Literatura

Libro Historia de instituto. Capítulo 6 (antiguo capítulo 5 modificado)



Libro Historia de instituto. Capítulo 6 (antiguo capítulo 5 modificado) - Literatura

Capítulo 6. La conversación. (1730 pag)
El primer día de instituto después del incendio. La gente me mira y hablan entre ellos. Me siento incómoda. Jaime camina detrás de mí. No me quita los ojos de encima. Mis amigas están esperando en la puerta de nuestra clase. Mientras esperamos a que venga la profesora, me quedo mirando hacia la puerta del aula de tecnología. Hay un precinto en el marco y una señal de advertencia en el suelo.
En la clase, Jaime me va pasando notitas preguntándome: «Cómo estoy.», si necesito ayuda con las tareas, si quiero hablar de algo,… Mis respuestas son breves: «Bien.», «No.», «Después.». Sonríe con esa última respuesta. Suena el timbre del descanso de los cinco minutos.
– Entonces nos vemos en el desayuno para hablar. ¿Te parece bien en el patio de atrás? – Le respondo con un «Sí», poco convencida y salgo de la clase.
Últimamente me siento ahogada en espacios cerrados. La hora del desayuno. Les he dicho a mis amigas que había quedado con él para desayunar y hablar. Me dirijo al patio cada vez más nerviosa. Se me está cerrando el estómago. Jaime está sentado sólo en el césped bajo un árbol. Me mira fijamente, y sigue haciéndolo mientras me dirijo hacia él. Me siento en frente suya.
– Bien. Voy a empezar a hablar pero no quiero que me interrumpas. – Empiezo a decir.
– Vale. – Me responde.
– Estoy echa un lío. No me esperaba esto de tí. Desde que llegaste no has parado de meterte conmigo. Y no me creo que de la noche a la mañana te haya empezado a gustar. No te creo y no me puedo fiar de tu palabra. Pienso que esto es un juego para tí y que en cualquier momento van a aparecer todos para reírse de mí. Sé que me has salvado la vida y te estaré eternamente agradecida. Pero no sé qué pensar de tí y estoy muy agobiada. Y te agradecería si me dejaras un tiempo y no me atosigaras con el tema.
– Paro para respirar. Le doy un trago a mi botellín de agua y unos bocados a mi sandwich. Estoy comiendo más por nerviosismo que por hambre. Le miro. Sigue mirándome y bebe un trato de su refresco.
– ¿Puedo hablar? – Me pregunta. Asiento con la cabeza mientras sigo comiendo.
– Entiendo lo que me dices y también he pensado en eso. Se que es normal que no te fíes de mí. Pero, respóndeme a algo. ¿Qué sentiste cuando te besé? – Vaya. Me he quedado en blanco. No he querido pensar mucho en ello, pero tampoco he podido evitar pensarlo. Sigo comiendo mientras intento pensar en una respuesta. Él espera paciente.
– No sé. No te puedo responder ahora a nada. ¿Podrías, por favor, hacer lo que te acabo de pedir y darme tiempo y espacio – Es lo único que le puedo responder.
El resto de la semana ha ido mejor en el instituto. Jaime ya no se me queda mirando tanto como antes y no ha intentado hablar conmigo. A veces nos escribimos notitas sobre cosas de la clase y de los otros estudiantes.
Ya es sábado, empiezan las fiestas del pueblo y esta mañana hay una yincana. Hemos quedado todo el grupo para participar. Le pedí a Jaime que mientras estuviéramos con otros no me dirigiera la palabra y, claro, que no se metiese conmigo. Tal vez si sólo nos ignoramos, no resulte nada raro y los demás no sospechen nada.
Voy con Sofía hacia la plaza. Había quedado con ella en su casa para llevarle unos apuntes. Va un curso inferior a mí y, aunque no les pongan las mismas tareas, le pueden servir de ayuda mis resúmenes.
– Entonces, ¿no os vais a hablar? – Me pregunta.
– En eso hemos quedado. Nos vamos a ignorar totalmente. Eres la única a la que le he contado lo que me ha pasado con él. Ni siquiera se lo he dicho a mis amigas del insti. La verdad es que no sé qué hacer con esta situación.
– Sí, pero si a él le gustas de verdad, acabará pidiéndote salir. E incluso puede darte besarte en cualquier momento.
– Vaya, gracias por tranquilizarme. – Mi tono irónico ha sonado demasiado alto. Menos mal que aún no hemos llegado a la plaza y no hay nadie por la calle.
– Ya sabes que yo siempre te digo la verdad, la cruda realidad. Y sabes que en algún momento tendrás que decidir qué hacer con él.
– Ya lo sé. – Respondo resoplando.
Todos están en la plaza. Jaime se me queda mirando unos segundos y me sonríe. Yo le devuelvo la sonrisa bajando al mismo tiempo la cabeza, para que no se note mucho. La verdad es que me da un cosquilleo en el cuerpo cada vez que me sonríe.
– Menuda mirada que te ha echado. – Me susurra.
– Ssshhhh.
El juego ha sido más divertido de lo que pensábamos. Hemos acabado con pintura por la cara, los brazos y la ropa. Cuando todos han usado el baño para limpiarse, entro yo. De repente Jaime entra mientras me estoy limpiando, coge una toallita y empieza a limpiarme la cara. Estamos muy cerca el uno del otro. Me empiezo a poner nerviosa e intento no ponerme colorada para que no lo note. Para de limpiarme y me mira fijamente a los ojos. Ya empieza otra vez. Estamos en un baño pequeño y él está obstruyendo la puerta. Quiero escapar pero estoy paralizada.
Se oye alguien afuera y lo aparto de un empujón. Salgo apresuradamente. Sofía tenía razón. Va a insistir una y otra vez y no sé si voy a poder enfrentarme a él.
Esta tarde se celebra la final del fútbol sala. Cuando llego, ya están todas. Me siento junto a Sofía. Los chicos están calentando. Jaime es uno de ello. Cuando cruzamos las miradas, me sonríe. Yo aparto la mirada. Le cuento a Sofía, lo de esta mañana. No debería jugar. Hace poco se torció el tobillo. No debería forzar el tobillo. ¿Pero a mí qué me importa? Me estoy empezando a cabrear conmigo misma por preocuparme por él.
– Vaya, te mira cada vez que puede. – Me susurra Sofía sonriendo. – Está coladito por tí.
– ¿Por qué te ríes? – Le pregunto enfadada.
– No se. – Sigue sonriendo. – Puede que no sea tan mala idea darle una oportunidad. Ya no se mete contigo. Ahora parece más amable y simpático. Lleva un tiempo sin meterse conmigo, ahora que lo pienso. ¡Te salvó la vida.!
– Ssshhhh.
– Deberías darle una oportunidad. – Concluye.
La verdad es que no se qué decirle. Ni yo misma se qué hacer con esta situación. Le había pedido que me dejara espacio, pero no para de echarme miradas. Eso no me ayuda.
Parece que él quiere algo conmigo y yo aún sigo echa un lío.
Todos nos dirijimos a la plaza para celebrar la victoria. Tras comer y beber, miro a Jaime y hago un gesto con la cabeza para que me siga.
Estamos en el aparcamiento, no hay nadie por allí, todo el mundo está en la plaza. Se oye el jaleo y las risas de lo niños que montan en las atracciones cerca del aparcamiento.
– Tu dirás. – Rompe el hielo Jaime. Está sonriendo. A mí me cuesta hablar.
– Verás. Te pedí que me dieras espacio..
. – Consigo decirle al fin.
– Antes de salir conmigo. – Corta mi frase.
– ¿Qué?
– Bueno. Te he besado varias veces y te he dicho que me gustas. No he tenido ocasión, o mejor dicho, no me has dado la oportunidad para pedirte que salgas conmigo. – No sé qué responder a eso. Él está sonriendo y eso me cabrea.
– No he venido a hablar de eso. Sólo quería decirte que pasaras, porque me estás…
– Te estoy agobiado. – Avanza hacia mí.
– Pues sí. Y me incomoda. Bastante. – Sigue avanzando. A mí me empieza a faltar el aliento.
– Lo siento, no puedo evitarlo. – Sonríe. Ahora estamos a pocos centímetros el uno del otro.
– Ya. Como ahora. – Me cuesta hablar. Me cuesta respirar.
– Sí. Lo siento, lo hago sin pensar. ¿Estoy demasiado cerca? – Asiento.
Estamos casi pegados. Yo estoy paralizada. Va acercando su cara a la mía. ¿Por qué no me puedo mover? Quiero apartarme pero no puedo. Está a punto de besarme. ¿Qué estoy haciendo? No lo puedo permitir. Pero tampoco puedo apartarme. Ya me está besando. Un pequeño y suave beso. De repente me coge la cintura con una mano y la cara con la otra y me abre ligeramente la boca con la suya. Me estoy dejando llevar. Nunca había estado en esta situación, así que estoy paralizada. Pero al mismo tiempo mi cuerpo empieza a actuar dejándose llevar por el beso. Subo los brazos, poso una mano en su hombro y con la otra le acaricio el pelo. Jaime responde inmediatamente a este gesto apretando con su brazo mi cuerpo contra el suyo, al mismo tiempo que empieza a darme un beso más apasionado e intenso. Mi mente ya está nublada, se ha dejado llevar del todo. Ahora sólo existe este momento, este beso que no parece tener final.
No se cuánto tiempo ha pasado, si horas, minutos o sólo un instante. Pero el beso se está ralentizando y cuando nos detenemos estamos sin respiración. Seguimos abrazados pero ahora sólo nos estamos mirando. Tardo un poco en reaccionar, pero de pronto me separo. Me entra el pánico, lo miro un segundo y me voy. No le doy tiempo ni a decirme nada. No me sigue. Eso me alivia.
Llego a la plaza casi sin aliento, me siento y bebo un refresco. Al poco llega Jaime. No puedo ni mirarle a la cara. Sofía nos mira a los dos.
– ¿Qué ha pasado? – Me pregunta.
– Nada. – Intento no mirarle a la cara.
– No, nada no. ¿De qué habléis hablado? ¿Habéis discutido? – Empieza a poner cara de sorpresa. – ¿Os habéis besado?
– Shhhhh. No hables tan alto. – Le insto.
– Madre mía. ¿Y cómo ha pasado? ¿Besa bien? ¿Cómo ha sido el beso?
– Deja de hacerme preguntas. No puedo pensar…
– Vaya, vaya… – Me dice riendo.
– ¿Qué? – Le pregunto.
– Te ha gustado, y mucho. Por eso estás así. No estás cabreada. Estás echa un lío porque ese beso ha hecho que aflore lo que sientes por él.
En eso me ha pillado. Llevo mucho tiempo pensando en qué siento y qué debería hacer con el tema de Jaime. Ese beso ha abierto una puerta que me daba miedo abrir. ¿Qué hago ahora?

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

0.00 - 0 votos
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

A.Galera

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información