Humor

De las listas no cumplidas. (Checklists ignoradas)

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De las listas no cumplidas. (Checklists ignoradas) - Humor

El aquí presente querido lector, es ni más ni menos que un intento de desahogo por parte de una persona perfectamente común y corriente, así como tú, que acosado por el ajetreo de la vida moderna, probablemente también como tú, se ve obligado infinidad de veces a intentar rendir al máximo su tiempo dado para poder estar a la altura, o al corriente, de los tiempos que corren.

Dichos tiempos, bien sabemos, son tiranos, siempre lo fueron y siempre lo serán, pero pareciera que hoy lo son más que nunca.
Como no podemos confiar del todo en nuestra memoria natural, siempre con nosotros, ni mucho menos depender de los siempre útiles y prácticos anotadores de bolsillo, cuadernos o libretas, que a la larga van a ser olvidados en casa, el trabajo, o bien ser arruinados por un borbotón de café en medio de un colérico colapso nervioso nuestro, cualquiera de nosotros termina optando por aquellos instrumentos que también están siempre con nosotros, y a diferencia de los cuadernos son para nada olvidables: Nuestros móviles.

En el móvil de cada persona podemos encontrar una fórmula concentrada de su personalidad, pensamientos, gustos, aficiones, amores, quizá hasta preocupaciones, miedos y sueños. Usamos nuestro celular como un álbum de fotos inagotable, como agenda, calendario. La herramienta multipropósito del mañana, hoy. Y como no podía ser de otra manera, nos volvimos dependientes de dicha herramienta en la eterna carrera por ser más eficientes o quizá, menos anodinos. Cada quien con sus mañas y métodos, desde las famosas “cinco alarmas consecutivas, distanciadas cinco minutos una de la otra” cuando tenemos que madrugar para un día clave, hasta archivos de texto que contienen todos los objetivos que queremos cumplir, enlistados más o menos prolijamente por nosotros mismos.
De ser el lector/a un ser contemporáneo a quien relata, a esta altura habrá recordado más de una de esas listas que quedó totalmente relegada al olvido. Quizá terminó al final de la cola de una lista de listas, procastinada hasta otra vida en donde seamos más cumplidores o eficientes, o bien tengamos menos espectativas (listas más cortas, por consiguiente más plausibles de satisfacer).

Este texto no tiene otra naturaleza que el egoísmo puro: pienso que quizá contándolo pueda quitarme esta fijación con las listas inconclusas, ya sea dejándolas de escribir gradualmente o bien empezando a cumplirlas.. teniendo desde ya más fe en que ocurra la primera que la idílica segunda. Desde ya que si en el proceso estas palabras ayudan a alguien más, aunque más no sea por servir de lectura <pasatiempista>, ¡Bienvenido sea!

¿Cómo pienso lograr la meta autopropuesta de dejar las listas? Pues por medio de la exhibición: Compartiré con ustedes el contenido de alguna de mis listas. Algunos pueden parecer acciones básicas y muy cotidianas, al punto que se podría presumir que “este tipo, ¿De verdad necesitaba escribirse a sí mismo que recuerde pagar el alquiler de su piso? es decir, para nada olvidables. Otros más bien irrisorios por su naturaleza compleja, estos compromisos menos “de manual”, quizá sí son valederos de ser escritos a fin de ser recordados, pero tengo que admitir que llegué al paroxismo de la tontería al hacer caso omiso de los mismos a pesar de haberlos dejarlos sentados por escrito. Supongo que de ahí la frase “espere sentado.. se va a cansar”.

Acabados los preámbulos finalmente, vamos a lo que nos compete: saborear lo incumplido.

Veamos, desbloqueo mi teléfono y abro sus notas escritas.

Lo primero que noto es una tendencia a la repetición de tres pilares fundamentales, dentro de la categoría de quehaceres “sencillos”.

Se tratan de la limpieza del hogar, ir al trabajo y de aprovicionarme de productos básicos para no morir de inanición. Es decir, esto lo damos por sentado, desde que el tiempo andaba en pañales y empezaba a hacer caer sus primeros granos de arena en aquellos curiosos relojes en forma de ocho.

¿Qué otro ser vivo que no fuera el humano sentiría la necesidad de dejarse un recordatorio para procurarse el sustento básico de su vida? ¿Se ha visto un oso que se ate un hilo al dedo (¿debería haber dicho la zarpa?) para recordar la monumetal panzada que deberá darse de cara a la hibernación? ¿Los salmones agendan cuándo ir río arriba a desovar, o garabatean mapas para dejarse una constancia de cuál será la ruta menos congestionada? En este punto espero realmente no ser la única alma negligente que escriba este tipo de cosas en sus listas.

Continuamos descendiendo por el amplio y descendente espiral de la ridiculez ante una anotación en otra de mis listas, que reza: “Comprar antibióticos”. Corroboro la información del archivo escrito en el teléfono, y un breve chequeo mental me indica que en la fecha misma de la anotación había ido al médico. La hora en que fué guardada la nota me indica que la almacené justo después de salir de la consulta.. camino a la farmacia. ¿Es esto una falta de confianza en mi propia memoria? ¿O simplemente evidencia de que mecanicé un poquito de más esto de las listas? ¿A mi inconciente ya bien le consta que el lapso en que puedo mantener un pensamiento es similar o inferior al de un goldfish doméstico? En este punto quiero hacer breve alto para aclarar lo siguiente: ya estoy bien, la infección remitió al tercer ó cuarto día de tratarla con antibióticos, llevándose consigo la fiebre, sudoración, tembleques y otras cosas desagradables. Eso sí, empecé a administrarme los antibióticos recién dos días después de la consulta médica, debido a que al entrar a la farmacia unas ofertas de “2 x 1 en golosinas que probablemente no esperabas comprar en una farmacia” captaron mi atención y la monopolizaron sin piedad por mí o mi salud.

Encuentro la siguiente bastante simpática. Simplemente dice “uña encarnada”.  Me congratula un poco a mí mismo ver que la sencillez de esta anotación denota la confianza ciega que tuve en mi memoria. No tuve que agregar “que me está haciendo morir del dolor a cada paso que doy” o “pedicuría urgente si deseas sobrevivir una semana más” Quizá simplemente fué un recordatorio así de lacónico por las pocas ganas de escribir que me quedaban después de tener que arrastrarme de la cama hasta donde tenía el móvil, por inconvenientes a esta altura más que obvios con mi bipedestación.

Ahora dejamos atrás las molestias físicas para observar más hacia el interior, más precisamente, hacia el estómago. Puedo leer que hace unos pocos meses escribí algo así como “pensar qué hacer de cenar en tal ocasión venidera”. En retrospectiva, me di cuenta que esto no fué muy distinto a arremangarse un abrigo justo antes de quitárselo. Es decir, invertí tiempo dos veces en una misma cosa, escribir que debería pensar en qué preparar para comer.. y llegado el momento, disponerme realmente a pensar qué preparar de comer. Una especie de ping-pong de un único jugador, si se quiere. O quizá volley, puede que “volley de a uno” sea una mejor analogía.

¿Lo curioso al respecto de esto? Que seguramente, de no haber escrito el recordatorio de “¿qué voy a hacer de cenar?”, hubiese de todos modos hecho la cena esa noche. En la era de la reingeniería de procesos en pos de la máxima eficientización del tiempo, yo me invierto el mío en hacerme acordar lo que me tengo que acordar.

Proseguimos con dos notas de tipo muy mundano, que tienen en común estar escritas en un tono como de ultimatum. Una me insta a que  de una vez por todas informe en el trabajo la fecha en que quería salir de vacaciones.. para las cuales ya tenía los pasajes aéreos adquiridos. Vamos a dejar de lado el acto de paupérrima organización que significa conseguir los aéreos antes de confirmar en el trabajo mi período de libertad anual, para poder usarlos. Estamos hablando del trabajo, al decir trabajo, hablamos al mismo tiempo de un lugar al que vamos y de una actividad que desempeñamos. Lugar al que es de común usanza que vayamos la mayoría de nuestros días a desempeñar dicha actividad, durante no pocas horas. ¿Qué me hacía pensar en que podía llegar a olvidarme de informar mi fecha de vacaciones.. como finalmente ocurrió? Al día de hoy me sigue poniendo contento el hecho de que me iba más bien en temporada baja. Lo segundo a recordar era sobre mi medio de movilidad: la moto. También en un tono que lo requería con premura, casi de manera beligerante, insté al “yo mismo” del mañana a que sea un poco menos mal llevado y la lleve al taller. ¿Tono beligerante con uno mismo? podrá el lector estar preguntándose. Sin duda olerá a exageración o quizá histeria, si se tratara de “algún ruidito” en el funcionamiento del vehículo o alguna otra nadería típica en rodados con motor. Mi caso era menos una nadería y más parecido a algo urgente. Mi motocicleta lloraba combustible. Ni bien le era cargado, caía casi reparo al suelo bajo la misma, por todos lados. Era casi espectacular ver cómo la moto parecía estar derritiéndose a paso acelerado, un fenómeno tan mesmerizante de ver como aromático. Adictivamente aromático, admito. ¿Alguna vez llenaron la bañera de agua caliente para un merecido baño de inmersión, para al depositar su humanidad (o animalidad quizá si a esta altura me siguen leyendo), y descubrir anonadados que deberían haber cerrado los grifos un momento antes?  Bien, ahora que tenemos la escena en el imaginario, trasladémosla a la gasolinera en que tuve el <accidente>, en el cual por suerte el líquido estaba bastante más templado que el agua del baño de inmersión. Para alegría mía y del resto de las gentes con fósiles líquidos hasta las rodillas esa noche.

Con todo lo dicho sobre el incidente de mi vehículo, quedaría claro que hacerlo ver por un profesional sería más bien apremiante. Así y todo planté el requerido escrito que me recuerde la necesidad de concertar y cumplir esta cita. Acciones que resultaron relegadas, a pesar de su presencia en mis listas, un buen par de días. A veces esas promociones de “2 x 1 en golosinas que no esperabas comprar en la farmacia” llaman muy poderosamente y la retienen un buen tiempo.

En este punto, tengo que admitir que mi descargo está siendo satisfactorio y me siento en vías de poder dejar atrás este período de listas no resueltas. Cabe descatar que hay aún muchos ítems más que interesantes por describir, pero hay un sólo obstáculo a que los mismos vean la luz, y es cierto sentido de la autoconservación que me ataca. Porque si hasta ahora los memos que les conté les parecieron ridículos, imaginen los que al menos por hoy, elijo guardarme..

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