Humor

Las cortesanas de Maracay



Las cortesanas de Maracay - Humor

La historia se presta para ser contada hoy, porque también sucedió un día sábado, pero por allá entre los años 2003 o 2004 (no recuerdo la fecha exacta).
Nuevamente 5 compañeros de universidad (3 mujeres y 2 hombres) nos alistamos para recorrer las calles caraqueñas en búsqueda de información para nuestro reportaje (de tv en esa ocasión) acerca de la profesión más antigua del mundo.
Ya habíamos hecho uno escrito y uno fotográfico. El primero a través de entrevistas a chicas que se mercadeaban por la página Sexy Caracas y atendía en estudios clandestinos con camillas que usan las masajistas terapéuticas o, utilizaban al Mc Donald de El Rosal como punto de encuentro para salir a completar el acuerdo comercio-carnal en algún lugar de la gran gama que ofrecía el sector.
Para el fotográfico no pudimos asistir todos. Así que fueron dos de mis compañeros (un hombre y una mujer) quienes entraron a un hotel entre Bello Monte y la Solano y fotografiaron a la muchacha (de manera clandestina, como hacíamos todo) mientras la entrevistaban. Hoy en día, en tiempos de defensa extrema de derechos humanos, vida sana, nuevas pautas de crianzas, coaching, etc., etc., etc., hubiéramos ido presos por esas prácticas.
Pero bueno, de eso no se trata esta historia, se trata de aquel sábado en el que el tema era: “la prostitución masculina”, eso que creíamos que no era tan común y que lo dejábamos solo a historias como “Un gigoló americano”.
Todo estaba preparado: 2 carros (mi japonés y el europeo de mi compañero) y 5 personas, 3 en el carro de mi compañero y 2 en el mío.
Así llegamos a los alrededores de Parque Cristal. Primera vuelta de reconocimiento para saber quiénes eran los que estaban “chanceando” y quienes estaban de pasos o simplemente parados por casualidad sin saber que los que conocían del tema podían estarlos confundiendo con los “cortesanos” para darle un nombre más formal al oficio (como el que usé para titular este relato).
Tres vueltas y ya tenías claro quiénes estaban ahí para ganar algo de dinero a costa del centimetraje de sus “miembros”, mientras nosotros sí estábamos buscando centimetraje, pero no del que él ofrecía sino periodístico, así es como se llama al espacio que disponen los periódicos para una noticia, así lo vende uno desde las relaciones públicas: mientras más centimetraje conseguido en medios, más exitosa tu labor.
No sé si habría sido tan divertida la escena si en ese momento hubieran existido los teléfonos inteligentes, lo que si estoy completamente convencida es que hubiera sido más fácil.
Para hacerlo al más puro estilo de guion televisivo así describo el momento:
EXT. LOS PALOS GRANDE. PARTE TRASERA DE PARQUE CRISTAL. NOCHE
Dos carros se estacionan con una distancia de al menos 150 metros de separación, uno se encuentra ubicado en la acera que da a una especie de plazoleta a la salida de Parque Cristal (por el lado de Los Palos Grande, no de la Francisco de Miranda), el otro se encuentra unos metros antes, aún en sentido sur-norte (como quien va a subir hacia la Cota Mil) para poder obtener el mejor ángulo desde la handycam.
Un chico que ya se dio cuenta que están buscándolo se acerca hasta el carro “europeo” en el que se encuentran el conductor, una mujer de copiloto, y otro hombre en la parte trasera que podía ejercer el papel de “mirón de palo”, pero que en realidad tenía una grabadora de periodista escondida entre sus piernas para dejar constancia de la conversación que se daría en lo sucesivo entre el “cortesano” y los clientes que lo estaban buscando.
                                                CHICA (mi amiga que iba de copiloto con cara de interés)
                                       ¡Hola! ¿estás trabajando?
                                                CORTESANO (sin prestarle el mínimo interés a mi amiga sino a mi amigo que estaba de chofer).
                                       ¡Hola! ¿El servicio sería para los 2? (Aún no había notado que atrás había un tercero…)

                                        Me mide tantos centímetros, puedo atenderlos a los dos si quieren,
                                         también a cada uno por separado.
Mientras tanto, mi compañera y yo grabábamos la escena desde la esquina.
                                                 CHOFER
                                           ¡Mira! ¿Y cuánto sería?
                                                  CORTESANO
                                           Por uno: tanto. Por los dos: tanto (nada que se daba cuenta que había un tercero).
                                                 CHOFER
                                           ¿Ninguna rebaja?
                                          Estamos “medio pegados del sartén”, vamos a pensarlo y
                                          cualquier cosa damos la vuelta.
Esa escena terminó ahí. Arrancamos los dos carros y nos fuimos a dar unas vueltas por los alrededores de la Av. Francisco Solano, a la altura de Plaza Venezuela, para ser más específicos detrás de la Previsora, ahí también se presentaba la misma movida.
Después de dar unas tres vueltas nos regresamos al primer punto, ahora para probar cómo sería la movida o el ofrecimiento si los que se encontraban en el carro eran dos hombres. Entonces mi amiga que estaba de copiloto se pasó a mi carro y mi amigo que estaba de clandestino en el asiento trasero se pasó para adelante.
Otro “cortesano se acercó a la ventana del carro” con el mismo discurso: hago tal, tal y tal; me mide tal… te costará tal y así sucesivamente. De nuevo mis amigos trataban de negociar la tarifa y dijeron que lo pensarían y en caso de que tomaran la decisión volverían a pasar. Una especie de “no nos llame, nosotros lo llamaremos”.
Con el material en mano ya estábamos listos para en los días siguientes sentarnos a ajustar audios y videos (que habían quedado por separado) y entregar uno de nuestros últimos trabajos de nuestra carrera universitaria.
Casi se me olvidaba contarles la razón por la que titulé con “Las cortesenas de Maracay”: ya habíamos terminado, pero antes de irnos a casa tuvimos que hacer una parada técnica para ir al baño en la arepera “Las tres esquinas” de Los Palos Grandes. Una de las integrantes del grupo ya se había ido, así que entramos al local dos hombres y dos mujeres “un dos pa dos pues”. Mi amiga y yo entramos corriendo al baño de mujeres. Mientras mis amigos camino al de hombres se encontraron al segundo chico al que habíamos parado y quien se había quedado esperando la respuesta del “no me llame, nosotros lo llamaremos”. Ante la oportunidad de llegar a un acuerdo, los persiguió al baño y aprovechó para abordarlos en los urinarios.
INT. BAÑO DE LAS TRES ESQUINAS. MADRUGADA
                                              CORTESANO 2
                             ¿Qué pasó chamo? ¿Decidieron cuadrar con mujeres?
                             ¿Las chamas que entraron al baño son putas?
                                              CHOFER
                               Sí vale, al final nos decidimos por ellas
                                             CORTESANO 2
                                Verga nunca las había visto
                             ¿De dónde son?
                                              CHOFER
                                Andan de paso por Caracas ¡Son de Maracay!
Fue así como en lo sucesivo mi amiga y yo quedamos bautizadas: “Las putas de Maracay”. Y ambas podíamos afirmar que si de algo estábamos seguras es que de Maracay no éramos…
¡Ojo!, ni putas tampoco.

Vanessa Zambrano M.

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Acerca del autor

Vanessa Elena Zambrano Moreno

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