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La última pizza

La última pizza - Literatura

La noche estaba tan oscura que a cualquiera le costaría ver su mano frente a sus ojos. Incluso así él se deslizo por la calle con la naturalidad que le daba, saber de memoria cada grieta y cada desnivel del camino.

No podría decirse que aquel sujeto vivía en aquella parte de la ciudad. Sus vestimentas concordaban con un estrato social ligeramente más alto.

La forma de caminar era tan arrogante y sus zapatos tan pulidos que las pocas personas que pasaban de camino a sus hogares lo miraban como el intruso que era.

Él se había acostumbrado a ser visto de esa forma durante el tiempo que se tomo para vigilar bien a Robert Lewis, un hombre que estaba seguro que nadie extrañaría.

Robert Lewis era tan básico que por un momento él pensó adelantar sus acciones; pero su prudencia calculada lo llevo a esperar el mejor momento. Cuando toda la atención de la gente en la empresa estuviera en el próximo gran asenso.

Él había escuchado las apuestas del personal de limpieza sobre quien será el nuevo jefe. Podía ser cualquiera, solo tenía que ser lo suficientemente diestro para presentar un buen trabajo y el comité de gerentes escogería al que más le agradará.

¡Fácil!  

Pensó Charles, había evaluado a cada uno de sus compañeros, todos eran amenazas potenciales contra su futuro soñado. Pero sabía que él era el más capacitado de todos, y el único que parecía ser la excepción era Lewis.

Charles miro la casa pequeña, con la pintura agrietada de Lewis y luego miro su reloj. Eran las 9:00pm. Lo había llamado antes, para asegurarse de que estuviera en casa y de que sus cálculos estuvieran correctos.

Llego justo a tiempo para la pizza nocturna de su compañero.

Solo le bastaron un par de semanas para aprender su rutina.

¡Básico!

Era lo único en que Charles pensaba cuando pensaba en Lewis.

Toco la puerta y no tuvo que esperar mucho, miro a Lewis con su ropa de pijama arrugada y llena de manchas de grasa, su rostro marcado con una perpetua expresión de enojo y sintió el arma liviana cuando la levanto y apretó el gatillos.

El silenciador evito que la calle se escandalizara y Charles entro con la arrogancia de alguien que había hecho un buen trabajo. Reviso los papeles de su compañero y estornudo cuando el polvo le llego a la nariz. Era alérgico al polvo.

Lewis y sus inexistentes hábitos de aseo.

Fue lo último que pensó antes de revisar el trabajo de asenso de su compañero y retirarse de la escena.

La noche estaba tan oscura que el repartidor ni siquiera pudo ver la sombra de Charles alejarse y no se dio cuenta de que su fiel cliente era solo carne inerte y sangre desparramada en el suelo, hasta que estuvo considerablemente cerca.

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Acerca del autor

lexiz_vene

1 comentario

  • Hola Lexis, he leído tu artículo completo y me ha gustado mucho la forma en que abordas los detalles, ayuda a sumergirse en la historia.
    En ocasiones, noté que habría falta de algún acento o signo de puntuación para separar las ideas y comprenderlas mejor, sin embargo, creo que es un buen trabajo.

    Me daré una vuelta por tus otras entradas, soy nueva aquí y quiero enriquecerme de lo que hay.
    Un saludito.

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