Política

Los Servicios Sociales

Los Servicios Sociales - Política

Sus objetivos son favorecer la integración de las personas y de los colectivos en la sociedad, valorando y solucionando las dificultades, aportando recursos que mejoren la calidad de vida y evitando las causas que conducen a la exclusión social.

Los Estados de bienestar de las naciones desarrolladas reconocen y protegen el derecho universal de todas las personas a recibir prestaciones y servicios por medio de un sistema de servicios sociales, en condiciones de igualdad, para que así puedan desarrollarse plenamente, individual y socialmente.

Tienen derecho a recibir la prestación de servicios sociales de las administraciones todas las personas que tengan vecindad administrativa en su comunidad en los términos que establece la legislación de cada autonomía.

Los titulares del derecho a recibir servicios sociales tienen reconocidos por ley una serie de derechos y obligaciones. Y es este reconocimiento universal del derecho lo que permite a los usuarios exigir su cumplimiento ante la Administración Pública, que tiene la obligación de garantizarlos, incluso reclamando su cobertura en vía administrativa y judicial, si fuera necesario.

El objetivo principal es promover los mecanismos para conocer, prevenir e intervenir con personas, familias y grupos sociales, especialmente si se encuentran en situación de riesgo social o exclusión, permitiéndoles llevar una vida digna y poder integrarse plenamente en la sociedad.

El artículo 9.2 de la Constitución de 1978 dice: <<Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social>>.

Para ello, las Comunidades Autónomas han aprobado leyes de servicios sociales, cuyo eje central es la organización del sistema público de servicios sociales, desarrollando un papel de atención primaria y servicios de atención especializada en el ámbito de personas sin hogar. Además en las carteras de prestaciones y servicios sociales de las Comunidades Autónomas se han identificado los servicios y prestaciones que se deben garantizar en el ámbito de las personas en riesgo de exclusión. Estas prestaciones se ejecutan a través de los servicios sociales municipales, que constituyen el nivel de atención e inserción primario.

Esta atención primaria incluye los programas de urgencias y emergencias sociales y la atención a los sectores y colectivos con problemas sociales específicos. Este conjunto de servicios integran los servicios sociales especializados, que constituyen el segundo nivel de atención.

Se supone que ha habido una evolución histórica en España en los términos utilizados y asociados al bienestar social, así como su desarrollo en las formas de intervención y las de afrontar los problemas sociales. ¿Pero es esto así?

Hace unas semanas me encontré con unos amigos, se trata de un matrimonio que ha sufrido los rigores de la crisis de manera debastadora. Han perdido sus trabajos, sus ahorros, su casa, han tenido que vender su coche y ahora viven en una casa prestada por un familiar, pero sin suministros; ni agua, ni luz, ni gas.
Lógicamente, me comentaron que habían acudido a los servicios sociales de su localidad; primero y fundamentalmente, como es natural, para informarse de los planes de apoyo y solicitar una ayuda, y segundo, porque acababan de tener una oferta de trabajo, temporal, pero medianamente aceptable y para ambos. Y aquí comienza lo surrealista, en los servicios sociales les plantean una disyuntiva: elegir entre los abono transportes, necesarios para poder optar a la oferta o el bono de alimentos,  imprescindible, pues carecen de cualquier ingreso o ayuda para subsistir. Las dos opciones a la vez ni se contemplan. Es absurdo. ¿Así es como pretenden sacar de la exclusión a una familia? La propia trabajadora social, me comenta mi amigo, les aconseja que se decanten por el bono de alimentos, porque evidentemente comer es esencial y forzoso.
Son derivados a Caritas para ver si allí les pueden ayudar con los alimentos mientras los servicios sociales del ayuntamiento se encargan del transporte para el trabajo. La solución de esta organización es ofrecerles un paquete de urgencia consistente en unos paquetes de legumbres y arroz, un paquete de galletas y seis tetrabriks de leche. Naturalmente sin suministro de gas para elaborar los alimentos esta solución no les aporta ningún beneficio. Solicitan una bombona de gas butano para poder cocinar, pero, el ayuntamiento sigue con la misma política de ayuda, abono transportes, bono de alimentos o suministros. Sólo una opción. Caritas sencillamente no les da otra explicación que «esto es lo que hay».
Sin otra elección posible declinan la oferta de trabajo y aceptan el bono de alimentos mientras les tramitan una ayuda con la Comunidad de Madrid que puede tardar en ser concedida hasta seis meses.
Ahora han comenzado a percibir dicha ayuda, pasados esos seis meses sin más ayuda que el bono de alimentos mensual por un valor de 130 euros. Por fin han dejado esa nutrición deficiente a base de bocadillos y comida preparada que calentaban en una fogata improvisada con cuatro palos en el patio trasero de la vivienda sin medios básicos.
Hoy, con más de 50 años, con 526 euros que les ha concedido la CAM, y con la vida truncada por una crisis que unos descerebrados gobernantes no han tenido que sufrir, tienen que empezar de nuevo, a contra reloj, con muchas ganas, pero con muy pocos recursos para ello.
¿Existe de verdad el Estado de Bienestar en España? Ante esta historia que he conocido por boca de sus propios protagonistas, y que en buena media no es la única, ni tal vez la peor, creo que no.
España es un país cuya administración está colmada de ladrones desalmados, con élites poderosas que viven en otra esfera y gente muy necesitada que está sola, desamparada y olvidada.
El Gobierno debería mirar hacia este lado de la realidad y atajar este severo problema antes de que más personas sigan cayendo en él. Eso hacen las sociedades avanzadas.

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Aicrag

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