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Las Hierbas Comestibles De Mi Abuela



Las Hierbas Comestibles De Mi Abuela - Salud

Cuando era pequeña, pasaba mucho tiempo con mi abuela materna. Me encantaba acompañarla al campo, a veces a coger algunas naranjas, otras a buscar caracoles, o a regar las verduras que había sembradas. Mi abuelo, por su parte, siempre llegaba a casa con un capazo lleno. Recuerdo, especialmente, manojos de acelgas, escarola y varias hierbas silvestres comestibles que mi abuela cocía juntas. Luego, tras rehogarlas con un poco de ajo y bacalao, preparaba unas empanadas que estaban riquísimas. Hoy en día, siguen siendo una de las comidas que más me gusta, aunque yo no conozco las distintas hierbas como lo hacía mi abuelo y, en consecuencia, las empanadas no me parecen tan sabrosas.

Aún así, cuando voy al campo, siempre voy mirando al suelo intentando reconocer algunas de aquellas hierbas que tan apetitosas me parecían. Luego, me encuentro con otro problema: aunque internet nos facilita mucho la labor a la hora de buscar información sobre cualquier cosa, el nombre que mi abuelo daba a las hierbas no coincide, casi nunca, con el nombre común y mucho menos con el científico. Existe una en particular que parece fácil de identificar, pero con esto sucede algo parecido a las setas: algunas variedades se parecen tanto que, o vas con cuidado, o puedes comer algo tóxico.

Afortunadamente, una de mis preferidas, la cerraja (a la que mi abuelo llamaba “llicsons”), con la que más probabilidades hay de confundirla es con el diente de león, lejanamente emparentadas y a cada cual de las dos más beneficiosa, así que esta suele ser mi mejor opción.

La cerraja, en sus distintas variedades, es totalmente comestible, de sabor ligeramente amargo (de ahí la costumbre de mezclarla con otras hierbas más suaves, como la acelga), se puede consumir cocida, rehogada o, los brotes más tiernos, en ensalada. Contiene magnesio, hierro, calcio y potasio, este último muy diurético. Es rica en antioxidantes y en ácido fólico, que ayuda a controlar el colesterol, la obesidad, enfermedades cardiovasculares e incluso la diabetes.

Por otro lado, si me confundo y algún diente de león acaba en la cesta, además de compartir con la cerraja todos sus beneficios: ayuda a tratar el estreñimiento; favorece la formación de glóbulos rojos y con esto la anemia; previene el acné y otras afecciones cutáneas; mejora el funcionamiento del hígado; y fortalece los huesos.

Así que, un paseo por el campo, en ocasiones, puede acabar siendo más beneficioso que solo por el hecho de salir a andar un poco.

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maytane

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