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La Universidad Y Su Historia

La Universidad Y Su Historia - Historia

 

 

Los antecedentes, o digamos, los ancestros de la universidad europea se remontan a los griegos, sobre todo a la Academia Platónica de Atenas, al Liceo y los Peripatéticos, que eran discípulos de Aristóteles. Los rasgos de estas escuelas tenían mucho parecido a la universidad que se fundaría en la Edad Media, tenían un espacio físico, unos métodos de enseñanza, unos maestros y sus discípulos. Sin embargo la idea de un lugar donde se congregasen los estudiantes y los sabios viene desde mucho tiempo atrás, pero las enseñanzas que se impartían tenían más que ver con la filosofía religiosa, y un tipo de conocimiento narrativo no sistematizado. Hablamos de los antecedentes europeos, sin embargo, la primera universidad no se fundó en Europa, sino en Asia en el 2200 a.C y se llamaba Escuela Superior Imperial  (Shang Hsiang). Al principio era el misterio, el cosmos y las divinidades, éste fue el punto de partida del conocimiento, el hombre comienza a preguntarse cosas sobre el mundo, y cree que el mundo le responde en manifestaciones divinas, sobrehumanas.

Vemos a Cristo, a Buda a Lao Tsé a Zaratustra como los primeros maestros, y por qué no, como el fundamento del conocimiento. Puede sonar metafísico, pero sin el conocimiento religioso de los antiguos hoy no podría ser posible la ciencia, pues la religión fue el primer sendero que el hombre construyó mientras andaba, este era el sendero que se bifurcaría luego para penetrar más en los fenómenos del mundo y del hombre, y para saciar las nuevas inquietudes que surgían en su recorrido.

Ahora bien, la universidad europea es un mundo artificial, era antiguamente un castillo de marfil, recinto donde se desarrollaba la vida intelectual, el pensamiento crítico, la disputa como pedagogía, los libros como vehículos que portaban en sus páginas los conocimientos, la sede que cobijaba a las corporaciones de estudiantes (Universitas studiorum) y las corporaciones de maestros (Universitas magistrorum), ambos gremios movidos por un fin común: el conocimiento.

Pero esta concepción de conocimiento medieval tiene naturaleza aristotélica, es pues, el conocimiento abstracto, el ser en tanto ser, el conocimiento especulativo. Una nueva institución nace en el seno del sistema feudal, y pervivirá hasta nuestros días.  Las universidades en la Edad Media ayudaron a poblar las grandes ciudades y las grandes metrópolis, podríamos decir incluso, que la vida urbana comienza una dinámica mucho más movida con la creación de la universidad.

Las universidades atraían a estudiantes de diferentes partes de Europa, por lo que el perfil de “estudiante” se asociaba más con el de “extranjero” o “forastero”. Las calles de las nacientes naciones, estaban irrigadas por estos forasteros, estudiantes, de diferentes partes de Europa, que hacían vida urbana, haciendo vida universitaria.

Las escuelas eclesiásticas estaban dispersas – monacales, palatinas, municipales, catedralicias –  y estaban bajo el patronazgo ya bien de la iglesia, o ya bien de la corona. Hasta que la universidad las congregó bajo un mismo techo; estos son los primeros esbozos de una comunidad de naciones europeas. Precisamente ahí reside el protagonismo de la nueva institución educativa en el panorama medieval.

La universidad fue una empresa emprendida conjuntamente por  los señores feudales y el poder eclesiástico.  La iglesia que era en ese entonces el soporte intelectual, porque ahí se reproducía y conservaba la lengua escrita y los textos antiguos, unió su poder eclesiástico al poder político de los nuevos señores feudales, se apremiaba a la universidad en una sociedad que se hacía cada vez más compleja, más extensa, y por lo tanto que requería de nuevas instituciones que pudieran regir, controlar e integrar.  El año 1000, fue la entrada a un siglo, y el reacomodo de los poderes políticos, el nacimiento de las nuevas monarquías, la universidad es el resultado de la creciente tendencia a la estabilidad de los pueblos europeos luego de las invasiones germánicas.

El nuevo orden político y social, luego de la caída del imperio romano, requería de amanuenses, copistas, conocedores de las leyes, de las liturgias, de la literatura para darle cuerpo a la nueva forma que tomaba el mundo europeo.

Universitas tiene en la Edad Media el sentido de “comunidad”, y esa Universitas, esa comunidad de estudiantes y profesores, reagrupaba a los estudiosos, eruditos  y sabios que vagabundeaban sin tener una institución, un cuerpo jurídico que los resguardara, y los concentrara en un solo espacio físico y académico.  El Studium Generale era sinónimo de Universitas – Universitas para designar a profesores y estudiantes que residían en un mismo lugar, y generalmente el Studium Generale se refería a un ámbito local y el de Universitas a un ámbito internacional – en la Edad Media, y se subdividía en Trívium  – enseñanza literaria (gramática, retórica, dialéctica) – y Quadrivium –enseñanza científica (aritmética, geometría, astronomía y música) que era el Estudio General previo antes de acceder a estudiar Teología, Derecho o Medicina.

La creación de la universidad vendría a revalorizar los saberes greco-romanos, los saberes clásicos, pero sobre todo, la universidad se dirigiría a un trabajo de  acopio, de documentación, como depositario de los saberes, como dueños de los libros y los documentos, que el profesor se encargaba de leer en clase.

La pedagogía eclesiástica consistía en unos ejercicios de lectura y glosa de los textos leídos en clase, que luego serían discutidos, lo que ellos llamaban la “disputatio”, de esta manera las clases se estructuraban en “la lección y la disputa”.

Pero, fue esencialmente necesario para la enseñanza, que dentro de los recintos educativos se comenzara un trabajo previo de mecanización y clasificación, es decir, todo ese caos intuitivo, esas multivarias formas de conocimiento, ya sean religiosas o “paganas”,  necesitaban manipularse para tenerlas disponibles al alcance de la mano. La universidad es pues una de las instituciones que se encargaba en ese entonces de registrar la creación intelectual y cultural.

El marco de relaciones en la universidad varía de una institución a otra. En la Universitas studiorum los alumnos tenían el derecho y la capacidad de contratar o destituir a los profesores y rectores – los alumnos podía elegir el rector por votación mayoritaria –. Sin embargo si los estudiantes querían ascender al grado de bachiller, tenían que presentar una exposición, un examen oral, de un tema elegido por la asamblea de doctores. La universidad se constituye como una institución que legitima el saber, pues dentro de la institución residen las comunidades de sabios – en ese entonces no había una comunidad científica como tal – que se dedican a la investigación y la reproducción de los savant (los que saben).

En las entrañas de la universidad se fraguan los lenguajes, las categorías, los sistemas filosóficos, los modelos teóricos que serán herramientas para el proceso de la razón segunda, de la Europa segunda. Es en los claustros donde surge la Europa que razona sobre sí misma, un tipo de lenguaje, una episteme contrapuesta a una Europa mítica, tradicional y supersticiosa, la Europa de los pueblos nómadas iletrados.

La institución académica irrumpe en la vida política y social como elemento de transformación cultural, una vida paralela a la vida del aldeano, del campesino o del artesano, florece en los claustros, una vida que, aunque no reflexione sobre la vida real y se dedique casi exclusivamente a la especulación filosófica, va a desarrollar la conciencia de la razón, lo que los griegos habían vivido hacía mil años atrás con sus sofistas, filósofos y poetas – el pensar sobre, la conciencia de sí y la razón – los nuevos estados-naciones que nacían de un imperio romano desmembrado lo empezaban a vivir en sus claustros.

La universidad iba en búsqueda de  sistemas universales de referencia, de la intemporalidad a través de la más alta abstracción, todo esto no es más que los primeros rasgos del claustro académico: la validez universal, conocimiento intelectual aparte del conocimiento devenido de la “divinidad”, la capacidad de abarcar todos los fenómenos del género humano, la persecución de un fin cohesionador.

Incluso, se logró establecer entre las diferentes universidades europeas un coiné académico –  regido por el uso del latín dentro del recinto universitario –  parecido al coiné lírico de los poetas, trovadores y juglares que usaban el provenzal como lengua común  en el medio día de las Galias.

Los intercambios de documentos y de profesores y estudiantes a lo largo de las universidades europeas eran frecuentes, lo que permitía una verdadera comunidad académica que traspasaba la Cinta Muralia, los muros locales de las sedes universitarias.

El suelo de la iglesia, al igual que el suelo de la universidad, tenía un poder performativo: la iglesia era un lugar sagrado, por tanto quien estaba dentro de sus muros estaba, por decirlo de algún modo, resguardado de las inquinas de Satán o las del hombre, ya que los prófugos de la justicia podían pedir  asilo en sagrado donde los muros de la iglesia (o monasterio) tenían un poder jurídico que tenía la capacidad de anular la acción legal.

El suelo universitario es en cambio la patria intemporal de la razón y de la universalidad cristiana como la de los saberes clásicos, donde los “forasteros” ya no eran tales, no eran Peregrini – en derecho romano los Peregrini, eran los extranjeros que no tenían ni deberes ni derechos dentro del imperio – sino que en ese mismo momento en que formaban parte de la comunidad de estudiantes, ya tenían una sede común, que los hacía pertenecer un mundo artificial, una vida paralela a la vida doméstica y la vida cortesana, que tenía mucha más relación con la vida monástica. El Civitas Universitatis es una categoría que utilizo para diferenciar, definir una entidad o mejor dicho un sujeto medieval distinto a otros sujetos medievales (distinto del clérigo, el caballero, el cortesano, el artesano), abocado al trabajo intelectual, al estudio de las artes liberales  – Civitas, el ciudadano en sentido del derecho romano y no en sentido ilustrado-roussoniano –.

Este ciudadano dentro del marco jurídico de la cooperativa de estudiantes o de profesores, dependiendo del caso, conformaba un estamento diferente a los otros estamentos existentes en la sociedad feudal, también como ciudadanos con deberes y derechos tenían la obligación de obedecer a los estatutos de la universidad, un ejemplo de ellos eran las salidas nocturnas, que estaban prohibidas en los estatutos de todas las universidades. Cosa que evidentemente no se cumplía. El estudiante se consideraba un clérigo menor, por lo que debía llevar una vida parecida a la de los monjes y rendir cuentas a un tribunal eclesiástico si cometía alguna transgresión.

El ciudadano romano (Civitas) es el único que tenía derecho a usar la toga: en  la institución universitaria la toga tendrá un significado simbólico relacionado con el uso y valor que le daban los romanos. La toga  universitaria es  un  distintivo que expresa un rango superior dentro de la universidad, y quienes la usaban estaban en un rango superior dentro de la institución, ellos eran los catedráticos, los magistrados, los rectores y los consejeros. El Civitas Universitatis es entonces un sujeto portador de un poder político, pero un poder que ejerce desde el trabajo intelectual, un poder relacionado con el saber.

El Civitas Universitatis vendría ser el sujeto que portaría en su quehacer intelectual uno de los principios constitutivos de Europa, que es la vertiente cristiano-racional, la semilla que originaría el iluminismo, la ilustración y el positivismo al pasar de los siglos.

 

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Acerca del autor

Amiya Bala Devi Dasi

1 comentario

  • Llena de conocimiento la reseña histórica de los orígenes de la universidad, soy nuevo en esta página y de hecho también en algo como red social y simplemente me gustó esta de no creas nada por el nombre mismo y por cómo dice que se puede hablar de lo que sea, por eso dije al principio llena de conocimiento la reseña histórica ya que en la actualidad la universidad es solo un mercado más que viene a dar continuidad a la falta de educación en valores que ya se trae previamente de la escuela o la casa y no hablo así por no haber cursado en una sino más bien por haber pasado por varias en mi país y de todas me he quedado con la misma impresión de que simplemente les mueve el dinero y les importa su negocio y no formar profesionales con ética y valores.

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