Sociedad

Lo más sencillo del mundo – J. J. Sánchez



Lo más sencillo del mundo – J. J. Sánchez - Sociedad

Lo más sencillo del mundo, es decirse «no«. Está tan a la mano, es tan cómodo, que los síes parecen algo fuera de la norma, algo lejano. Un capricho. Un «me lo merezco, pero de vez en cuando«, un «ya si eso, lo hago tal día«, un «si esto o lo otro«. A la mierda con eso, pero a la mierda, de verdad. Hay que decirse sí, más a menudo, sino vas a llegar a viejo, te vas a mirar al espejo y todas esas negativas que te diste te van a mojar las mejillas de sal, no sé si me entiendes. Vas a llorar en la soledad de una habitación cualquiera, y será el más amargo de los llantos. El tiempo se te va a venir encima, como esas olas, cuando eras chico, que venían una detrás de otra y apenas te dejaban respirar, hasta arrastrarte a la orilla y te raspaban el pecho, las rodillas y los codos.

La perfección está en los errores, en su caos. Hizo falta mucho caos para coincidir en el mismo tiempo y espacio que esa persona a la que amas, esa amiga a la que aprecias como a una hermana, incluso, esa persona que lleva por bandera esos gestos feos que tú, ni en pintura. Porque oye, de todo se aprende. Hasta de lo malo.

No le temas al caos, teme al orden, a lo quieto. A lo que se da por sentado. Desconfía de lo quieto. Lo quieto mata. La vida es un caballo desbocado, o una tromba que hincha el agua mansa que corre por una ribera, pero no es algo quieto. Nos rige el caos, el hermoso caos que hay en un iris, alrededor de una pupila o en una gota de lluvia que cae, de manera aleatoria.

Esto es así, y lo es hasta el final. Hasta ese momento en que, a quien quieres decirle que no, es a la muerte. Pero la muerte no llama al timbre, la muerte llega sin avisar. Ella, burlona, siempre dice que sí, casi con ironía. Se lo come todo. Y sin embargo, la respeto como a nadie, porque ella te dice que sí, pero también es la que da valor a la vida, la que te abre los ojos de un tortazo. Y claro… después de un tortazo, cómo vamos a ser nosotros los culpables, ¿no? Pues lo somos. Todas esas veces que decimos «no«, lo somos. Hacemos ruina, y nos quejamos de los escombros.

Lo siento. Por mí primero, que digo no. Por ti.

Menos cuento, menos cháchara, menos todo y más ««.

Quiérete, pero quiérete fuerte.

Esto es un instante, un relámpago en la noche.

Y hemos venido a brillar.

No lo olvides.

 

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J. J. Sánchez

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