Anuncios
Literatura

Literatura Española: Edad Media, Siglos Xi Al Xv

Literatura Española: Edad Media, Siglos Xi Al Xv - Literatura

Hasta mediados del siglo XX se consideraba que la literatura española comenzaba con el Cantar de Mio Cid en torno al 1200 por ser de ese año la primera copia en pergamino de la que se tiene constancia.

Esta obra es un cantar de gesta del cual desconocemos tanto el nombre del autor como el titulo original, y pertenece a la escuela literaria conocida como mester de juglaría.

El cantar de gesta es una epopeya o composición en verso que narra en forma épica las pruebas por las que pasa un héroe, real o ficticio, cuyas virtudes son recomendables como modelo a seguir.

El término épico se refiere a algo que es fruto del coraje, del esfuerzo o del heroísmo y por tanto es digno de ser ensalzado.

En este caso se narran, durante sus últimos años, las hazañas idealizadas de un personaje que existió en la realidad, don Rodrigo Díaz de Vivar, apodado como el Cid Campeador, famoso por su lucha para expulsar a los moros durante la Reconquista en la zona de valencia.

Esta es la primera obra poética de gran tamaño que se conoce pues la conforman 3.735 versos frente a los 1700 de la siguiente obra que muy de lejos se le acerca en tamaño, las Mocedades de Rodrigo, del siglo XIV.

Le siguen en relevancia un fragmento del Cantar de Roncesvalles, del siglo XIII, de unos 100 versos, y una inscripción corta situada en un templo románico, conocida como Epitafio épico del Cid, y que se piensa que es del siglo XV, por ser estas las únicas muestras que han perdurado aunque sea de modo parcial hasta nuestros días.

Este cantar épico sobre el Cid es también la obra que nos ha llegado mejor conservada hallándose casi íntegra: solo falta la primera hoja del original y otras dos en el interior del códice, aunque el contenido de las mismas es fácilmente deducible por el contexto.

Esta creencia errónea que atribuía los inicios de la literatura española al Cantar de Mio Cid se debe a que los historiadores no tuvieron en cuenta géneros anteriores como los romances, que eran relatos de ficción normalmente en prosa y muy explosivos desde el punto de vista imaginativo, obras de procedencia mozárabe, e incluso influencias de carácter judío.

Sobre los romances, su origen se encuentra en obras en verso de la literatura francesa como son el Roman de la Rose o el Roman de Troie.

El primero, Roman de la Rose, está escrito en dos partes datadas en diferentes épocas:

– La primera parte es de Guillaume de Lorris, y fue concebida de 1225 a 1240, quedando interrumpida a su muerte.

– La segunda, la continuación, es de Jean de Meung, y fue escrita entre 1275 y 1280.

Se trata de un poema medieval dominado por alegorías o representaciones humanas de ideas, valores o conceptos, y cuya acción se desarrolla en un jardín ficticio situado en el mundo de lo onírico.

La primera parte recibe claras influencias del poeta romano Ovidio, famoso por su obra Las Metamorfosis, un poema de 15 libros escrito en el siglo I donde se narra el periodo que va desde la creación del mundo hasta la deificación de Julio Cesar, donde el autor se recrea usando de modo muy personal pasajes de la mitología clásica para adaptarlos, junto con el resto de la historia, a su propio antojo.

De Lorri construye un relato sobre un sueño donde, mediante personajes que son alegorías, el protagonista se sumerge en un mundo fantástico que a través de las experiencias por las que pasa en el periplo de conquistar a su amada le llevan a aprender las normas del amor cortés: educación, discreción, cortesía, paciencia, devoción y generosidad.

La segunda parte, de Meung, es la continuación del sueño: esta vez, además de divagar sobre otros temas renegando de las enseñanzas de la primera parte, usa los acontecimientos como excusa para filosofar sobre el amor dándole la espalda al estilo cortes.

Aquí el protagonista consigue por fin a la amada y se despierta del sueño.

El Poema de Troya o Roman de Troie esta firmado por Benoit de Sante-Maure hacia 1170 y versa sobre la Guerra de Troya.

Hasta entonces se da por echo que lo que existía sobre narrativa era un tipo de poesía que se transmitía de modo oral en lengua romance o latín vulgar, un dialecto opuesto al latín normal, aunque también derivado de las lenguas itálicas, que era en el que se expresaba el pueblo llano: el castellano por ejemplo es una lengua romance.

Estas composiciones tenían dos tipos de temática:

– Lírica: género donde el autor transmitía emociones o sentimientos sobre una persona o sobre el objeto de su inspiración.

– Épica: género donde se nos narran las aventuras y hazañas mas o menos exageradas de héroes tanto reales como ficticios.

También, si queremos contar la historia correctamente, debemos hablar del romance mozárabe, que viene a ser representado por los dos tipos de escritos que han llegado hasta nosotros:

– Las Glosas Emilianenses: del siglo X, son el primer texto conservado donde nos aparecen por primera vez las formas románicas en España.

No cuenta ninguna historia, simplemente apareció como parte de un manuscrito del monasterio de San Miguel de la Cogolla, situado en la Rioja y fundado en el siglo VI.

– Las Jarchas: también del sigloí textos breves, de tema amoroso, escritos en lengua árabe coloquial, y también en la lengua romance de los cristianos que vivían en el Al- Andalus, es decir, los mozárabes.

Por tanto, una vez conocemos todos estos antecedentes, llegamos a la conclusión de que no es que antaño no se conociese la escritura, lo que sucede es que como los ciudadanos comunes eran totalmente incultos y no sabían escribir ni leer, este era un arte que apenas tenía difusión: los temas profanos se transmitían mayormente de boca en boca y los pocos libros que existían eran copiados a mano con tinta y pluma sobre pergamino en los monasterios por monjes y frailes, siendo los destinatarios de su trabajo el propio clero, la nobleza y los reyes.

A pesar de lo que se cree, no todos los copistas sabían leer y escribir, lo cual era muy útil a la hora de transcribir textos prohibidos como aquellos que hablaban de sexo o los tratados sobre medicina interna.

Estos artífices simplemente se limitaban a imitar los signos que veían de un códice a otro.

Donde si podían expresarse libremente era en la decoración de las iniciales y en las ilustraciones.

Terminar de duplicar un ejemplar podía llegar a costar tranquilamente unos diez años.

Estas copias debían hacerse a mano porque aun no se había inventado la imprenta de tipos móviles, la cual no aparecería hasta el siglo XV, trayendo consigo la masificación de la literatura al hacer posible su llegada a un mayor número de publico y revolucionando así el mundo de la cultura, pues al ser los libros mas accesibles, la gente comenzó a querer aprender a leer para empaparse de las historias y el conocimiento que estos nuevos tesoros gráficos encerraban.

Hasta ahora hemos hablado del caldo de cultivo donde se gestaron las historias que se contaban en nuestra península, pero si lo que queremos es hablar de literatura como tal en España, debemos empezar por las primeras escuelas que se centraron en traspasar los muros de lo oral para asentarse en el mundo de lo escrito: los mesteres.

El medio físico o soporte para este fin fueron los códices, los primeros libros, escritos en pergamino hecho con piel de animal en vez de papel.

La palabra mester viene de menester, que deriva del vocablo latino ministerium, que significa ministerio, y a su vez, “oficio”, y vienen a ser cada uno de los tres tipos de escuelas literarias que coexistían en la Edad Media, donde al igual que pasaba con la sociedad de la época, esta disciplina se encontraba compartimentada en tres parcelas:

– Mester de Juglaría: aunque valido para todo tipo de público, por su lenguaje a base de versos sencillos, el uso de una lengua vulgar y sus giros argumentales enfocados al entretenimiento, era la escuela del pueblo llano, totalmente inculto y analfabeto.

– Mester de Clerecía: era donde miembros de la Iglesia o gentes con conocimientos varios creaban poemas de rimas exigentes en tono didáctico, es decir, con la intención de enseñar, pero cuidando las formas de modo que estubiesen dotadas de belleza estética, y fuesen reflejo del pensamiento culto y elevado que las había creado.

– Mester de Cortesía: era una literatura en prosa desarrollada en y para la corte.

 

Mester de juglaría
Fue el primero en aparecer en el siglo XII y los temas dominantes son cantares de gesta, los cuales a su vez son influencia de las chansons francesas pero con una temática mas adaptada a nuestro país, e historias de amor desenfadadas.

Este mester tenia una función basada en la dispersión mental y el ocio, y servía tanto para amenizar las veladas de la corte como para invitar al vulgo a olvidarse por un rato de sus miserias y meterse en la piel de valerosos caballeros de alta alcurnia con los que vivir emocionantes lances y aventuras, y para gozar y sufrir con elevados amores y desamores que conmovían su psique.

El lenguaje usado para desarrollar sus versos era el de la calle, el romance, una variación influencia de las lenguas latinas pero con aportaciones locales. No se trataba de un idioma culto como el latín aunque era una variación autóctona suya.

Desde antaño este tipo de obras en verso ya se venían conociendo gracias a los juglares itinerantes, que eran sus narradores, pero la diferencia era que antes solo se trasladaban de modo oral y ahora se empezaban a plasmar en un soporte físico.

La palabra juglar proviene del latín jocularis o joculator, que significa “bromista u hombre de chanzas”.

Estos personajes eran artistas dedicados al entretenimiento y contaban sus historias tanto en las plazas de los pueblos a la gente común, como en los castillos de los señores feudales para un público de mas alto abolengo.

Estos juglares eran de origen humilde, y representaban papeles circenses con juegos malabares, hacían de cómicos actuando como bufones, contaban chistes, tocaban música con instrumentos sencillos… se valían de las artes que fuesen necesarias para cumplir su cometido de animar al personal.

Incluso a veces apoyaban la narración de sus historias en verso con dibujos para poder atrapar con mayor facilidad la imaginación del oyente.

También con este fin practicaban otras muchas técnicas del mundo del espectáculo, pero sobre todo eran los transmisores vocales de los poemas que componían los trovadores y otras fuentes anónimas.

Había dos tipos de juglares: los épicos, que recitaban poesía narrativa, y los líricos, que se centraban en la poesía sentimental.

Un buen par de ejemplos sobre esta modalidad lírica eran los siguientes tipos de gèneros:

– Las serranillas: historias de amor relacionadas con mozas serranas o de la sierra, emparentadas con las pastorelas, originales de la zona del mediodía francés y de Cataluña, que eran lo mismo pero con pastoras en vez de serranas, donde ambos tipos narrativos estaban dotados de un gran rusticismo.

– Las coplas: un tipo de poesía que adaptaba canciones populares y que viene del latín copula que significa “unión”.

En la primera parte de la Edad Media, del siglo XI hasta mediados del XIII, lo que mas se daba era el género épico, y ya en la segunda parte, desde la segunda mitad del XIII al XIV, el lírico.

 

Como su nombre indica, era el representado normalmente por clérigos, situándose su periodo de esplendor entre los siglos XIII al XIV, aunque también participaban de su creación gente culta, como podían ser nobles, como por ejemplo Pedro López de Ayala, judíos, como Sem Tob, o musulmanes, como el autor anónimo del Poema de Yusuf, escritores que, en general, estaban dotados de unos conocimientos superiores a los del trivium.

Las enseñanzas en las Escuelas Monacales, las que preparaban a niños y jóvenes para la vida religiosa en el siglo XIII, se dividían en dos tipos:

– El trívium, relacionado con la elocuencia.

– El quatrivium, que lo conformaban las disciplinas del mundo de las matemáticas.

La palabra latina trivium significaba “tres caminos o rutas” y hacía con ello referencia a las tres materias que la conformaban: gramática, lógica y retórica.

Quatrivium era traducido como “cuatro caminos” y englobaba: aritmética, geometría, astronomía y música.

Mientras el trivium eran las enseñanzas básicas del momento, el quatrivium eran las cuatro vías o materias en que todo buen erudito de la época debía estar formado.

Estos “cuatro caminos” representaban los pilares sobre los que se asentaban los altos estudios medievales, y se nutrían de las enseñanzas de los pitagóricos, movimiento filosófico y religioso del siglo VI a. C. formada por los seguidores de Pitágoras de Samos, considerado el primer matemático puro de la historia, y cuya idea mas representativa es que todas las cosas existentes eran en esencia números.

Del siglo XI al XV, la forma de pensar dominante se apoyaba firmemente en la escolástica, una corriente teológica y filosófica basada en las enseñanzas aristotélicas según las cuales se podía explicar el misterio religioso mediante la razón, logrando un equilibrio entre ambos campos, aunque primando lo religioso.

La escolástica además de tener influencias grecorromanas también permitia aportaciones de religiones infieles como la árabe o la judía en las cuales también estaba presente.

Esta corriente teológico filosófica se enseñaba principalmente en las escuelas catedralicias, que son las que surgen en torno a las bibliotecas de las catedrales, tienen su origen en las antiguas escuelas municipales romanas que con la caída del Imperio se acaban uniendo a la Iglesia, y con el tiempo serán el germen de las futuras universidades.

La meta de los autores del mester era crear textos didácticos mediante la adaptación actualizada a la época de temas religiosos e historiográficos sacados de la tradición grecorromana.

También tenían un fin estético así como el de lograr la comunicación con el lector, conseguir llegarle hondo para poder influirle y llevarle por su camino, convenciéndolo con palabras y aleccionándolo moralmente con el contenido de sus historias.

Estos textos debían entretener al publico, enseñarle una lección sobre algo y guiarle por el camino de la virtud y la piedad, preocupándose también porque su forma y su expresión reflejase el alto nivel cultural en que se habían gestado.

Los autores de esta escuela, para lograr sus objetivos literarios usaban como herramientas lingüísticas los cultismos, que son palabras que no han evolucionado del latín o del griego, y la retórica, una disciplina que pone el lenguaje al servicio de la persuasión.

A diferencia del mester de juglaría que usaba la rima asonante, mas sencilla de trabajar, o el mester de cortesía, que se escribía en prosa, este mester usaba la rima consonante porque era mas difícil y exigente, y por tanto daba como resultado la impresión de ser una poesía mas culta, y para la estructuración de los versos se servía de una composición muy característica denominada Cuaderna Via.

Esta nomenclatura de Cuaderna Via surge del Libro de Aleixandre, la primera obra escrita siguiendo ese tipo de forma de componer en el primer tercio del siglo XIII.

Con el paso de los siglos, este mester reflejara la evolución de la sociedad de su tiempo: de los temas predominantemente religiosos y morales con una métrica sencilla del siglo XIII, en el XIV se evoluciona hacia una creación más original y libre, incluso abierta a los temas profanos, y con una mayor variedad de formas compositivas que enriquecen la articulación métrica.

Como mejor exponente de este período tenemos el Libro de Buen Amor, del Arcipreste de Hita.

El Libro de Buen Amor, también conocido como Libro del Arcipreste o Libro de los Cantares, es llamado así debido a que no conocemos su verdadero nombre porque no aparece en los manuscritos existentes.

Lo que si sabemos es su autoría, por Juan Ruiz, y su datación, en el siglo XIV.

El libro trata diversos temas a través de una autobiografía ficticia del autor, personificado por Don Melón de la Huerta, quien a través de sus historias de enredo amoroso y la descripción de sus sucesivas amantes nos representa todas las capas de la sociedad de la época.

A través de sus páginas desfilan tanto lo profano como lo religioso:

Lo profano se representa gracias a géneros como por ejemplo las alegorías, las serranillas, las fábulas, que son historias donde se dota a los animales de características humanas, o los apólogos, que son narraciones cuyo propósito es instruir por medio de la moraleja, una lección o enseñanza que sacamos como conclusión sobre lo que se nos ha contado.

Como géneros que representan a lo religioso tenemos por ejemplo los himnos y los gozos a la Virgen o a Cristo.

Los himnos son cantos o textos narrativos que expresan sentimientos de alegría y celebración, y los gozos, composiciones poéticas para adorar a la Virgen o a los santos en las que se repite un mismo estribillo al final de cada copla, que son por su parte composiciones poéticas de cuatro versos destinadas a ser cantadas.

Esta obra lo que pretende es, por medio del humor, enseñarnos que la educación amorosa es parte del aprendizaje humano.

Posteriormente, en el siglo XV, con la Peste negra, el Cisma de Occidente, momento histórico en el que varios obispos se peleaban por el poder papal, y el nacimiento de la Devotio moderna, una radical corriente espiritual surgida de los Países Bajos que pretendía separarse de la escolástica, nos enfrentamos a una época de nuevos cambios.

Ahora, con esta involución hacia una religión mas cerrada, se quería alcanzar un nuevo nivel mas elevado, puro y centrado en la mística y la liturgia, como buscando una purificación mediante la purga espiritual para sobrellevar las tensiones del momento histórico, provocando que el mester perdiera toda la riqueza de temática y forma que había ganado en el siglo anterior, de modo que acabó hundiéndose en la oscuridad, opresiva y austera, y volviendo la métrica de nuevo a recuperar modos mas simples y básicos.

 

Mester de cortesía:
Lo que predominaba en él eran mas bien narraciones que servían de guía sobre como debía comportarse el perfecto caballero medieval y notas aleccionadoras para educar a nobles y políticos.

Puede decirse que en cierta forma eran una especie de tratados de etiqueta para lo mas alto de la sociedad de la época.

A diferencia de los otros mesteres, aquí se utilizó siempre la prosa, y su contenidos eran temas legales y cortesanos.

Así pues esta escuela nos ha dejado numerosas compilaciones de cuentos y obras históricas de autores que componían tanto en castellano como en latín, destacando la figura de Don Juan Manuel, quien vivió desde fines del siglo XIII hasta mediados del XIV y se manejo siempre en lengua castellana.

Este importante autor, miembro de la casa real, fue quien mejor trabajó la prosa de ficción, género donde destaca El Conde Lucanor,  obra fruto de una mezcla de cuentos moralizantes, también llamados exempla, con un tipo de literatura en prosa llamada sapiencial, la cual debe su nombre a que recoge la sapiencia de varios sabios griegos, como por ejemplo Esopo, autor de fabulas como la conocida historia de el escorpión que pide ayuda a una rana para cruzar un río y su naturaleza le lleva a clavarle el aguijón de modo que mueren los dos.

Estos textos breves llegaron al mester gracias a que fueron preservados por los árabes, los cuales habían estado trabajando con ellos desde los siglos IX al XI.

Anuncios
¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

4.92 - 12 votos
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

Carmen Albesa

2 comentarios

Deja un comentario

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información