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Laboratorio Pedagógico



Laboratorio Pedagógico - Sociedad

Dando una clase mañanera, se me escapó la siguiente frase: “Hijos, mi laboratorio pedagógico debe comenzar”. La curiosidad de algunos jóvenes fue evidente, deseaban saber a que me refería cuando hablaba de un “Laboratorio pedagógico”. Entonces tuve que explicar. Me refiero a un lugar que está integrado por muchos estudiantes inmersos en un proceso de enseñanza- aprendizaje. Igualmente, es un lugar que posee una estructura física dotada de herramientas necesarias tales como: Pizarra, pupitres, escritorio, estantes, tizas, otros. Aunque aclaro,  a veces el aula es el entorno que rodea el hecho educativo. También se pueden encontrar en él, multiplicidad de interrogantes, caracteres, experiencias, fortalezas, debilidades, trabajo en equipo, asuntos objetos de estudio y conocimiento, es decir, cualidades humanas y valores humanos.  Además, existe el científico, en este caso el docente, que trata todos los días de guiar la clase e intentar conseguir las metas educativas que se ha propuesto, observando y reflexionando para mejorar y perfeccionar su propia estrategia metodológica. En ese momento, me di cuenta que estaba hablando del rol del docente investigador.

Pero ¿porque llamo al docente un científico? ¿Será porque posee conocimientos de salud y ciencia y puede hacer algún experimento en clase con sus alumnos? No, el docente es un científico porque tiene nociones y un método para estudiar las reacciones, los hechos y la realidad educativa que lo circunda. García Inza (1991) dice que el maestro investigador es «aquel que posee la base del conocimiento del método científico y lo aplica en su labor pedagógica cotidiana». Esto es cierto, no se puede concebir un docente investigador que no esté en constante actitud hacia el mejoramiento profesional, que no planifique, que no conozca los procesos y las etapas de la investigación; que no sea capaz de evaluar lo que sucede diariamente en su laboratorio pedagógico.

Por otro lado, sería arriesgado asegurar que todos los docentes poseen las cualidades necesarias para investigar. No obstante, todos deben procurar obtenerlas de alguna manera, cultivarlas, perfeccionarlas, mejorarlas, profundizarlas y llevarlas a la práctica. Imaginemos un docente que no conozca el método científico, que nunca haya elaborado un instrumento de investigación, que no sepa plantearse objetivos y metas y que no sepa detectar el hecho o el tema que necesita de su atención profesional. Sin duda, sería un docente destinado a ser más lento en sus respuestas, un docente que frena su evolución profesional y más aún, su punto de vista de las cosas es mucho más pequeño. En consecuencia, la posibilidad de éxito en su laboratorio pedagógico se ve diezmada, al menos en comparación con el docente acucioso y planificado y que tiene conocimiento y las habilidades necesarias para cumplir con su rol de investigador.

Para Matos (2000) “El rol del docente debe ser percibido como promotor del aprendizaje, motivador  y sensible.” (P.25) ¡Que gran verdad¡ en esta sentencia se percibe el rol del docente investigador en su esencia más profunda, porque cuando se investiga, se aprende y a la vez se da ejemplo a los alumnos, no en vano el francés Turgot consideraba, que el maestro predica con el ejemplo y sus estudiantes se fijan de ello; somos el espejo donde ellos se miran. Ahora bien, si un maestro investiga y no convierte esa astucia en motivación,  para llevar su clase a buen puerto, entonces hay una falla difícil de superar y allí entra en juego la sensibilidad. ¿Cómo se puede investigar si no se tiene la sensibilidad y la vocación para hacerlo, las ganas para hacerlo? Por esta y por otras razones, el hombre sensible ya tiene un extenso campo ganado a la batalla investigativa, porque eso le proporciona el sexto sentido que debe tener en un laboratorio pedagógico.

En síntesis, el presente ensayo, que inició con la anécdota de una frase al aire, un día cualquiera de clases, en un aula cualquiera y en una escuela donde sea, realmente quiso poner en relieve la importancia del rol del docente investigador y de su influencia en el mejoramiento de la calidad de la enseñanza en todos los niveles educativos. Creo que es propicio, terminar con una frase de Henry Brooks Adams que dice: «Un profesor trabaja para la eternidad: nadie puede decir donde acaba su influencia.»

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Profesor Marino

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