Sociedad

Las Mujeres Y Los Buenos Modales

Las Mujeres Y Los Buenos Modales - Sociedad

La urbanidad sirve para que podamos convivir. Muestras de respeto al espacio del otro, como moderar el volumen de la voz, o bien, actos de consideración hacia la sensibilidad del otro, como pedir las cosas “por favor”, nos ayudan a relacionarnos armoniosamente y a tolerar a aquellos con quienes preferiríamos no relacionarnos. Hay unos “modales” básicos que son necesarios.

Sin embargo, algunos “buenos modales” pueden ser operadores de la restricción. Tradicionalmente, las mujeres eran educadas para agradar con su presencia y su trato; para que lo consiguieran se les adiestraba en contención: no reír a carcajadas, no dejar que se note una indigestión, no ensuciarse… No es que a los hombres no se les enseñaran modales, es que ellos tenían permiso para no contenerse en muchas circunstancias; se les exigían otras cosas.

En el caso de las mujeres, la educación de los “buenos modales” es parte de lo que nos dificulta rechazar cosas que no queremos, aunque sean claramente dañinas. Suele enseñarse a las niñas a recibir y agradecer los halagos, los favores y los regalos, aunque no los quieran recibir ni agradecer. Es como si estuviera mal “no querer”.

Hasta la fecha, hay a quienes les cuesta entender que detrás de un halago suele haber una evaluación sobre una característica de la persona, que la persona evaluada no está obligada a aceptar. Quien dice, por ejemplo, “eres bonita”, se coloca en posición de juez sobre el aspecto físico. También cuesta entender que hay favores y regalos invasivos o que envían mensajes agresivos o que crean compromisos que no se desean.

Hay personas que ven mal decir con firmeza “no, gracias”; sin embargo, afirmarse en el mundo, muchas veces hace necesario decir “no” sin el “gracias”. Tomar o defender lo que a una le corresponde, muchas veces hace necesario exigir sin “por favor”. Vivir a plenitud muchas veces hace necesario botar las restricciones que impiden que hagamos lo que queremos. Un límite razonable puede ser el derecho del otro a ocupar su espacio y también vivir plenamente; pero en esta época, no parece muy razonable limitar el comportamiento para ser “bien vistas”.

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Silvia Parque

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