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Las jaulas de los migrantes están en otra parte

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Las jaulas de los migrantes están en otra parte - Política

No es para menos

Esta semana cobró fuerza el lamentable espectáculo cortesía de Donald Trump quien tiene al mundo entero with the jesus in the mouth. Abrimos y cerramos los ojos queriendo que no sea verdad y nada, ahí siguen las terribles imágenes de niños separados de sus padres y confinados en jaulas como si fueran peligrosas fieras. Pero esto es solo consecuencia, la situación es la dura política migratoria que trae en manos este señor. Digo, cada quién grita fuerte en su propia casa y ultimadamente los estadounidenses sabrán qué hacer en su rancho, siempre lo han hecho, pero esta vez la administración de Trump se está pasando de la raya y mostrándose al mundo como lo que son y no precisamente como damas y caballeros.

Es cierto que están en su derecho de cuidar las fronteras de su país aunque todavía no sabemos bien quién se los otorgó, pero para ver el problema en su contexto más amplio tenemos que echar un vistazo de águila desde elevadas alturas y, si nos fijamos bien, podremos darnos cuenta de que las verdaderas jaulas están en otra parte. Me explico.

La raíz

A mediados de los años 70, un grupo de aristócratas estadounidenses se sintieron amenazados porque muchos estadounidenses de clase media estaban alcanzando sus respectivos sueños americanos de tener una casa propia con un hermoso jardín, sus Mustang color candy apple en la cochera y una familia con acceso a buena educación y servicios de salud de calidad. Entonces algunos de ellos que seguro no tenían nada qué hacer, pienso yo, idearon una nueva política económica con el mero propósito de apoderarse de todas esas cosas que son indispensables para vivir y así concentrar la riqueza y el poder en unas cuantas manos. El primer modelo de tal iniciativa lo llamaron “Reaganomics”, y de ahí pa’l real.

Las políticas neoliberales iniciadas por la administración de Ronald Reagan, por cierto del partido republicano, se fueron extendiendo gradualmente alrededor del mundo hasta acuñar un concepto generalizado en los años noventa que conocimos como “globalización”. Unos a favor y otros en contra vimos como comenzaron a establecerse franquicias de McDonald’s en las esquinas de nuestras localidades y comenzamos a comprar zapatos hechos en Taiwán. Nadie podrá negar que el modelo económico neoliberal o globalizador resultó ser muy interesante gracias a la diversidad de los productos importados.

El caso de México

El TLC prometió incorporarnos al primer mundo y ahí vamos a como ratones hipnotizados a seguir las notas del flautín. El problema, estimados lectores y lectoras queridas, es que al enfocarnos en adquirir zapatitos y frijoles importados fuimos perdiendo capacidad en la planta productiva. Nada más para darles un ejemplo, siendo México el país de origen del maíz ahora importa el 70% de Estados Unidos o donde lo encuentre, en lugar de producir en su tierra originaria las variadas y ricas versiones y peor aún, compramos un maíz de dudosa calidad pues un estudio reciente de la UNAM encontró trazas de maíz transgénico no apto para consumo humano en el 90% de las tortillas que se consumen en México. ¿Lo pueden creer? Aquí es donde hay que tomar un poco de agua y respirar profundo.

Una más de las graves consecuencias del proyecto neoliberal implementado durante los últimos 40 años, es que al auspicio de gobiernos corruptos los grandes capitales extranjeros están transfiriendo la riqueza (valor agregado) generada con recursos y por manos mexicanas hacia sus respectivas y abultadas cuentas, porque al apoderarse de los recursos estratégicos como el petróleo y las gasolinas, la electricidad, el gas y de la producción de los alimentos básicos que necesita la raza para vivir, se estanca el desarrollo, no hay crecimiento suficiente para echar a andar al país y en cambio se genera pobreza. La prueba que nadie puede negar, ni siquiera Slim Helu, son los 53 millones de pobres que hay en México, aprox. Debería haber más pero muchos se fueron de migrantes a Estados Unidos.

La migración

Imaginemos una pequeña isla de náufrago en caricatura. De un lado de la isla hay platanares y palmeras. Del otro lado solo hay arena. En esa isla viven 20 personas, 10 viven del lado donde se dan los plátanos y los cocos y los otros 10 viven donde no hay nada. ¿A dónde creen que se van a querer ir a vivir los 10 que viven en el lado donde hay pura arena? No’mbre si soy un genio, les digo.

La verdad es que el fenómeno de la migración es una práctica de sentido común que el hombre ha seguido durante miles de años tal como las golondrinas y las mariposas Monarca lo hacen, así hemos migrado de un lugar a otro por el clima y en relación a la abundancia o a la escasez de comida y de leña en las cercanías para encender fuego y preparar la cena y calentar la casa. Esto no es novedad, pero fue hasta que domesticamos los alimentos al cultivar la tierra cuando comenzamos a establecernos en los lugares que nos diera la gana.

Las verdaderas jaulas

En conclusión, estimados amigos y amigas, la política neoliberal está concentrando el poder y la riqueza en unas cuantas manos causando a su vez extrema desigualdad en la distribución de la riqueza que a su vez genera millones de pobres alrededor del mundo, principalmente en países en vías de desarrollo incluido Estados Unidos donde también tienen el mismo problema. Bajo estas condiciones, la gente se ve obligada a buscar la vida antes de que sus sueños de bienestar mueran de hambre por inanición y migrar a lugares donde se come tres veces al día como es el caso del país de las barras y las estrellas. La solución, sigo creyendo yo, está en crear las condiciones necesarias en los países de origen de los migrantes para que desistan de migrar a un país que por principio de cuentas los desprecia, los maltrata y enjaula a los niños. Porque si nos fijamos y hacemos las cuentas bien, las verdaderas jaulas en las que están encerrados los migrantes son las rejas de desigualdad económica, extrema pobreza, explotación laboral, marginación social, hambre y miseria, jaulas que se encuentran justo en sus respectivas tierras que los vieron nacer.

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Acerca del autor

Jorge Luis Amparan

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