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Los avatares del yo



Los avatares del yo - Ciencia

El yo como parte esencial de lo vivo

En un video de GodScience, Richard Dawkins afirma: “Tengo una visión materialista del mundo. Y esto me lleva a creer que cuando pienso que tengo libre albedrío, que cuando pienso que tomo libremente decisiones, simplemente me estoy engañando”. Sam Harris agrega: “La sensación de ser un ego y ‘pensar’ pensamientos, esa sensación de ser un sujeto, es una mera ilusión”. Como es sabido, tanto Dawkins como Harris son parte de “los cuatro jinetes del no Apocalipsis”;  junto con Christopher Hitchens y Daniel Dennett, representantes del “nuevo ateísmo”. Es increíble que el nuevo ateísmo se parapete en un materialismo tan anticuado, totalmente superado desde el siglo XIX en que Marx lo calificó de “vulgar” por pretender que el cerebro secreta ideas como los riñones secretan orina y no tomar en cuenta la interacción entre el hombre y la sociedad, así como el bagaje histórico que nos influencia. Si el materialismo vulgar fuese correcto, no existiría el conocimiento objetivo, todos los pensamientos valdrían lo mismo, con lo cual, la mayor genialidad de un científico no estaría más cerca de la verdad que la opinión más abstrusa de un neófito.

En el mismo video, el doctor Jay Richards responde con los clásicos argumentos espiritualistas que ya esgrimió Platón: hay una parte inmaterial en nosotros que domina nuestro cuerpo, lo dirige y lo hace tomar decisiones. Por dominar el cuerpo no puede morir con él. Ese algo tendría que venir de fuera y ser exclusivo de los humanos. Un regalo de una divinidad igualmente inmaterial. Esta posición choca con el clásico problema de cómo algo inmaterial puede interactuar con un cuerpo material y dirigirlo. En los siglos XVII y XVIII nadie se explicaba cómo mi voluntad, si es inmaterial, puede siquiera levantar mis muy materiales extremidades, dado que los cuerpos se atraen en razón directa a su masa y la voluntad carece de ella. El problema se archivó por insoluble.

Un análisis fenomenológico nos acerca más a una solución. Si describimos detalladamente lo que sucede en nosotros cuando pensamos, notamos que la mente suele divagar. Surgen pensamientos ante la sonrisa de alguien, un sonido, un olor… Jung narró la experiencia de un psicólogo que caminaba por un campo y de pronto se vio asaltado por una multitud de recuerdos relacionados con su infancia. Se devolvió en busca del estímulo que había desatado sus recuerdos y notó que había patos en una granja. Su olor, que conscientemente no le había afectado, despertó en su inconsciente una serie de recuerdos sobre la granja en que había nacido.

Si nuestra mente fuera solo una divagadora que soltara ideas sin orden, al vaivén de los estímulos externos, no llegaríamos muy lejos. Hay otro sistema en nosotros, algo que observa las ideas y las analiza, algo que muchas veces exige al cerebro ponerse a trabajar en una dirección y producir determinados conceptos. Ese algo es lo que llamamos yo: una especie de regulador psíquico (como lo definió Freud) que mide nuestras capacidades ante el mundo. Es el elector entre las ideas y deseos que vienen de dentro y el principio de realidad, o sea, el medio en que nos desenvolvemos. Por eso nos pasamos juzgando cuáles ideas son mejores o peores en determinada situación o cómo debemos responder en ciertas circunstancias. Es el que tiene acceso al movimiento. El que determina si debemos intervenir o abstenernos en una pelea, un debate, etc. ya que mide nuestras fuerzas y las del oponente. Es el que dice si la idea que nos ha surgido para un cuento o una pintura es pobre o genial. El que susurra al científico si su idea sobre lo que realmente pasó durante el big bang es verosímil o una tontería.

Obviamente, ese yo que tiene tantas funciones no es una ilusión. Acumula experiencias y las contrasta, lo que facilita sus decisiones. Por ejemplo, hoy sabemos que determinado vegetal es comestible, medicinal o venenoso gracias a las experiencias de nuestros antepasados. No es ilusorio, pero tampoco es inmaterial. Es un derivado de la lucha por la vida e hijo de la evolución. Los animales no se lanzan a una contienda o una conquista sin antes sopesar si sus fuerzas son suficientes para contrarrestar las del enemigo. Ellos tienen también este sistema esencial para la supervivencia, solo que tal vez no han tomado conciencia de poseerlo. Así que no es algo inmaterial dado solo a nuestra especie. Desde siempre se ha dicho que nuestra ventaja sobre los animales es que, a pesar de que tanto ellos como nosotros tenemos percepción, en nosotros hay apercepción. Percibimos que percibimos y podemos analizar que hay un yo que percibe, la unidad sintética de apercepción, como definió Kant al yo, esa unidad que no era ninguna ilusión para el filósofo alemán, ya que si no comprendiéramos que todas nuestras percepciones nos pertenecen, están en este sujeto que soy, me han pasado a mí, no podríamos establecer relaciones entre ellas, no habría ciencia ni filosofía. No nacemos con esa unidad desarrollada de una vez, si fuera inmaterial no necesitaría desarrollarse. El yo va creciendo y fortaleciéndose con las experiencias, se va independizando, evoluciona en interacción con la realidad, aprende lo que puede hacer y lo que no.

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Acerca del autor

Luis Alberto Solórzano Sojo

2 comentarios

  • Necesitamos una definición unificada de materia, nunca la ha habido. Sigo prefiriendo la de Aristóteles, «aquello de lo que están hechas las cosas». Creo que para existir es preciso tener alguna forma, un límite y estar hecho de algo. Las demás definiciones van cambiando con el tiempo, hoy no sabríamos cómo definir la materia oscura o la energía del vacío. Gracias por comentar.

  • El grupo de Dawkins del Nuevo Ateísmo, como dice usted mantiene ideas bastante superadas. Sin embargo, criticar una posición en función de quién la defiende o de qué ideas descerebradas se adhieren a ella, no es sensato; es como negar los daños al clima porque habla de ellos Greta Thunberg.

    Bueno, técnicamente NADA es material. Si tomamos material como aquello que ocupa espacio, se extiende en el tiempo e interacciona con el resto de la realidad de forma separada, entonces no existe lo material como algo sustancial y fundamental.

    Hoy sabemos que la masa, y el espaciotiempo emergen, o son fruto de la comunicación de niveles inferiores de realidad, donde no existe separación o tiempo. Por ejemplo, si la luz (espectro electromagnético) pudiera mirar alrededor suyo, no experimentaría ni el paso del tiempo ni la proyección espacial, precisamente porque estas cosas no son fundamentales, sino efectos fenomenológicos y prácticos de la forma en que interaccionan los campos cuánticos.

    Parece ser por tanto que la Realidad es inmaterial. Sin embargo es física, ya que funciona o se comunica consigo misma siguiendo ciertas reglas, ciertas restricciones de flujo. Los físicos no dicen en cambio que sea espiritual, porque esta palabra está cargada de significados religiosos; dicen entonces que es matemática, o informacional.

    Dentro de estos «jinetes», hay discrepancias; notablemente, Sam Harris cree que la Consciencia es real, y que no la podemos describir en términos puramente físicos y menos aún, materiales. En esto choca creo con Denett.

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