Literatura

Las Obras Literarias Que Marcaron Mi Vida (I)

Las Obras Literarias Que Marcaron Mi Vida (I) - Literatura

Los lectores que hayan tenido la amabilidad de ojear algunos de mis anteriores (y escasos) artículos, han podido comprobar que trataban de matemáticas y más en concreto, de conjuntos numéricos. Al fin y al cabo, he dedicado muchos días de mi vida laboral a los números y a las ciencias. Pero una de mis grandes aficiones ha sido, desde niño, la lectura, así que para cambiar un poco he decidido compartir con ustedes algunos de los títulos de las obras cuyo mensaje, de una u otra forma, perduró en mí e incluso influyó en mi forma de ser y de pensar. Quiero aclarar que esto no pretende ser ni una crítica literaria de las mismas (no tengo conocimientos ni preparación para ello) ni un resumen de su argumento: sólo quiero compartir mis sensaciones consecuencia de su lectura, algo si quieren mucho menos importante que una crítica pero más íntimo (para eso escribimos) y que, quién sabe, puede servir como consejo, más o menos acertado, a alguno de los que comparten conmigo estas páginas. Ahí van las cinco primeras obras, elegidas en cuanto a orden sin ningún tipo de criterio:

Las Benévolas, de Jonathan Littell (2006): una novela dura. Muy dura. El título hace referencia a la Orestíada, escrita por Esquilo. Si usted afronta la lectura de esta obra, a momentos (o durante semanas: estamos hablando de 1200 páginas de libro) dejará de creer en la amistad, en los hombres, en las mujeres, en el noviazgo, en la solidaridad, en la familia, en el amor heterosexual, en el amor homosexual…y todo ello a pesar de que en el retrato psicológico de algunos de los personajes (no en el del protagonista, desde luego) se atisba, en medio del horror de la guerra, sutiles rasgos de ternura, incluso bondad, y sobre todo, el drama de la debilidad humana. Una de sus numerosas extravagancias es que Las Benévolas está dividido en siete capítulos, bautizado cada uno con el nombre de una danza barroca. Cuando, finalizada la obra, cierre el libro con una cierta brusquedad y un inconfundible desasosiego, tal vez le asalte por un segundo la idea de que la humanidad es absolutamente despreciable. Olvide pronto ese pensamiento, puede llegar a ser muy peligroso. Alguien dijo que “la verdad es algo terrible, cuesta quedarse solo”.

La Hoja Roja, de Miguel Delibes (1959): tuve la gran fortuna de leer este magistral relato muy joven. Creo que desde ese momento cambió mi percepción de aquello que sigo llamando vejez (aunque ahora estén de moda los eufemismos), que tan lejana parecía entonces y ahora ya no tanto. Catalogarla como entrañable es quedarse corto. Todo en ella es sublime: la caracterización de los personajes, la descripción de la vida de provincias en el Valladolid de mediados de siglo XX, las pinceladas que fingen ser casuales y que hacen irrumpir en la obra la España rural, la facilidad con la que empatizamos con la soledad del protagonista, un anciano viudo que convive con la chica que en régimen de interna ejerce como empleada de hogar… (¿cómo no esperar de una obra de Delibes la conclusión final?: el hombre está solo e incomprendido, rodeado de personas crueles y envidiosas, la vida es dura y quizás estéril)…Si a este contexto añadimos un final con dos quiebros completamente inesperados, capaces de sorprender al más curtido de los lectores, su valoración está clara: una obra maestra, quizás desapercibida entre las más conocidas del autor (merecedor, según mi modesta opinión, del premio Nobel) y por ello no suficientemente valorada.

El Nombre de la Rosa, de Umberto Eco (1988): cada línea de la obra destila la erudición del autor, empezando por el nombre del protagonista, el monje Guillermo de Baskerville, un homenaje sin disimulos a Conan Doyle y su personaje Sherlock Holmes (recuerden “El perro de Baskerville”). Uno de los problemas de esta obra puede ser precisamente ese: el señor Eco era más culto que todos nosotros juntos y claro, cuesta seguirlo porque piensa que todos compartimos sus inabarcables conocimientos. Es cierto, además, que el comienzo de la novela resulta tedioso, por las constantes referencias a aspectos eruditos de la Edad Media y lo críptico de su arte y la frecuente utilización de términos arcaicos y expresiones latinas. Pero la trama es impecable, transmite un suspense digno de la mejor novela negra, y la caracterización de la época donde transcurren los hechos es inmejorable: como lector te sientes transportado a aquel tiempo y a aquella sociedad, con muchas sombras, pero también con muchas luces, lo cual no siempre es reconocido en nuestra maravillosa sociedad actual (eso nos dicen cada día, ¿no?). En resumen: obra imprescindible. Por cierto, en uno de tantos pasajes memorables del texto, el coprotagonista, un novicio, se lamenta de que, de su único amor mundano, una joven que morirá en la hoguera (en la adaptación cinematográfica han tenido el mal gusto de cambiar esta escena), no ha llegado a conocer ni su nombre… ¿no han tenido ustedes, en alguna de esas tardes malas, esa sensación?

Los muertos, de James Joyce (1914): en este cuento, incluido en Dublineses, colección de quince relatos que tienen lugar en la ciudad natal del autor, Dublín, nuestro protagonista, Gabriel Conroy, sospecha desde el principio que su presencia en la cena navideña organizada con meticulosidad obsesiva por sus tías no iba a resultar precisamente agradable. El transcurso de la noche, trufada de personajes magistralmente retratados y situaciones triviales pero reveladoras y a momentos desconcertantes hasta el surrealismo, le va a confirmar tal hecho. Mientras tanto, nieva, nieva copiosamente sobre Dublín y toda Irlanda. La obra concluye magistralmente, con un protagonista en plena madurez que ve que su mundo está a punto de estallar en pedazos (“Había llegado la hora de ponerse en camino hacia el oeste”) mientras asimila, desolado, la idea de que su mujer, profundamente dormida a su lado, ha compartido con él toda su vida sin haberla llegado a conocer jamás y manteniendo en lo más profundo de su alma quien sabe qué reales o imaginados secretos. Y, por supuesto, continúa nevando. El párrafo final es en sí mismo una obra maestra de la literatura: tal vez sólo comparable, desde mi humilde punto de vista, a los párrafos finales de “Un amor de Swann”, del inconfundible Proust. La obra ha sido llevada a la pantalla por John Houston, y podemos decir que al menos la adaptación no resulta desastrosa.

Zafarrancho en Cambridge, de Tom Sharpe (1974): Lo primero: es justo reconocer que mucha literatura de humor no es de gran calidad, pero ¿no ocurre lo mismo con los demás géneros? Una vez dicho esto, reconozco que Tom Sharpe no es uno de mis autores favoritos, y que Zafarrrancho en Cambridge no consigue enganchar al lector en sus primeras páginas. Sin embargo, creo que se debe incluir la obra entre las relevantes para cualquier lector por la clarividencia del autor: la novela está escrita ¡en 1974!, y en ella se habla, en clave de humor y con una socarronería muy británica, que garantiza algunas carcajadas sobre todo al final del relato, de uno de los problemas más graves de nuestra época y por el que todos los gobiernos quieren pasar de puntillas: la degradación del sistema educativo en la mayoría de nuestros países. Algunas frases son de antología, por ejemplo: “Una vez más, estamos ante la absurda suposición de que, si compramos suficientes olmos, alguno acabará dando peras” A esto añadimos la denuncia de la manipulación del comportamiento e ideología de la sociedad por parte de un ejercicio periodístico manejado por corruptos sin escrúpulos… ¿verdad que les resulta familiar? Todo ello en medio de una sociedad en profundo cambio, en nombre de quién sabe qué oscuros intereses, con unos hechos que acaecen tras los muros de una respetable institución académica de la venerable Cambridge. Tras el aparente desenfado del texto, el lector puede llegar a intuir que, como tantas y tantas sátiras, está escrito desde la desolación, por un autor que decide asistir sin inmutarse a un espectáculo que tolera pero que no comprende.
No quiero extenderme más por hoy. Sólo quiero proponer que, si tienen la suerte de poder dedicar unas horas a la lectura las próximas semanas, prueben con alguna de mis recomendaciones. Ojalá les reporten tantas satisfacciones como las que me aportaron a mí.

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

4.78 - 9 votos
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

Truebano

2 comentarios

Deja un comentario

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información