Literatura

Libro Historia de instituto. Capítulo 7



Libro Historia de instituto. Capítulo 7 - Literatura

Capítulo 7. Sentimientos confusos.
Mientras me visto para la primera noche de fiesta, pienso en el beso con Jaime. En un rato lo veré y no me veo capaz de enfrentarme a él. Antes me ha dejado espacio, pero no sé qué pasará esta noche. Aún sigo confusa. No sé qué hacer. Creo que me gusta pero no confío en él. ¿Cómo se puede empezar una relación así? Sofía dice que lo ve cambiado y que le de una oportunidad. Pero yo no estoy segura de que sea una buena idea.
Mientras esté en la plaza con mis padres, estoy a salvo. Pero en algún momento iré a la carpa o a los cochecitos con los demás.
– ¿Y bien? ¿Te has decidido? – Me pregunta Sofía.
– No sé qué hacer, la verdad.
– ¿Pero te gusta?
– Creo que sí. – Le contesto dudando.
– ¿Y cuál es el problema?
– Ya lo sabes. ¿Y si es una trampa para que todos se rían de mí? ¿Tu has oído algo?
– Pues no. Y la verdad es que he tanteado un poco a Andrés sobre qué le pasa a Jaime. Y él piensa que le gusta una chica, aunque nunca se había comportado así. Me dijo que ha salido antes otras chicas, pero que seguía igual de tonto, por no llamarlo algo peor.
– ¿Entonces piensas que está siendo sincero? ¿Qué no es un juego que ha planeado con los demás?
– Yo creo que le gustas de verdad.
Me quedo pensando en ello. Los chicos están montados en los cochecitos y las chicas estamos sentadas viendo cómo se chocan. Siento algo fuerte por él, pero aún hay algo que me retiene. Sigo sin fiarme de él. No sé qué hacer. Jaime baja de su cochecito y me hace un gesto con la cabeza para que le siga. Vamos a los aparcamientos.
– ¿Estás bien? – Parece preocupado.
– Echa un lío, la verdad. – Le respondo casi sin mirarle.
– Me puedes decir lo que quieras. ¿Por qué no quieres salir conmigo? ¿Te gusto? – Suspiro. Llegó la hora de la conversación.
– Mira, te lo voy a decir y punto. No sé si te lo tomarás bien, pero estoy cansada de tener la cabeza echa un lío. – Me mira esperando que siga. – Creo que me gustas. Ese beso fue… En fin, ya sabes. Pero no estoy segura de querer salir contigo porque no confío en ti. No sé si eres sincero o esto forma parte de un juego que has planeado con los demás para reíros de mí. – Le suelto. Y me he quedado como si me hubiera quitado un peso de encima. Él sigue con cara de preocupación.
– Tienes razón. No me he portado nada bien contigo. Ya te he pedido perdón varias veces, pero seguro que eso no será suficiente. Tienes bastantes motivos para desconfiar de mí. – Suspira. – No sé qué hacer para que confíes en mí y me des una oportunidad, y, créeme, lo he estado pensando mucho.
No sé qué decirle ahora. No sé qué tengo que hacer. Estoy tan confundida… Y al mismo tiempo quiero abalanzarme sobre él y besarle. Pero no lo hago. Me contengo. Nos quedamos unos minutos en silencio. De repente se acerca a mí, me coge la cara con ambas manos y me besa. Me pilla de sorpresa. Es un beso largo. Mis brazos están quietos. Y para de golpe. Se me queda mirando mientras sus manos siguen en mi cara.
– Dime que me aparte. – Me dice.
Estoy en blanco. No digo nada. ¿Realmente quiero decir algo o quiero que me vuelva a besar? Mi cabeza vuelve a estar echa un lío. Pasado un momento, Jaime me vuelve a besar. Baja una mano hasta mi cintura. Me recorre un escalofrío por el cuerpo. Esta vez reacciono y alzo mis brazos. Cojo su cara con una mano y pongo la otra en su espalda. Él aprieta su cuerpo contra el mío. Nuestros pulsos se están acelerando, al igual que el ritmo del beso. En un momento dado ambos soltamos un pequeño gemido al mismo tiempo. Me mareo. Necesito respirar. Le doy un pequeño empujón y me separo.
Ambos estamos respirando con dificultad. Doy un paso atrás. Él me mira pero no se mueve. No puedo pensar. Necesito sentarme. Me apoyo sobre un coche.
– ¿Estás bien? – Se acerca a mí.
– Sólo necesito respirar un minuto.
– Vale. Pero me quedo a tu lado por si te mareas. – Le miro un momento. Parece preocupado.
Pasa un rato y ya me he recuperado. Se oye gente acercarse. Creo que son nuestros amigos. Nos miramos. Es tarde para largarnos.
– ¿Qué hacéis ahí? – Nos pregunta Carmen.
– Yo vengo del coche de mis padres. Me había dejado una cosa. – Suelto yo.
– Y yo de mear. – Contesta Jaime. – La he visto aquí sentada y me he parado para ver si le pasaba algo. – Me mira. Yo también le miro, pensando rápido cómo continuar.
– Sí. Me he torcido un poco el tobillo. – Me toco el tobillo izquierdo. – Pero ya estoy mejor.
– Nos vamos ahí abajo. ¿Venís? – Pregunta Andrés.
– Sí, claro. – Responde Jaime.
Nos vamos todos a una pequeña plazoleta aislada. Tengo que fingir un poco de cojera. En la plazoleta, me siento, así no me tengo que preocupar por mi pequeña mentira. Sofía se ha sentado a mi lado.
– ¿De verdad te has torcido el tobillo? – Me pregunta con un tono de burla.
– ¿Tu qué crees? – Le respondo con el mismo tono. Se acerca a mí oído.
– ¿Os habéis vuelto a besar? – Me susurra.
Yo suspiro. Ella sonríe. Ha asumido mi suspiro como una respuesta afirmativa a su pregunta. Estamos un buen rato allí. Jaime y yo no paramos de lanzarnos miradas. Volvemos a la feria. Nos hemos metido en la carpa. Intento disfrutar con la música. Al cabo de un rato salgo para ir al baño. Cuando vuelvo, Jaime me espera en la entrada de la carpa. Me hace un gesto con la cabeza para que lo siga. Estamos otra vez en el aparcamiento.
– ¿Qué vamos a hacer? – Quiere acercarse a mí, pero se contiene.
– No lo sé. – Suspiro.
– Si no quieres que nadie sepa lo nuestro, ¿qué te parece si nos vamos viendo a escondidas? A mí no me gusta la idea de estar contigo sin que nadie lo sepa. Pero si prefieres eso… – Me quedo unos segundos pensando. Sólo son unos segundos, pero parece una eternidad.
– Supongo que sería una solución. – Digo al fin, dudando de mi respuesta. – Por ahora. – Él sonríe.
– ¿Te puedo besar?
– ¿Ahora pides permiso?
– Tienes razón.
Se acerca a mí, me abraza y me besa. Esta vez es un beso suave, tierno, delicado. Es muy agradable. Pero empezamos a acelerarlo. Apretamos nuestros cuerpos. El deseo es cada vez mayor. Hasta el punto en el que volvemos a soltar un gemido, pero seguimos. Al cabo de un rato, vamos ralentizado el beso hasta que al final separamos nuestras bocas.
– Vaya. – Dice Jaime mientras intenta recuperar el aliento.
– Sí. ¿Es siempre así? – Logro decir yo mientras me abanico la cara con mis manos.
– No. – Me responde. – Suele pasar tras un tiempo de relación. – Se acerca a mí sonriendo y me acaricia el pelo.
– ¿Y qué significa que pase al principio?
– No sé. Nunca me había pasado al principio de una relación. Es más, es la primera vez que siento esto.
Me ha dejado KO. No sé qué contestar, así que no digo nada. El resto de la noche nos la pasamos echándonos miradas y sonrisas a lo lejos. Me voy a la cama pensando en si estoy haciendo lo correcto, en lo agradables que son sus miradas y sonrisas, y en lo bien que me siento cuando nos besamos.

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

0.00 - 0 votos
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

A.Galera

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información