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Los cuatro males de la sociedad



Los cuatro males de la sociedad - Sociedad

Hoy en día las personas sufrimos por los mismos males que las sociedades antiguas, lo que ha cambiado es que la globalización a dado nuevas realidades.

A continuación haré un breve análisis de estos males y veremos pautas de como controlarlos:
El primer mal es el miedo que se alimenta de la ignorancia sobre los asuntos de la vida.
No es la ignorancia por si misma o las consecuencias de nuestros actos, pues, si se conociera lo que no se sabe, ¿qué quedaría sin probar?
Si todo lo que es castigo ya viniera adjudicado a la existencia, a tal punto que su naturaleza no pudiera ser tomada como castigo sino como parte de vivir ¿qué refrenaría de tomar una u otra decisión?
La verdadera libertad está en transgredir el miedo, si cada vez que la ignorancia se presenta sobre los asuntos del hombre se decidiera buscar mediante la meditación, la paciencia y la disciplina la sabiduría, el proceder que naciera del conocimiento profundo daría diligencia a los actos y por ende los temores no tendrían razón de existir, pues es mediante este proceder que se atrae certeza.
Sin temor no hay necesidad de seguir dogmas, creencias y fanatismos, o negar realidades, pues todo queda expuesto a la luz del conocimiento. Eliminando el temor por el castigo, las personas tienen la posibilidad de actuar y decidir libremente por sus ideales, sin que nadie pueda coartarlos, ni doblegarlos. Actuar sin temor a represarías, hace que surja la madurez por experiencia y es esto lo que da el aprendizaje para ser responsable de sus actos, pero si durante toda la vida el ser humano es gobernado por el miedo o por agradar a otros para evitar el sufrimiento, ¿cómo puede darse cuenta de su poder en la capacidad de decisión?

El segundo mal social es la tiranía, esta surge por la incompetencia personal que termina exigiendo de los demás unos resultados que por sus propias ordenes son imposibles de alcanzar. Este mal social es producto de no saber liberarse del primer mal, pues el miedo es el causante de que se decida obedecer a incompetentes, mientras que las personas incompetentes siguen desde su ignorancia dando ordenes, impulsadas por miedos personales.

El tercer mal social es la extorsión, una persona que necesita recurrir a la tiranía, revela su incapacidad de lidiar con las circunstancias, su falta de diligencia revela su ignorancia y la ignorancia esconde su mayor temor. Es así que limitado por sus temores decide usar el chantaje material (referido a los bienes materiales y el dinero) físico (referido a la amenaza y el castigo corporal) y emocional (referido a lo narrativo).

El cuarto mal social es el dar de mala gana a la gente lo que es para la gente.
En este punto de la lógica, es fácil entender lo difícil que es encontrar la magnanimidad en la sociedad, cuando en ella, el ser humano ya no es capaz de reconocerse libre e independiente. Es por eso que para evitar ser víctimas del sufrimiento, conviene convertirse así en individuos de una sociedad utilitaria, donde cada uno es su propio yo, y el conjunto está para crear poderes que sirvan para protegerse mediante normas y convenios, de la voracidad del otro.

En resumen, el mayor mal de la sociedad siempre a sido y será el miedo, sus múltiples manifestaciones derivan de la ignorancia, y su cura reside en la búsqueda de la iluminación.

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Acerca del autor

Alvaro umpierrez rapetti

1 comentario

  • Hola amigo. Precisamente, no estoy de acuerdo con el primero. Yo considero que las personas deberían de tener miedo o temor de las consecuencias de muchas de sus acciones negativas, un miedo a ser castigados por un poder superior que les impida a actuar haciendo cosas muy detestables a su prójimo. Un ejemplo, si Adolfo Hitler hubiera tenido miedo al castigo divino por sus malditas y despiadadas acciones contra la humanidad, obviamente, nunca hubieran muerto tantos inocentes en los campos de concentración, entre niños, mujeres y ancianos. El miedo y el temor deben existir para frenar nuestras acciones negativas. Gracias por permitirme opinar.

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