Literatura

Letras del Cancionero Argentino



Letras del Cancionero Argentino - Literatura

Cerrame el ventanal, que arrastra el sol
su lento caracol de sueño,
¿No ves que vengo de un país
que esta de olvido, siempre gris,
tras el alcohol?  (Cátulo Castillo – Aníbal Troilo)

 

 

Yira… yira… (Enrique Santos Discépolo)

Cuando la suerte, que es grela,
fayando y fayando te largue parao;
cuando estés bien en la vía,
sin rumbo, desesperao;
cuando no tengas ni fe,
ni yerba de ayer
secándose al sol;
cuando rajés los tamangos
buscando ese mango
que te haga morfar,
la indiferencia del mundo,
que es sordo y es mudo,
recién sentirás.
Verás que todo es mentira,
verás que nada es amor,
que al mundo nada le importa,
yira… yira…
Aunque te quiebre la vida,
aunque te muerda un dolor,
no esperes nunca una ayuda,
ni una mano, ni un favor.
Cuando estén secas las pilas
de todos los timbres que vos apretás
buscando un pecho fraterno
para morir abrazao;
cuando te dejen tirao,
después de cinchar,
lo mismo que a mí;
cuando manyés que a tu lado
se prueban la ropa que vas a dejar
te acordarás de este otario
que un día, cansado,
se puso a ladrar.

 

La canción del linyera (Ivo Pelay – Antonio Lozzi)

Cuando se asoma alegre el sol,
sobre los campos de “El Talar”
Junto a las vías… van los linyeras…
Llevando como el caracol
la casa a cuestas
y al azar
van los linyeras… todos los días.
Ellos no saben de dolor
y en cada boca hay un cantar,
y a gritos dicen… sus alegrías.
Indiferentes al amor
y en el eterno trajinar
ellos desechan… melancolías.
Cuando se asoma alegre el sol,
sobre los campos de “El Talar”
junto a las vías… van los linyeras…

Y al pasar… se oye un peón…
entonar esta canción:
Linyera soy,
corro el mundo
y no sé dónde voy,
Linyera soy,
lo que gano
lo gasto o lo doy.
No sé llorar,
ni en la vida deseo triunfar.
No tengo norte,
no tengo guía,
para mí todo es igual.

 

Chiquilín De Bachín (Horacio Ferrer – Astor Piazzolla)

 

Por las noches, cara sucia

de angelito con bluyín,

vende rosas por las mesas

del boliche de Bachín.

Si la luna brilla

sobre la parrilla,

come luna y pan de hollín.

Cada día en su tristeza

que no quiere amanecer,

lo madruga un seis de enero

con la estrella del revés,

y tres reyes gatos

roban sus zapatos,

uno izquierdo y el otro ¡también!

Chiquilín,

dame un ramo de voz,

así salgo a vender

mis vergüenzas en flor.

Baleáme con tres rosas

que duelan a cuenta

del hambre que no te entendí,

Chiquilín.

Cuando el sol pone a los pibes

delantales de aprender,

él aprende cuánto cero

le quedaba por saber.

Y a su madre mira,

yira que te yira,

pero no la quiere ver.

Cada aurora, en la basura,

con un pan y un tallarín,

se fabrica un barrilete

para irse ¡y sigue aquí!

Es un hombre extraño,

niño de mil años,

que por dentro le enreda el piolín.

 

Naranjo en flor (Homero Expósito -Virgilio Expósito)

 

Era más blanda que el agua,

que el agua blanda,

era más fresca que el río,

naranjo en flor.

Y en esa calle de estío,

calle perdida,

dejó un pedazo de vida

y se marchó…

Primero hay que saber sufrir,

después amar, después partir

y al fin andar sin pensamiento…

Perfume de naranjo en flor,

promesas vanas de un amor

que se escaparon con el viento.

Después…¿qué importa el después?

Toda mi vida es el ayer

que me detiene en el pasado,

eterna y vieja juventud

que me ha dejado acobardado

como un pájaro sin luz.

¿Qué le habrán hecho mis manos?

¿Qué le habrán hecho

para dejarme en el pecho

tanto dolor?

Dolor de vieja arboleda,

canción de esquina

con un pedazo de vida,

naranjo en flor.

 

Afiches (Homero Expósito – Atilio Stampone)

Cruel en el cartel,
La propaganda manda cruel en el cartel.
Y en el fetiche de un afiche de papel
Se vende la ilusión, se rifa el corazón.
Y apareces tú
Vendiendo el último jirón de juventud
Cargándome otra vez la cruz.
Cruel en el cartel
Te ríes corazón…

Dan ganas de balearse en un rincón.
Ya da la noche a la cancel
Su piel de ojera
Ya moja el aire su pincel
Y hace con el la primavera.
Pero que! Si están tus cosas
Pero tu no estas
Porque eres algo para todos ya
Como un desnudo de vidriera.
Luche a tu lado para ti, por dios,
Y te perdí…
Yo te di un hogar,
Siempre fui pobre pero yo te di un hogar.
Se me gastaron las sonrisas de luchar
Luchando para ti
Sangrando para ti.
Luego la verdad
Que es restregarse con arena el paladar,
Y ahogarse sin poder gritar
Que yo te di un hogar.
Fue culpa del amor,
Dan ganas de balearse en un rincón.

 

Balada para un loco (Astor Piazzolla – Horacio Ferrer)

Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu casa, por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en vos. . . Cuando, de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo. Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizón en el viaje a Venus: medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre levantada en cada mano. ¡Te reís!… Pero sólo vos me ves: porque los maniquíes me guiñan; los semáforos me dan tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares. ¡Vení!, que así, medio bailando y medio volando, me saco el melón para saludarte, te regalo una banderita, y te digo…
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao…
No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor… ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao…
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;
y a vos te vi tan triste… ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!…
el loco berretín que tengo para vos:
¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Cuando anochezca en tu porteña soledad,
por la ribera de tu sábana vendré
con un poema y un trombón
a desvelarte el corazón.

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Como un acróbata demente saltaré,
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad…
¡Ya vas a ver!
Salgamos a volar, querida mía;
subite a mi ilusión super-sport,
y vamos a correr por las cornisas
¡con una golondrina en el motor!
Del Vieytes nos aplauden: «¡Viva! ¡Viva!»,
los locos que inventaron el Amor;
y un ángel y un soldado y una niña
nos dan un valsecito bailador.
Nos sale a saludar la gente linda…
Y loco, pero tuyo, ¡qué sé yo!:
provoco campanarios con la risa,
y al fin, te miro, y canto a media voz:
Quereme así, piantao, piantao, piantao…
Trepate a esta ternura de locos que hay en mí,
ponete esta peluca de alondras, ¡y volá!
¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení!
Quereme así, piantao, piantao, piantao…
Abrite los amores que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir…
¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-la-larará!
¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
Loca ella y loco yo…
¡Locos! ¡Locos! ¡Locos!
¡Loca ella y loco yo!

 

Jacinto Chiclana (Jorge Luis Borges – Astor Piazzolla)

 

Me acuerdo, fue en Balvanera,

en una noche lejana,

que alguien dejó caer el nombre

de un tal Jacinto Chiclana.

Algo se dijo también

de una esquina y un cuchillo,

los años no dejan ver

el entrevero y el brillo.

¡Quién sabe por qué razón,

me anda buscando ese nombre!

me gustaría saber

cómo habrá sido aquel hombre.

Alto lo veo y cabal,

con el alma comedida;

capaz de no alzar la voz

y de jugarse la vida.

“Nadie con paso más firme

habrá pisado la tierra,

nadie habrá habido como él

en el amor y en la guerra.

Sobre la huerta y el patio

las torres de Balvanera,

y aquella muerte casual,

en una esquina cualquiera”.

Sólo Dios puede saber

la laya fiel de aquel hombre

señores, yo estoy cantando

lo que se cifra en el nombre.

Siempre el coraje es mejor

la esperanza nunca es vana

vaya, pues, esta milonga,

para Jacinto Chiclana.

 

Cordón (Chico Novarro)

 

Viejo cordón de mi vereda…

Paredón de suelas, tropezón de amor.

Mientras nadie habla de vos

mientras nadie te recuerda

sos el costado que encierra,

por derecha y por izquierda,

un siglo de procesión.

Sos la escolta sin barullo

de un barrendero y su orgullo,

de un trasnochado botón.

Duro, como el alma de un frontón

sos un penal, de curdas y mosquitos,

largo y pisoteado cinturón

de una ciudad, que va creciendo a gritos.

Si te habrás mamado de alquitrán,

de pucho y celofán, de correntadas,

panteón de rata enamorada

que cruza sin mirar, el callejón.

sobre el almanaque de tu piel

corrió la miel, de trompos y monedas

viejo cordón de mi vereda,

la luna y el hollín te hicieron gris.

Contame un poco más, del tiempo aquél,

en que el tranvía te afeitaba

cuando la noche era un festín,

de taco y de carmín, en la enramada.

Hablame del zaguán, el verso aquél

que se llevó la alcantarilla

si en este mundo sin orillas

el único peatón sos vos.

 

La tarde (Atahualpa Yupanqui)

 

Va rejuntando sus cobres
Sobre los campos la tarde.
Alarga su sombra el árbol
Como queriendo fugarse.
Hacia los montes vecinos
Pasan volando las aves
Y la perdiz silba tímida
Oculta en los pajonales.
Mi guitarra lentamente
Cuelga su canto en el aire
Mientras rejunta sus cobres
Sobre los campos la tarde.
Pasa un jinete de sombra
Llevando en ancas la tarde,
La va a esconder en la sierra
Donde no la encuentre nadie.
Al abrigo de una choza
Ha de vivir su romance
Sobre un poncho de misterio
Detrás de los pedregales.
Mi guitarra lentamente
Cuelga su canto en el aire
Mientras se pierde el jinete
Llevando en ancas la tarde.
Campos de la patria mía
Distancia, amor y paisaje,
Qué hermoso es vivir cantando
Junto al adiós de la tarde.

 

Zamba del laurel (Armando Tejada Gómez – Gustavo Leguizamón)

 

Si lo verde tuviera otro nombre

debería llamarse rocío

si pudiera crecer desde el agua al laurel

volvería a la infancia del río.

En lo verde laurel de tus ojos

el misterio del bosque se asoma

y la vida otra vez vuelve flor de tu piel

bajo un sol de muchacha y aroma.

Déjame en lo verde

celebrar el día

porque por lo verde

regreso a la vida

yo muero para volver

juntando rocío en la flor del laurel.

Si lo verde supiera tu nombre

la ternura no me olvidaría

porque viene de vos puro y simple el verdor

como el simple verdor de la vida.

Se me ha vuelto cogollo el silencio

de esperarte a la orilla del río

y me gusta saber que un aroma a laurel

te llenó de rocío el olvido.

 

Vendrás con el mar, las uvas y el sol (Gian Franco Pagliaro)

 

Hay un perfume de flores recién nacidas hoy, en el aire.

Y un verde muy verde

un verde fuerte intenso prepotente

que cubre todos los árboles  y todas las plazas de la ciudad.

Es tiempo de primavera mi amor, y yo ya pienso en ti.

En las olas que año tras año te dejan puntualmente sobre la arena de mi playa impaciente.

Hecha espuma, viento marino, gaviota y a veces…

un pequeño caracol…

Ya te veré salir de nuevo,

salir del agua bronceada muy sonriente despreocupada.

Ya te veré de nuevo jugar y correr descalza bajo el sol.

Ya besaré tu pelo negro,

tu cuerpo adolescente, tu juventud,

tu boca de coral, tu piel con gusto a sal cada atardecer…

A veces pienso si vendrás a veces, sólo a veces.

Yo sé que vendrás.

Vendrás con el mar, las uvas y el sol

con las primeras olas.

Vendrás para volver de nuevo a sonreír

para olvidar el gris de la rutina

el gris multiforma

ese gris insistente y siempre presente

como el tiempo.

Como un triste recuerdo.

 

Querida (Sandro)

 

Mira como está de alto ese árbol

que plantamos tiempo atrás,

recuerdo que feliz estaba,

mientras tú me asegurabas: «crecerá»…

Era apenas una rama tierna,

frágil, tan pequeña como tú…

Ella fue creciendo fuerte,

y hoy está de pie viviendo, más no tú.

Al mirarlo te recuerdo, más lo pienso

y no comprendo porque así…

Es que los ángeles del cielo

te llevaron de mi lado, sin volver…

Si toda vida fue tu vida,

si eras luz que encendía mi existir,

ya todos son recuerdos tristes

que tan sólo borrarías tú aquí…

Querida, te extraño y no sé vivir

sin ti a mi lado, yo quiero morir.

 

Fuiste mía un verano (Leonardo Favio)

 

Hoy la vi, fue casualidad,

yo estaba en el bar, me miró al pasar,

yo le sonreí y le quise hablar,

me pidió que no, que otra vez será,

que otra vez será, que otra vez será…

Tierno amanecer, sé que nunca más…

Como olvidar tu pelo, como olvidar tu aroma,

si aún navega en mis labios, el sabor de tu boca…

Cada piba que pase con un libro en la mano,

me traerá tu nombre como en aquel verano.

Fuiste mía un verano solamente un verano,

yo no olvido la playa ni aquel viejo café,

ni aquel pájaro herido que entibiaste en tus manos,

ni tu voz ni tus pasos se alejaran de mí.

 

La princesa dorada (Tanguito – Pipo Lernoud)

 

La dorada princesa del verano entre los iluminados,

su sol amarillo, caleidoscopio de hojas de oro,

y lágrimas que ríen.

El tiempo se detiene y cuando nadie maneja el aire,

una magia nueva se produce…

una magia nueva,

una balsa nueva.

Yo no estoy aquí, sólo mi sonrisa me delata

pero yo miro desde todas partes a la princesa

que se mueve entre estrellas de corderoy azul

con la soltura de quien no tiene errores.

Ellos le hablan y la contestación

es sólo brillo de los ojos.

La princesa se da vuelta como un guante

y sigue sin adentro ni afuera.

Cuando la princesa habla, vos la oís en tu mente,

y el fauno se despierta y baila una danza…

una danza roja, desconocida pero eterna.

 

Mariposas de madera (Miguel Abuelo)

Mariposas de madera
yo te voy a regalar
a ver si te guardas algo
y no lo largas a volar.
Mariposas de alas de agua
no te quieras escapar.
Si te busco no te encuentro,
cuando te encuentro no estas.
Oye amigo
toma la red.
Vamos al rio
ven a pescar.
Oye amiga
dame la mano
que ya es hora
de caminar.

 

Muchacho (Moris)

 

Muchacho… pronto amanecerá…

Y que olor a tango antiguo que me larga la ciudad.

Amaneceres con taxis, colectivos de paseo…

Y ese viento frío y nuevo, que mañana no estará.

Muchacho… pronto amanecerá…

Y el verano está escondido detrás de algún edificio…

Y tu cama está vacía.

Y tu casa está dormida.

Y no sabe de tus noches, de tus noches en la esquina…

Muchacho… pronto amanecerá.

Y el día no espera a nadie, y crece como un niño hasta el atardecer…

Volverá el verano pronto…

Y las noches serán tuyas,

De esa vida en las esquinas,

Que sólo tú la conoces.

 

Hoy todo el hielo en la ciudad (Luis Alberto Spinetta)

El hielo cubre la ciudad
el cielo ya no existe aquí
Un congelado amanecer
tiñe de blanco hasta mi hogar
Cuando la luz ya no puede llegar
la gente en vano se pone a rezar
No es el diluvio, no es el infierno
voy a perforar el hielo
voy a remontarme al cielo
para observar hoy todo el hielo en la ciudad
Siendo las doce en mi reloj
parece haberse puesto el sol
Inmóvil ha quedado un tren
entre el hielo de la estación
Mientras no hay nadie que pueda ayudar
los niños saltan de felicidad
No es el diluvio, no es el infierno
voy a perforar el hielo
voy a remontarme al cielo
para observar hoy todo el hielo en la ciudad.

 

Que el viento borró tus manos (Emilio Del Guercio)

 

Era una chica que voló

vio florecer la luz del sol

y no volvió

El tiempo comenzó a pasar

las frutas no brillaron más

y el sol se fue, y llovió

Donde estas ahora

que el viento borró tus manos

dónde estás ahora

tu cara es muy gris

tu imagen se va

Temprano fue el atardecer

el patio no la llama más

en su lugar

quizás esté sentada aquí

en una silla de algodón

para mirar y mirar.

 

Catalina Bahía (Miguel Cantilo)

 

Catalina tenía la rutina

Del eterno crepúsculo en la piel

Su comarca de sexo en una esquina

Sus hectáreas de pecho en un vaivén

Catalina sabía el argumento

De la sábana rota por amor

Me soplaba la letra con su aliento

Y nos iba surgiendo esta canción

Labio sobre labio, sobre labio

Y la península mía

Beso contra beso, contra beso

Y tu bahía

Cuando se hacen las dos de la mañana

Cuando se hacen las cuatro del amor

Sus pupilas se hamacan porcelana

En ojeras de rímel y carbón

Catalina de fuego y nicotina

Esperando volver a comenzar

Bocanada profunda que ilumina

La mirada marrón de par en par

Labio sobre labio, sobre labio

Y la península mía

Beso contra beso, contra beso

Y tu bahía

La mirada en el techo de los días

La ceniza en el suelo del pudor

Y su nombre arrugado en una silla

Su apellido tendido del balcón

Encendé la fogata que combina

Mi melena, la tuya y la del sol

Un retrato de fuego, Catalina

Con rutina de lento caracol

Labio sobre labio, sobre labio

Y la península mía

En tu bahía.

 

Natalio Ruiz (Carlos Piégari – Charly García)

 

Y cuando pasó el tiempo

alguien se preguntó

a dónde fue a parar Natalio Ruiz,

el hombrecito del sombrero gris.

Caminaba por la calle mayor

del balcón de su amada

a su casa a escribir

esos versos de un tiempo

que mi abuelo vivió.

Dónde estás ahora, Natalio Ruiz

el hombrecito del sombrero gris?

Te recuerdo hoy, con tus anteojos,

que hombre serio paseando por la plaza!

De qué sirvió cuidarte tanto de la tos?

No tomar más de lo que el médico indicó

cuidar la forma por el qué dirán,

y hacer el amor cada muerte de obispo,

y nunca atreverse a pedirle la mano,

por miedo a esa tía con cara de arpía?

Y dónde estás? A dónde has ido a parar?

Y qué se hizo de tu sombrerito gris?

Hoy ocupas un lugar mas

acorde con tu alcurnia

en la Recoleta.

 

Llorando en el espejo (Charly García)

 

Te siento respirar

lejos de tu lugar

hoy tuve un sueño con vos,

¡Qué locos éramos los dos

en los buenos tiempos!

Vos deseabas salir

de tu eterno jardín,

yo de mi tonto fulgor,

cuando encontramos era el fin

y la vida el motor.

La línea blanca se terminó

no hay señales en tus ojos

y estoy llorando en el espejo

y no puedo ver.

A un hábil jugador

trascendental actor

en busca de aquel papel

que justifique con la acción

toda fantasía.

Que toca el saxofón

mientras su inspiración

baila tu forma de ser

que desintegra con un blues

esta oscura prisión.

 

Del gemido de un gorrión (Carlos Mellino)

 

De las líneas de su mano

voló un gorrión

y un grito de madrugada

de pronto tuvo su voz.

Tendido en el empedrado

un borracho lo bebió

para robarle los sueños

que con sus manos ganó.

Yo volé con él.

Yo grité con él.

Y soñé también.

Sabor amargo el que tiene

un gemido de dolor.

Mi pueblo estaba gimiendo

y hubo quien no lo escuchó.

De las líneas de su mano

voló un gorrión.

Y fabricaba su casa

con promesas de cartón.

Su mujer le pidió un hijo

y el hijo le pidió amor.

Los tres gimieron un día

por un futuro mejor.

 

A mi cama (Roque Narvaja)

 

Tiendo y destiendo mi cama

sacudo pedazos de sueños en llamas

sombras delatoras de amor

ocultan su cara.

Cae una sábana blanca

como la nevada

cae en la montaña

y caigo en la cuenta

de tus manos blandas.

Torre de Babel cuadrada

como Penélope teje angustiada

y desteje mi desnudez

acobardada.

Mi cama sabe

todo lo que soy y puedo ser

y no me dejan,

mi cama sangra

cada tajo que me espantan

y por la noche

me acuna y canta.

Abro una puerta de gasas

le entrego mi cuerpo

ella me abraza

y guardo los puños hasta mañana

bajo la almohada.

Es mi madre necesaria

remedo de tumba

perra guardiana

mientras susurra su nana

afila las zarpas.

Tiendo y destiendo mi cama

aparto la mies de la cizaña

y por un camino de nada

regreso a casa.

 

Canción para carito (León Gieco – Antonio Tarrago Ross)

 

Sentado solo en un banco en la ciudad

con tu mirada recordando el litoral

tu suerte quiso estar partida

mitad verdad, mitad mentira,

como esperanza de los pobres prometida.

Andando solo bajo la llovizna gris

fingiendo duro que tu vida fue de aquí

porque cambiaste un mar de gente

por donde gobierna la flor

mirá que el río nunca regaló el color.

Carito, suelta tu pena,

se haga diamante tu lágrima

entre mis cuerdas.

Carito, suelta tu piedra

para volar como el zorzal

en primavera.

En Buenos Aires los zapatos son modernos

pero no lucen como en la plaza de un pueblo

dejá que tu luz chiquitita

hable en secreto a la canción

para que te ilumine un poco más el sol.

Cualquier semilla, cuando es planta, quiere ver

la misma estrella de aquel atardecer

que la salvó del pico agudo

refugiándola al oscuro

de la gaviota arrasadora de los surcos.

Carito, yo soy tu amigo,

me ofrezco árbol

para tu nido

Carito, suelta tu canto,

que el abanico en mi acordeón

lo está esperando.

 

Mañana en el Abasto (Luca Prodan)

 

Mañana de sol, bajo por el ascensor,

calle con árboles, chica pasa con temor.

No tengas miedo, no, me pelé por mi trabajo,

las lentes son para el sol y para la gente que me da asco.

No vayas a la escuela por qué San Martín te espera,

estás todo el día sola y mirás mi campera.

Tomates podridos por las calles del Abasto,

podridos por el sol que quiebra las calles del Abasto.

Hombre sentado ahí, con su botella de Resero,

los bares tristes y vacíos ya, por la clausura del Abasto.

José Luis y su novia se besan ahí por el Abasto,

yo paso y me saludan bajo la sombra del Abasto.

Parada Carlos Gardel, es la estación del Abasto,

Sergio trabaja en el bar en la estación del Abasto,

piensa siempre más y más, será por el aburrimiento.

Subte Línea B y yo me alejo más del cielo,

ahí escucho el tren, ahí escucho el tren,

estoy en el subsuelo, estoy en el subsuelo.

 

Historia de Mate Cosido (Adrián Abonizio)

 

Sentado entre maderas

y flores caen

la llama del tabaco

y la cruz de los barcos.

Allá lejos cuando salen

de la iglesia los compadres

se sientan a jugar,

al sol.

Una fiesta cuesta arriba

hubo anoche y en la esquina

amaneció lloviendo.

Sentado entre maderas,

y las flores caen,

la llama del tabaco,

y la cruz de los barcos.

Si las luces de este pueblo,

te preguntan como he muerto,

deciles: que no sabes.

Mi revolver, mi campera,

mi hacha, mi trampera,

mis viejos perros, mi prontuario.

Tenés que estar prevenido,

un día la lancha, va a llegar,

me quedare tan tranquilo,

me cambiare de camisa

y de puñal,

para que un oficial escriba

en el parte de salida, un ahogo

se ganara un ascenso

como padre de familia,

para que un oficial escriba

en el parte de salida, un ahogo

lo contara en la guardia, que no tembló.

Para que el rio se detenga

a la hora señalada, llegará

como una puñalada

como una mano más.

 

El viejo Matías (Víctor Heredia)

La lluvia y el viento eran dos hermanos
corriendo furiosos por el terraplén
y en un banco oscuro, mojado y mugriento,
él se acomodaba su uniforme gris.
El viejo Matías duerme en cualquier parte,
un fantasma errante le toca la piel,
pero cuando llueve sus despojos buscan
la estación de chapas de Paso del Rey.
Es cuco de niños y de no tan niños
su figura triste cruzando el andén,
porque nadie ha visto sus ojos cansados
la cruz del olvido temblando en sus pies.
A veces murmura cosas incoherentes,
habla de la guerra, imita al cañón,
y otras veces pone en sus ojos un niño
y acuna en sus brazos su bolso marrón.
Cuando llegan los trenes repletos de obreros
se pone contento, brilla su mirar,
Gorrión de la tarde, quiere hablar con todos,
y después se queda solo en el andén.
Se queda mirando las vías vacías,
la luz que se pierde del tren que pasó,
y después se aleja murmurando cosas,
el viejo Matías, ogro del lugar.

 

El ferroviario (Jairo – Salzano)

 

Yo soy el ladrón de trenes

que está en la fotografía

reclamado vivo o muerto

por toda la policía.

Mirando bien el retrato

no salgo favorecido

y llevo la barba crecida

parezco un hombre jodido.

No crean lo que están viendo

y vayan a preguntar

en el barrio me conocen

yo soy un tipo legal.

Mi abuelo, mi padre y yo

los tres fuimos ferroviarios

pero pararon los trenes

porque eran deficitarios.

No se anduvieron con vueltas

dejaron todo desierto

el Mitre quedo vacío

y el Belgrano medio muerto

¿Qué es lo que hace un ferroviario

cuando le quitan el tren?

Primero se vuelve loco,

después empieza a beber.

No sé si estaba borracho

la noche en que decidí

robar la locomotora

y volverla a conducir.

La pinté de azul y blanco,

le saqué brillo al cromado

cualquier ferrocarrilero

estaría emocionado.

Llevo diez días fugado

me sigue la policía,

y ellos rodean Hernando

yo estoy en Jesús María.

Cuando se acaben las vías

tendrán que leer los diarios

yo no pienso recular

palabra de ferroviario.

 

Canción del pescador (María Elena Walsh)

 

Pez de platino,

fino, fino,

ven a dormir en mi gorro marino.

Perla del día,

fría, fría,

ven a caer en mi bota vacía.

Un delfín

que toque el violín

voy a pescar con mi red marinera,

y me espera

para bailar,

loca de risa, la espuma del mar.

Feo cangrejo,

viejo, viejo,

ven a mirarte el perfil en mi espejo.

Flaca sirena,

buena, buena,

ven a encantar mi palacio de arena.

 

El niño alado, la sirena y el marinero (Fito Páez)

 

Del alto cielo, de las estrellas

de las entrañas de la bondad.

Un niño alado volvió a la tierra

y hoy despacito se dormirá.

Sobre la cola de una sirena,

cabellos rubios, ojos de sal.

Su marinero no la perdona

lo dejo solo en altamar.

Loco marinero,

desgraciado, pendenciero,

tu sirena hecho a volar.

No te dejará, no te dejará.

Y cuando el niño abrió sus brazos

el marinero lloro y lloró.

Y la sirena, de firme cola,

de sus dos hombres se enamoró.

El niño alado, el marinero

y su sirena, los tres están.

En alto cielo, en las estrellas

navegan juntos, navegarán.

 

Todos los días un poco (León Gieco)

 

Si una estrella más cayó

este cielo llora

si nadie reclama luna y luz

este mar ya se secó.

Si un beso es uno más

esta boca espera

si una campana no suena

el silencio se durmió.

Llaman y llaman las flores al sol

juegan y juegan todos los días al amor

si no me llamas como hace la flor

te iré olvidando todos los días un poco.

Si un año más pasó

la vida es más corta

si no sacudes al tiempo

ni un intento queda en vos.

Llaman y llaman las flores al sol

juegan y juegan todos los días al amor

si no me llamas como hace la flor

me iré muriendo todos los días un poco.

 

Los pueblos de gesto antiguo (Hamlet Lima Quintana – Tacún Lazarte)

 

Me gustan los pueblos chicos de gesto antiguo

Son gente que da la mano y saluda al sol

Que sabe ganar la vida y ganar la muerte

Allá me voy a vivir

Con gente que planta un árbol y enciende amor.

Me iré por aquel camino que lleva al pueblo

Que crece entre la ternura que da el maíz

Me iré con la lucha a cuestas y el alma abierta

Allá me voy a vivir

Con toda la fuerza antigua de mi raíz.

La gente estará cantando la vida nueva

Que esta creciendo en los pueblos chicos

Los pueblos de gesto antiguo

Con gente que da la mano.

Me voy a cantar con ellos hasta que el alba

Rocié el campo de aroma puro.

Sencillo como la lluvia

Profundo como la paz.

Los pueblos de gesto antiguo se dan la mano

Los pueblos se dan la mano para vencer

Los pueblos que van creciendo como los vientos

Allá me voy a vivir

En ese pueblo tan chico que va a nacer.

 

Solo se trata de vivir (Lito Nebbia)

 

Dicen que viajando,

se fortalece el corazón

pues andar nuevos caminos

te hace olvidar el anterior,

Ojala que eso pronto suceda

así podrá descansar mi pena

hasta la próxima vez.

Y así encuentras una paloma herida

que te cuenta su poesía de haber

amado y quebrantado otra ilusión.

Seguro que al rato estará volando

inventando otra esperanza

para volver a vivir.

Creo que nadie puede dar,

una respuesta, ni decir

qué puerta hay que tocar

creo que a pesar de tanta melancolía

tanta pena y tanta herida,

solo se trata de vivir.

En mi almanaque hay una fecha vacía

es la del día que dijiste,

que tenías que partir,

debes andar por nuevos caminos,

para descansar la pena

hasta la próxima vez.

Seguro que al rato estarás amando

inventando otra esperanza,

para volver a vivir.

 

Volver en vino (Horacio Guarany)

 

Si el vino viene, viene la vida

vengo a tu viña tierra querida,

Quiero morirme cantando

bajo tu parra madura

y que me entierren al alba

regao de vino mi tumba.

Si el vino viene, viene la vida

vengo a tu viña tierra querida,

Quisiera dejar mis huesos

bajo cielo mendocino

que mi sangre y mis cenizas

vuelvan camino del vino…

Qué triste ha de ser morirse

y no volver nunca mas

pero es tan linda la vida

pero es tan churo el camino

que si me muero algún día

entiérrenme en Mendoza

en San Juan, allá en La Rioja

o en Cafayate la hermosa

que en vino habré de volver

y cuando lloren las viñas

para que rían los hombres

he de volver en las copas

y habré de mojar las bocas

de mis viejos compañeros

o tal vez de la que quiero

y no me pudo querer

y en una noche de farra

cuando llueven las guitarras

si ven al vino llorar

déjenlo llorar su pena

que en la lagrima morena

como nunca he de cantar…

La vida es un vino amargo

dulce en jarra compartida

que los que nadan pa dentro

se ahogan solito en la vida.

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Acerca del autor

Laureano Matias Asoli

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