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Literatura

Lágrimas Del Renacer

Lágrimas Del Renacer - Literatura

Te hemos visto al rodar sobre tu piel, desbordando tus ojos como un par de pequeños riachuelos, que desembocan luego en limitadas cascadas al margen de tu rostro, indistintamente de la ocasión o circunstancia: las hubo felices, colmadas de una inmensa alegría; otras, en cambio, estuvieron marcadas del más profundo dolor y sufrimiento que se pudiese imaginar.
Asimilar estas discrepancias de la vida no ha sido tarea fácil, lo sabemos pero, sin embargo, de esta dualidad que rige el cada día es como se compone la Tierra misma: yin y yang, en perfecto equilibrio, energías disímiles en esencia que vibran en diversas frecuencias alrededor de cada ser vivo, de forma ilimitada y sin que sea posible percatarse de aquéllo.
Mañana y tarde-noche; blanco y negro; masculino y femenino; rudeza y fragilidad, espontaneidad y timidez; aguerrido y contemplativo; directo y calculador; verano e invierno; fuerza y perseverancia; astucia y paciencia; cosechar y recolectar; producir y descansar; extroversión e introversión; proyección e intuición; componer y escuchar; pelear y reconciliar; aceite y agua.
Agua… Agua, de la cual el cuerpo humano está compuesta en un alto porcentaje que fluye en diferentes torrentes que se bifurcan, propios de procesos internos de los cuales se es inconsciente, al no tener control alguno de éso que se da de manera involuntaria, sin necesidad de tan siquiera ordenarlo; como si de un acto de magia se tratara, sólo sucede y con ésto nos basta.
Nos es suficiente para hidratarnos y cubrir necesidades básicas, cumplir con gran parte de las labores domésticas y, si es posible, trasladarnos a través de embarcaciones diseñadas por la mano del hombre, con el único fin de ir de un punto a otro para reencontrarnos con seres amados o, simplemente, por disfrute y placer.
Porque también las hay de un gozo tremendo, aunque esporádico, pero las hay y nos parecen hasta menos saladas o amargas que aquéllas que nos han producido por un daño repentino, pero que es tal, que logra dejarnos una lección de la cual se extrae una enseñanza, para tratar de no caer en el mismo abismo una y otra vez.
Pero, ¿de qué nos vale un camino despejado, si las rosas que lo adornan han sido desprovistas de sus espinas? ¿No estaríamos arrancándonos una parte de nuestra propia historia al no reconocer los errores? ¿Cuál es el sentido de unas experiencias en las cuales no converjan estas disparidades que nos hacen humanos?
Y es que, ¿acaso el agua no está llena de vida y, al fluir a través de nuestras lágrimas, no estamos emergiendo en un nuevo renacer?

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LunaMarina

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