Política

Los Populismos, Verdades Y Mentiras

Los Populismos, Verdades Y Mentiras - Política

El tan recurrente y socorrido concepto de populismo se emplea en la actualidad para definir erróneamente y con intención a ciertos movimientos políticos e ideológicos más cercanos a las bases sociales.
En un sentido amplio puede decirse que populismo es la idea de pueblo como depositario de las virtudes de justicia y moralidad. Un auténtico movimiento político populista se basa en movilizaciones de masas a partir de una retórica de contenido fundamentalmente emocional y autoafirmativo, centrada siempre en torno a la idea de pueblo y vinculada a un líder cuya honestidad garantiza el cumplimiento de los deseos populares.

Para el populismo el pueblo es un todo, una comunidad de intereses compartidos, una unidad indivisible. De ahí que para el populismo sólo exista la idea de pueblo y antipueblo; y este enfrentamiento está siempre presente. Pueblo, la unidad; antipueblo, aquellos que quieren romperla. Pueblo, la virtud, la supremacía de una nación, su acervo, su bandera, su himno. Antipueblo, el mal, la ruptura, la contrafigura de unidad.

Toda la retórica populista gira en torno al antagonismo pueblo/antipueblo. ¿Qué nos recuerda esto? Sí, es el discurso Trump en Estados Unidos, el de Macron en Francia, el de Maduro en Venezuela o el de Palo Casado y Arbert Rivera en España. La unidad amenazada por los antisistema, por los inmigrantes, por los disidentes, los malvados que se les oponen y sus colaboracionistas, a quienes precisamente acusan de ser lo que son ellos en realidad.

Estos rasgos irracionales y maniqueos son los que confieren a estos fascistas una idiosincrasia particular, negativa, despreciando la política, las ideologías contrarias, oponiéndose prácticamente a todo con un discurso retórico y vacío de propuestas con el que pretenden llenar el pozo de sus carencias programáticas.

Nos bombardean con verdades-mentira sin precedentes, llenas de aspiraciones de poder, de carácter puramente interesado y electoralista y con  ideas, casi siempre arcaicas, sin modernidad en su discurso. Se aferran en crear de nuevo formas artificiales de un pasado en ocasiones imaginario y no en restaurar un sistema real quebrantado. Pero su propósito no es restaurar un orden social y político pretérito, sino un modo de vida que ellos consideran moralmente destacado: Un país unido. Un país para los allí nacidos.

Por supuesto Trump juega un papel fundamental en esta nueva concepción ideológica, tiene que impulsar su solidez mediante la fortaleza que aparenta, lo demás es secundario y está en función de la ocasión. Este liderazgo se asienta sobre las crisis, siempre, sin excepción, por eso la importancia para estos manipuladores de mantener viva la inestabilidad del pueblo, incendiando la pacífica convivencia y enfrentando a los ciudadanos sencillos con el miedo a los inmigrantes y con la constante amenaza del desempleo. Y todo ello con un discurso paranoico típico de su oratoria pirómana.

No hay duda de que estos rasgos típicos del populismo se adaptan perfectamente a esta nueva forma de hacer política implantada por un demente como Donald Trump en toda su variedad de opinión. Con ese discurso descrito, tan peculiar, tan significativo y tan aborrecible como lo fuera el de Hitler, Mao, Castro o Primo de Rivera.

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