Política

Los Pesares De Un Cuento Llamado “Democracia”

Los Pesares De Un Cuento Llamado “Democracia” - Política

Si mirabas al cielo, la luna aun le adornaba, el sol todavía iluminaba otro hemisferio y en Colombia, la gente ya conversaba en una fila de aproximadamente 30 personas en aquel puesto de votación. El reloj estaba cerca de marcar las 4:00am y por nuestra cabeza nunca pasó  que el amor patrio fuera la razón por la que faltando cuatro horas para el inicio de las votaciones, las personas rápidamente comenzaran a aglomerarse.  

Nosotros, un grupo de cuatro personas, fungiendo como responsables de aquel colegio que estaba destinado para ser puesto de votación,  mirábamos con inquietante sorpresa lo que nos era nuevo, habíamos leído durante años en las noticias lo que ese día nos tocaría vivir, sin embargo, nadie nos dijo que los periódicos no alcanzan a plasmarlo todo con exactitud o claridad.  

Eran las 6:30am y el número de sufragantes superaba los 300. Las puertas estaban cerradas y podíamos sentir el sofoco de quienes llevaban horas a la espera.  

Todo estaba listo, 30 mesas con sus urnas y cabinas, una fila de jóvenes con computadoras para lectura biométrica, policía revoloteando por allí, un bello canino olfateando hasta el ultimo rincón, dos representantes de la defensoría y uno del CTI ubicados en la mesa de justicia echándose fresco bajo el arbolito de mango. Y nosotros, yendo y viniendo porque aquello era nuestra responsabilidad.  

A las 7:00am, se dio la orden de que los jurados ingresaran, se inició  el registro y así, comenzamos nuestras labores asignadas, lentamente los jurados pasaban por cada uno de los filtros, policía, registraduría, biometría y por último, sus mesas, al entrar en los salones, sus rostros de incertidumbre se hacían notar, la mayoría no sabía qué hacer, la mitad no había asistido a las capacitaciones, la otra mitad no había entendido ni el 1% de lo que les habían dicho. Así que mi trabajo se hizo más pesado, mesa por mesa dando indicaciones detalladas, hasta que se hicieron las 8:00am y la gente comenzó a ingresar, traían a cuestas la prisa y el sofoco, inundaron cada rincón con sus historias, sin embargo, la consigna era unánime, votar rápido porque a dos calles los estaban esperando con los $100.000 que valía su voto, algunos tenían menos suerte y les daban $50.000, pero no importaba, con eso, resolvían dos y hasta tres días de comida, la miseria se reflejaba en su piel,  la ignorancia que provoca el restringido acceso a la educación y se acrecienta con los años de hambre y la carencia general de oportunidades. 

La temperatura subía sin piedad, la biometría resulto ser un filtro lento y la fila en lugar de disminuir, avanzaba a cada minuto. Se hicieron las 10:00am y ya teníamos a dos mujeres embarazadas a punto de desmayarse, ancianos ultrajados en las filas y ocho policías incapaces de contener a la multitud, entonces, sucedió lo inevitable, el desespero se transformó en gritos, todos querían cruzar la entrada a la vez, y la primera confrontación cuerpo a cuerpo inició con un jalón de cabello, como una bola de nieve (pero caliente) las peleas paralelas se reprodujeron instantáneamente, bocas partidas, ojos morados, niños llorando, jóvenes aprovechando el disturbio para ingresar escalando la pared lateral del colegio. Se cerraron las puertas, no había otra opción, a las 10 minutos, quince uniformados del ESMAD hacían presencia en las instalaciones y no fue necesario el uso de ningún arma, los gases no se sintieron, bastó la presencia de aquellos hombres de negro para que como quien presiona un interruptor los actos de violencia cesaran. Así, volvimos a lo mismo, las puertas se abrieron y el ingreso volvió a ser lento pero “seguro”, las historias retomaron sus voces, y en la mitad del tumulto, había un señor que se veía ligeramente mejor vestido que el resto, venía acompañado por un cúmulo considerable de personas, a quienes contaba insistentemente mientras relataba que el partido más importante de la costa le había ofrecido 20millones por llevar a todas aquellas personas a votar, y que adicional a su comisión cada sufragante  recibía $80.000 por el voto, se ufanaba como si de una hazaña se tratase y a su alrededor las personas escuchaban sin el menor atisbo de sorpresa, unos decían que les estaban pagando el voto por un precio mayor, otros, que  dónde era eso porque a ellos sólo les estaban dando apenas $50.000 y si había otro sitio en el que ofrecían más, pues mejor.  

El día fue avanzando, eran las 2:00p.m y la fila se había multiplicado, los jurados estaban sedientos, acababan de retomar sus funciones luego de un corto almuerzo y lo único que los mantenía allí era la coerción de una multa millonaria, no había agua, comida o un bocadillo para ellos, la madre, el trabajador, el estudiante, estaban allí sentados ejerciendo una obligación en condiciones poco óptimas.  

Mientras tanto, afuera, un hombre que era sorprendido robando fue inmovilizado por la policía y daba gritos pese a que nadie lo estaba violentado, a su vez, alguien que desconocía la prohibición del uso de teléfonos, comenzó a grabar y como los funcionarios del ESMAD no conocen otra manera de reaccionar, de la forma mas violenta le arrebataron el celular, le hicieron añicos la camiseta y le enrojecieron la piel, inmediatamente la funcionaria de la defensoría hizo presencia, le devolvió el celular al señor y lo dejo ir, sin embargo, el presunto ladrón, sentado en una silla, no dejaba de dar gritos en un estado poco habitual de exaltación. Todos los funcionarios presentes intentaron calmarle, pero nada fue suficiente, él dejó claro que quería herirlos a todos, así que fue trasladado en una patrulla.  

Las cosas, parecían volver a su orden nuevamente, faltando una hora para el cierre, la fila superaba las 500 personas, así que comenzamos a ingresar obviando el filtro de la biometría y la evacuación fue exitosa.  

A las cuatro en punto, se hizo sonar el timbre del colegio y todo lo sobrante fue roto. Destruidos el desecho. se dio inicio al escrutinio. Los testigos, se creían con la autoridad de hacer de las suyas, y tuvimos que retirar a dos de ellos con ayuda de la policía. El conteo finalizó a las nueve de la noche, la última mesa entregó; y ahora sólo quedaba esperar al transporte para el traslado. Contrario a todo lo pensado, los votos fueron llevados en un auto corriente, con el acompañamiento de una patrulla de la policía, la voluntad del pueblo fue trasladada en sacos y recibida por funcionarios de la registraduría casi a las dos de la mañana, la labor estaba cumplida y el cansancio me invadía el cuerpo. Sin embargo, al día siguiente tuve que ir a organizar el colegio, fue allí donde un relato se convirtió en el móvil de esta crónica, el señor que se encarga de la vigilancia del colegio, el cual, tiene un contrato directo con la alcaldía, es obligado a ponerle 10 votos al político de turno, nos contó, que su familia sólo tiene 5 personas habilitadas para votar y que las otras 5 debe pagarlas; 250mil pesos para poder mantener un empleo en el que devenga el salario mínimo, para que una persona a la que le sobra el dinero pueda perpetuarse en el poder para seguir acumulando en sus arcas.  

Lo cierto, es que reducir la democracia al proceso electoral es un error común, pero el ejercicio de la misma es insultante e insuficiente en todos sus niveles. La gente se muere de hambre y en un porcentaje muy alto desconoce por quien vota, va hasta las urnas para poder pagar una deuda o alimentar a sus hijos por dos días. Sin duda, tenemos lo que nos han obligado a merecer. 

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Taylor Moon

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