Literatura

Loco In Aeternum.

Loco In Aeternum. - Literatura

 

“Tu risa me hace libre, me pone alas.

Soledades me quita, cárcel me arranca…”

 

De la cual yo estaba preso y ahora me hallo libre. He pasado tanto tiempo encerrado que he olvidado cómo olía la libertad, mi memoria me falla cual persona que padece de Alzheimer, pensaba que tenía memorizado, claro e interiorizado el paisaje que he vivido, visto, oído y recorrido desde que nací, empero desde que te vi por primera vez iluminada por la luz procedente de aquel farol viejo y oxidado, en aquella calle sombría y taciturna, he tenido que rehacer de nuevo mi mundo, ya que todo lo que he conocido hasta ahora  parece estar hecho de humo, el mundo no es bueno o malo: es mundo. Es tal y como lo queramos hacer, y sin yo querer algo dentro de mí cambió al ver cómo tus  mejillas, que haces llamar duraznos, se pintaban de un color rojo carmín, a la vez que tus labios tan dulces como la luna, tan brillantes como el sol, me obsequiaban con un leve espasmo de felicidad. No le encuentro el sabor al color, ni el tacto al rojo carmesí que supura una rosa impregnada por el rocío de lluvia.

Me sorprendo a mí mismo pensando en ella a escondidas, pensando en ese desierto de tormentas eternas que penetran en mi ser y encandilan mi alma. Duele, me duele la duda.
¿Estará ella pensando en mí? La respuesta es de doble filo, puede hacerme experimentar una muerte tan dolorosa cuasi como la que experimenta un samurai que se practica el harakiri para poder recuperar su honor, o puede hacerme sentir una estampida de mariposas recorriendo cada milímetro, cada articulación, cada nervio de mi cuerpo, llegando al punto de casi flotar cual globo aerostático. Pobre Apolo odiado por su amada Dafne, no lo compadezco, más bien lo envidio, él era conocedor de los pensamientos de su amada, yo más bien me hallo perdido al igual que el minotauro que intenta salir del laberinto. El tiempo no pasa, y tampoco se detiene, ha dejado de responder a cualquier norma o ley. Estoy empezando a volverme loco, la veo en los extraños dibujos que forman el café al mezclarse con la leche, la huelo en la tierra mojada, la oigo en el piar de los pájaros y la siento en la suavidad de los cobertores antes de dormir. Pasa el tiempo y mi memoria falla, su rostro, su sonrisa, su fermosa, grande e inigualable sonrisa empieza a desaparecer de los entresijos de mi mente, solo puedo recordar pequeños detalles, algo vagos y difuminados, solo hay uno que merezca de explicación ya que es el único que ha conseguido quedar impregnado en mi ser tal y como  si mío fuera, esa pequeña isla circular, perfecta y sin impurezas de color zaino, localizada entre dos espesas selvas delineadas por encima de los ojos. La locura ya se ha apoderado de gran parte de mi ser. He empezado a cavilar acerca de cómo debe ser mi amada, no sé si preferiría pasar una tarde  inmersa en la lectura de un libro gongorino mientras que casi puede tocar las lágrimas de los ángeles cayendo desde el Olimpo hasta tocar el suelo y humedecer aquello que antes se encontraba deshidratado y agrietado, o a contrariis prefiere correr entre un infinito mar  de trocitos de sueños arrastrados hasta la orilla por el  océano de la vida, junto con un sol prodigioso iluminando su frágil figura. No le encuentro la ilusión al despertar, ni el placer a una ducha caliente, el sentido está dejando de tener su función en mi vida, me estoy convirtiendo en un mero espectador del mundo. Me he vuelto tan útil como un reloj sin manecillas. Irónicamente, el único remedio para esta nefasta situación es el amor. Por lo tanto, solo tengo dos alternativas, tener paciencia y esperar o tener paciencia y olvidar. Las dos opciones se me antojan difíciles y dolorosas, sin embargo, prefiero tener un corazón sufrido que un corazón vacío, ya que un corazón sufrido se sustenta de la esperanza mientras que un corazón vacío no tiene de qué sustentarse.

Mi único deseo y anhelo a estas alturas es que me dejes sentar junto a ti, y manteniendo tu sonrisa, dejarme ver tu corazón de azúcar y con él ver todos tus secretos y dar fin a mi inexorable y dolorosa pregunta. Definitivamente me he vuelto loco in aeternum.

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Danyoda

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