Literatura

Las Pequeñas Decepciones

Las Pequeñas Decepciones - Literatura

Cuando se trata de sacrificios: la última cucharada, el agua caliente de la ducha, los pies descalzos, madrugar y aburrirme esperando. Conozco casi todos (a excepción de los relacionados con ser madre, o celosa, o ambas cosas). Callar ante determinadas preguntas, fingir ser una amiga y nada más, ceder ante determinadas peticiones, deshaciendo todo arraigo moral. Quizás no matase ni muriese por ti (nadie muere de amor por voluntad propia), pero he estado cerca de lo más parecido a la muerte en vida. El silencio de una boca que no responde ante las súplicas, ¿no es acaso eso morir en vida? Sí, si esa es la boca amada. Pero yo vivía porque regresases cuantas veces me hicieras falta, y así lo hiciste.

Cada regreso una pequeña decepción e incontables alegrías que ya no recuerdo. Las decepciones sí, esas hacen mucho más bulto y conocen los misteriosos mecanismos de la revisión (de ver dos veces).

No quisiste ser moderado y lo acepté; no quisiste ser feliz y lo acepté; no quisiste ser generoso y lo acepté. Todo ello junto o por separado, siempre ha sido aceptado, aunque no sin condiciones. ¿Acaso no ha prevalecido siempre en mí la fe de poder cambiarte? ¿Es esto una forma de querer manipularte? No, pues nunca ha dejado de ser fe y nada más. Todo fue y es como ha tenido que ser. Pero eso no quita que: tuvieras los gustos más desagradables, las peores costumbres, la pereza inacabable de un adolescente. Sin embargo, nunca experimenté una sensibilidad superior, un respeto más grande y un cariño más fuerte (cuando recordabas que nadie es nada sin cariño).

Quiéreme, quiéreme ahora todo lo que puedas, ahora que puede corresponderte con el alma y con todo lo material que me compone, que te abrazo sin rechazo y busco tus besos aún. Quiéreme ahora que aún las palabras de cariño no son prestadas ni exigidas, ahora que aún guardamos cierto reparo a andar cogidos de la mano. ¿Cómo será el día en que no puedas quererme más? ¿Quién se perderá antes? Yo creo haberlo vivido todo otras veces pero nunca se sabe… Habrá una primera ofensa, que alguien despierte tu atención y tu sonrisa y ya nunca me respondas como antes. Tú, que nunca has sido muy dado a cumplir promesas pero sí a hacerlas; yo, que nunca he sido de esperar demasiado de nadie, me moriré pensando que nunca quisiste cumplirlas o peor, que se te olvidaron sin más.

Entonces los reproches, y porque tú, y porque yo. ¿Aquel día que fue tan importante para ambos? Yo tampoco lo recuerdo. La sangre que es bombeada cada vez con más fuerza, las sienes palpitando y la garganta engrosada, engarrotados los músculos en una posición de defensa. “Nada es lo que parece”, “todo tiene una explicación”. ¿Cómo podría no tenerla? Se perdió el cariño, siempre es lo mismo. No hablo de fidelidad, no, hablo de cariño, cuando eso se pierde ya no hay nada que hacer ni conversación coherente que se sostenga.

Llegarán los días posteriores de reflexión, pensando si hicimos bien o mal, al menos yo creeré estar en lo correcto, estoy segura de ello, siempre lo estoy y es lo único que tengo. Volverás para decirme “no todo es como tú lo piensas, no soy nada de lo que me atribuyes, pero esta forma de pensar ya se puso en marcha mucho antes de que tú llegaras. Tú despertaste la desconfianza, se encendieron los malos pensamientos que ahora son verdades, lo quieras o no.

¿Me estaré equivocando? No, esto es todo lo que tengo. La razón y anda más. Dame otra oportunidad, ahora que estamos a tiempo, permíteme que me deshaga de estos pensamientos que envenenan hasta al más santo. Quiéreme, quiéreme. Perdóname por hacerte sentir mal. En el fondo no eres así, ni yo tampoco; no te conozco, grítamelo otra vez. Yo no lloro pero lo siento mucho también. Recuérdame las confianzas guardadas, los secretos entregados, ¿cuáles son mis complejos? Grítamelos. Yo no tengo miedo, no tengo miedo, no tengo miedo. Estoy aceptando lo que se aviene, estoy huyendo antes de tiempo.

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LeDonis

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