Literatura

Libro Historia de instituto. Capítulo 4 (Modificado)



Libro Historia de instituto. Capítulo 4 (Modificado) - Literatura

Capítulo 4. Confusión.
Que sueño tengo. No paro de bostezar en el autobús. Apenas pude dormir anoche tras la conversación con Jaime. Le he dado vueltas a la cabeza, muchas vueltas, y aún no puedo asimilar lo que me dijo en la carta, sobre todo después de lo que pasó en el gimnasio. Primero se ríe de mí con sus amigos, no me ayuda a zafarse de ellos y luego me besa. ¿Pero de qué va? Me va a estallar la cabeza.
He escrito varias cartas para responder a la suya, pero han ido acabado todas en la papelera. Al final escribí una, corta, breve. Una mezclada de rabia y buena educación. Con frases irónicas. Habré pasado a limpio la carta que le he escrito como unas diez veces, o más. Para no olvidar nada de lo que tengo que decir.
Al final es lo que decidí, escribirle una carta. Pero me arrepentí y la dejé en casa. No puedo darle una nota así, ahí están todos mis sentimientos expuestos. Así que ahora intento recordar todo lo que escribí para esa conversación que tengo pendiente con él.
Tenía los ojos cerrados cuando el autobús se ha detenido en su parada, así que no se cómo ha reaccionado al verme. Es sólo media hora más, pero en el instituto voy a tener que sentarme junto a Jaime. Tengo los nervios a flor de piel, pero tengo que relajarme. Usar este rato en el autobús para hacerlo.
Ayer tarde llame a Sofía y le conté todo lo sucedido y me dio muchos consejos, pero ahora se me han olvidado todos. Voy camino a clase como un robot, con el piloto automático, mientras mi cabeza es un torbellino. Marisa y Norma ya están esperando en la puerta de clase. Están hablando, así que, tras decirles «Hola», me saludan y siguen su charla. No se dan cuenta de mi cara. Ni siquiera yo sé que cara tengo ahora.
Ya llega el profesor. Parece como si me llevaran a la guillotina, ni siquiera puedo tragar bien. Voy a mi asiento y Jaime se sienta enseguida. Me mira. Yo le miro. Así estamos lo que parece una eternidad. Hasta que el profesor nos llama la atención. Quince minutos antes de que termine la clase, Jamie me pasa una nota: «Menos mal que el profesor ya ha terminado de escribir en la pizarra. No he tenido tiempo de escribirte esta nota hasta ahora. «¿Has tenido tiempo para pensar?»
Pensar. Es lo único que he hecho desde que se fue de mi casa. Le escribo mi respuesta en su nota: «Lo he hecho, pero ahora no es el momento.» Se la paso, la lee enseguida y me mira. No se cómo lo hace o si soy yo, pero no puedo sostener su mirada. Me incomoda. Veo de reojo que vuelve a escribir y me vuelve a pasar la nota: «¿Quedamos en el descanso?» Me la pasa.
Suena la alarma y uno de sus amigos viene a buscar a Jaime. Me quedo con la nota. No puedo permitir que caiga en malas manos. Salgo con mis amigas y les explico lo que pasó ayer desde el beso en el gimnasio.
– ¿Y qué vas a hacer? – Pregunta Norma.
– ¿Te gusta? – Marisa me pregunta con una sonrisa pícara.
No me da tiempo a responder, ya ha sonado la campana. ¿Qué qué voy a hacer? ¿Que si me gusta? Llevo desde ayer tarde pensando en la primera pregunta, pero no había pensado en la segunda. Que si me gusta… ¿Cómo va a gustarme con lo gilipollas e imbécil que ha sido conmigo? Esto hace que me cabree aún más.
Los problemas de matemáticas te impiden que pienses en los tuyos. Así que, al menos, esta hora estoy un poco más relajada. ¿Quién iba a pensar que agradecería tener que hacer ejercicios de mates? Aún así, a Jaime le da tiempo a escribirme una nota:
«¿Cuándo vamos a hablar en serio de lo nuestro?» Me dice. Y escribo una respuesta casi sin pensarlo: «¿Lo nuestro? ¿Por qué crees que querría que hubiera algo entre nosotros?» Parece cruel, pero es lo que me ha salido en ese momento. Aunque a él parece haberle afectado la respuesta. Me vuelve a pasar la nota con una sola palabra: «¿Por qué?»
Vaya. Esa pregunta tiene una respuesta muy larga. Y no se por dónde empezar. Suena el timbre y me vuelvo a quedar con la nota. Jaime parece un poco decepcionado. Yo me voy al baño a despejarme.
– ¿Has visto a Jaime? Lleva unos días raro – Oigo la voz de Carmen desde el cubículo del retrete.
– ¿Por qué lo dices? – Pregunta Elisa.
– Desde que lo conocemos siempre ha estado haciendo bromas y metiéndose con la gente. Pero ahora un día parece el de siempre y al siguiente está raro.
– ¿Qué quieres decir con raro? ¿Y cómo sabes que cambia de un día para otro?
– Me lo ha dicho su hermano Simón. Él  cree que le gusta una chica.
– ¿En serio? ¿Será del instituto?
En ese momento salgo del cubículo y me dirijo hacia donde están ellas para lavarme las manos. Carmen y Elisa viven en el mismo pueblo que yo. Somos «amigas» desde siempre. Se suelen reír cuando los demás de meten conmigo. Pero como hemos estado juntas desde párvulos, salgo mucho con ellas por el pueblo.
– ¿Tú sabes algo? – Me pregunta Carmen.
– ¿Yo? ¿Por qué iba a saber algo? – Respondo un poco nerviosa.
– Porque estáis sentados juntos toda la mañana. ¿Has visto que haya mirado a alguna chica en clase o que haya estado escribiendo notas? – Vaya pregunta…
– No me he fijado. – Suena el timbre.
Salvada por la campana. ¿Esa conversación era casual o sabían que yo estaba dentro? ¿Realmente Jaime está raro o todo forma parte de su juego? Como si no tuviera ya bastante en qué pensar…
Ahora toca clase de tecnología y nos vamos a otra clase. Al menos aquí estoy sentada con mis amigas. Tras la explicación del profesor, los demás empiezan con el proyecto. Mientras tanto, intento responder a la pregunta que me ha hecho Jaime antes. Pero ya tengo como diez frases tachadas y él  no para de mirarme cada vez más ansioso desde el otro lado de la clase.
Se empieza oler de pronto algo extraño. Todos empezamos a buscar de dónde procede el olor. Hasta que vemos que en un lado de la clase empieza a salir humo y se ven unas pequeñas llamas. El profesor acciona la alarma de incendios y nos dice que salgamos, mientras intenta apagar el fuego con un extintor. Todos empiezan a salir en tropel, pero mi pie se queda atascado en unos cables que se encuentran junto a mi mesa. Con las prisas, he tropezado y se me an enrrollado en los botines. Se me han desatado los cordones y éstos se han liado con los cables.
Todos han salido, empieza a haber cada vez más humo. Intento sacar el pie, pero al tirar, los cordones se lían más. Me intento quitar el botín, pero no me sale, los cordones se han liado demasiado. El fuego se propaga y el extintor ya no funciona, así que el profesor decide salir pensando que todos habíamos escapado ya. Hay mucho humo, intento gritar pero la alarma suena muy fuerte y el humo hace que me de un ataque de tos. Intento desenredar los cordones y quitarme el botín pero me lloran los ojos, estoy tragando mucho humo y no paro de toser. Empiezo a tener sueño y cada vez tengo menos fuerzas. Creo que me voy a desmayar.
En la puerta veo una figura, se acerca hacia mí. Tiene media cara tapada. ¿Quién es? Logra liberarme el pie, no sé cómo, y noto que me coge en brazos. Estoy perdiendo la visión, los ruidos son tan lejanos. Y todo se queda a oscuras y en silencio.

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A.Galera

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