Literatura

Las Voces De Azucena

Las Voces De Azucena - Literatura

Dentro de todas las cosas que se me van olvidando en el hostil paso del tiempo existe una que me es imperdonable: la criptica sensación de sentir que voy olvidando de manera irremediable la voz de Azucena.
Blanca Azucena es mi abuela, la abuela Blanca. Y además de tener el nombre más hermoso del mundo es la mujer mas hermosa del mundo o al menos lo fue hasta hace quince años atrás. Y este dato no menor es el único consuelo para mi torpe memoria que gestiona el olvido.
Recuerdo tantas cosas que ocupan espacio en mi memoria RAM en vano nomas. Nombres completos de compañeros de colegio como Carlos Ernesto Gracias Moreno o Juan Ignacio Nasso Gonzales. Apellidos compuestos que, calculo yo, no me van a servir para ninguna satisfacción más que para recordar nombres por el solo hecho de hacerlo. Recuerdo también, como si fuera ayer, la voz nítida y exacta de mi maestra de quinto grado invitándome a firmar el cuaderno de amonestaciones por alguna burrada que me mande. Datos en mi sistema ocupando un espacio valioso a esta altura de mi vida. Porque a esta edad, ya pasado los treinta años, el alma empieza a reclamar necesidades básicas a nuestra memoria. Como recordar a detalle tendido la tarde en que pase horas con mi hermana al hombro enseñándole a caminar o la primera noche en que mi hijo durmió en mi pecho siendo a penas un sinato.

Pero no me culpo. Y en esta mea no culpa habita una teoría que redime mi comportamiento nefasto y condenable al suicidio. Un mecanismo de defensa hace que vaya modificando el recuerdo de la voz de Azucena casi imperceptiblemente. Desde la ultima vez que oí su voz original al día de hoy mi memoria reciente recicla los rasgos de la voz que creo haber escuchado hace más de quince años atrás. Una metamorfosis que me salva la vida en un naufragio que tiene como destino arruinar lo original como mal versionar una canción de Spinetta en cumbia no tradicional o plagiar a los Beatles.
Una crianza analógica de clase media baja trae sus bellezas y sus malarias. Y esta es una de esas, visto que el único registro que queda de la voz de Azucena es un bosquejo a mano de mi memoria deshilachada.
Una fotografía en la mesita de luz de mi may a veces me acomoda este dilema de cimientos desordenados fácilmente comparable con una partida de yenga entre dos personas que sufren el mal del Parkinson.
En la foto ella sonríe a medias. Un gesto semi desnudo de su belleza y una mirada que escondía, en ese momento, sus calvarios y su bondad. Azucena se llevó consigo un pedazo irreparable de mi alma. Y me dejo esta claridad de saber que olvido a pasos agigantados la voz de la mujer mas hermosa que transito este mundo cabrón.
En ocasiones me detengo a ver la foto de la abuela Blanca con detenimiento con la esperanza de que algún día , por esos azares de la vida se desprenda de la imagen una palabra, una queja, algún sonido que me saque de esta amnesia imperdonable.

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Gaspar

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