen es muy clara. Pero nosotros creemos que
nuestras ideas mentales están, de algún modo, conectadas con las emociones de placer y
de dolor: por tanto, admitiendo que algunas corrientes son acompañadas por
sensaciones sin imágenes, podemos concebir un caso en el cual, la imagen, siendo
indistinta, es acompañada por una corriente nerviosa que sólo es expresada por una
emoción. A veces suele haber variaciones. Puede acontecer que una parte de la imagen
se pierda, o que sean introducidos algunos elementos nuevos; pero cuando no hay
imagen, y sólo hay una especie de vibración, no se experimentará otra cosa que una
vaga idea de aflicción o de calamidad.
Algunas veces, el recibidor tiene la sensación de que se le ha transmitido una idea, tal
como, por ejemplo, la idea de un ataúd, en el caso de una persona que se está muriendo.
Yo creo que si examinamos los resultados que tienen probabilidad de producirse por las
leyes de asociación psicológica, notaremos que grupos particulares de ideas están
asociados entre sí, como lo está un ataúd con la idea de la muerte, etcétera.
Una idea tiene la propiedad de evocar otras ideas que tienen afinidad con ella.
Cualquiera de esas ideas puede ser representada en el cerebro y puede ser seguida por
otras ideas y, a veces, acontece que las ideas asociadas asumen mayor prominencia que
la idea inicial.
Se menciona el caso de la esposa de un soldado, que viajaba con el regimiento; una
noche, hallándose su esposo sentado frente a ella, la esposa le dijo que veía a su madre,
quien le había puesto las manos sobre sus hombrosy le había dicho: «Y te he dejado la
jarra para crema, trata de obtenerla». El esposo no oyó ni vio nada. La figura se
desvaneció y más adelante se supo que la madre había fallecido y había dejado a su hija
una jarra para crema.
Este fue un caso de transmisión de pensamiento. La madre ha de haber estado muy
ansiosa por dar esa información a su hija antes de morir; su ansiedad ha de haber
aumentado; cuando se estaba muriendo, el pensamiento se conectó con el aura de ella, y
este pensamiento llevó consigo en el momento de la disolución, el aura ódica de la
persona muerta; pero este no es el caso de un cuerpo astral que se traslada a cierta
distancia. En todos los casos, exceptuando aquellos en que se trata de los Adeptos, es la
energía de la transmisión del pensamiento la que, a veces, toma una porción del aura de
una persona. Por lo general, esto ocurre en casos de muerte; en otros casos, en que es el
cuerpo astral el que se presenta, a menos que la persona sea clarividente, no le será
posible verlo.
A veces acontece que, cuando una porción del aura es transmitida de esa manera, es
sólo visible por la persona en quien se pensó.
Cuando el pensamiento es transmitido, la imagen es transmitida. Desde una precisa
imagen mental subjetiva, hasta una imagen objetiva, puede haber infinitas gradaciones
de claridad y visibilidad.
Otro caso fue el siguiente: una dama iba hacia la India a visitar a su hermano; falleció
en el viaje y fue vista tal como estaba vestida en el momento de su muerte, por la esposa
de su hermano, tres horas después de haber fallecido.
En este caso son posibles tres suposiciones: la existencia de una fuerte simpatía entre las
dos; la hermana puede haber sido una vidente, o puede haber intervenido algún otro
agente, como ser la actividad de un elemental.

Este es un caso de transmisión de pensamiento, pero a falta de más pormenores, no
puede darse una explicación adecuada. La impresión no pudo haber sido transmitida por
el esposo a su esposa, debido a que él no vio la aparición. En cuanto a la diferencia de
las tres horas que mediaron entre el momento de la muerte y la aparición, hablando en
general, el cascarón puede haber vagado durante un tiempo, a menos que haya sido un
caso de muerte en que todos los Principios se separan de inmediato. Si esto fuera así, y
la muerta hubiera tenido en mente a las dos personas, hay toda probabilidad de que el
«cascarón» se hubiera trasladado al lugar y, encontrando que la persona con quien ella
quería comunicarse no era io suficientemente sensitiva, se hubiera comunicado con la
persona más sensitiva entre las presentes.
No puede haber ninguna demora en la simple transmisión de la imagen. La mente
puede, a veces, estar activa en casos de insensibilidad del cuerpo. Tal vez hayáis leído
informes de personas anestesiadas, en quienes el hombre íntimo sentía sensaciones
peculiares, aunque se hallaba aparentemnte insensible. La demora podría explicarse
suponiendo que la persona a quien la imagen es transmitida, la recibió por medio de su
aura ódica, pero por estar concentrado su cerebro en ese instante, no percibió la
impresión; pasará algún tiempo antes de que la impresión se desvanezca, de manera que
la imagen podrá hacerse presente en un tiempo ulterior.
El siguiente ejemplo es diferente de los anteriores, en varios aspectos, En cierta ocasión,
un hombre deseó ardientemente aparecerse a dos señoras que se encontraban a cierta
distancia, se acostó y cuando despertó no recordó n.ada de lo que le había ocurrido, pero
después ellas le contaron que cierta noche él se les había aparecido y habia actuado de
acuerdo a los detalles que habían sido previamente concertados por escrito. Ellas le
habían visto como una persona real.
Esto puede ser explicado de varias maneras. El puede haber soñado, aunque ignorando
el haberlo hecho, y también, el hombre astral puede encontrarse en estados de
conciencia propios, que el hombre físico ignora, y qule pueden tener cierta duración.
Asimismo, puede ser posible que esta fuerza, de voluntad suya, de ir en un momento
determinado a cierto lugar, produjera una especial corriente nerviosa en su cerebro, y
puede que esa misma corriente haya emanado de su cerebro en el mismo instante que lo
deseó. En tales casos, no conozco ningún ejemplo en el que el momento convenido para
la experiencia haya variado. Hay muchos casos que justifican esta suposición; la única
manera como podemos explicarla es la siguiente: el hombre astral generó la impresión
en un momento determinado, sin el conocimiento del cerebro físico, o fue generada en
el cerebro físico de acuerdo a la impresión producida en él por la primera
determinación.

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Tsun1

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