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Literatura

Labios De Señorita

Labios De Señorita - Literatura

Mi amiga hizo una pausa para recuperar fuerzas en el viento, me miró tan dolida que me rompió un poco el corazón y continuó diciendo:

-Sus labios eran mi vicio, te lo juro. Son tan suaves como los de una niña que no conoció los misterios de unos ajenos. Tan suaves como la brisa de la mañana. Tan poderosos como una potencia mundial. Tan transmitidores de vida como un nacimiento. No sé si voy a poder decirte lo que me pasaba cuando estaban sobre los míos, bastantes ásperos a comparación, eran así porque nunca dejé que los traten con amor. Pero voy a hacer el intento a ver si diciéndolo en voz alta puedo tener un poco más de claridad: me gusta su voz, pero me gusta más cuando me habla. Su cuello, pero más cuando lo beso. Y sus caricias… aunque sus labios son diferentes. Diferentes en el bonito sentido. Me acuerdo que una vez soporté un dolor de ovarios horrible únicamente para poder llegar a ellos. Ese día me lo acuerdo con detalles – mi amiga intentó hacer una sonrisa – había estado meses sin verlo, extrañando todo su ser y sintiendo un desgarre en el corazón que se está curando mal. Hasta que ese día se nos ocurrió dejar el orgullo de lado y nos vimos. Cuando lo vi saliendo de su casa me pasó que el corazón quería llegar antes que yo a abrazarlo. En un momento nos cansamos de caminar y nos sentamos en la vereda de cualquier casa y empezamos a charlar todo lo que no habíamos hablado en ese tiempo. Cuando estoy por besarlo, una vez más, cae desde la pared que teníamos atrás un papel todo doblado. Tenía escrito: “Degen de ablar que quiero dormir mi siesta en mi amaca paraguaya”. Me reí un montón y la cara de él era de desconcierto tanto por la situación como por la falta de ortografía de quien creímos era un nene. Todavía tengo ese papel aguardado -largó una risa de resignación-. Nos besamos todo el día -pausó-, como siempre hicimos. Una vez me dijo si quería salir a hacer algo diferente y le dije que no era necesario, siempre pensando de forma tan efímera. Qué tonta fui… Qué tonta fui por no poder decirle que sí y acumular más recuerdos. Me hubiera gustado subir al primer tren e irnos a Dios sabe dónde por un buen rato. Nunca fue mi novio, pero lo quise como a uno. Tuve varias primeras veces con él y eso es igual de valioso que la misma verdad. La primera vez que le dije que tiene labios de señorita fue, obviamente, después de un beso. Con sólo pensar que ya no voy a sentir más las cosquillas que me hacía su bigote, me entra una tristeza que no cabe en el cuerpo. Ando llorando mucho, ¿sabés? Me permito llorarlo mucho. Después el bigote y su barba color atardecer me dejaban en toda la piel la alergia más satisfactoria que tuve jamás -se rió entre lágrimas-. Pero lo que él nunca se imaginó es que le dije eso porque tiene los labios más dulces y delicados que conocí en mi vida y que podría pasarme mi eternidad entre ellos. Pero me dije basta. Yo lo quise con todos los pedazos que le faltan pero para él mis faltas fueron totales ausencias. No se puede obligar a nadie a que te quiera pero ¡de qué lo voy a culpar si me recordó lo hermoso que es querer!

 

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