Literatura

Los Sueños De Valeria (Fragmentos De Una Novela Cubana)

Los Sueños De Valeria (Fragmentos De Una Novela Cubana) - Literatura

1

 

Todo no era tan especial en aquella mañana, ella estaría como siempre a la espera de un sueño, desde su gran torre de papel, sus sueños de grandeza y esperanza. Contemplando la finísima lluvia que caía, mezclándose con el humo de las antiguas chimeneas de París, la magnánima ciudad  del amor.

El cielo era un anfiteatro decorado en gris, millones de pájaros graznando y alejándose de la tormenta prometida, la noche palpitante avanzando desde el horizonte, los transeúntes recogían los largos manteles del domingo, era la hora de volver a la quietud del hogar, de retomar sus vidas de té y pasteles.

Gabriela había asistido a la ceremonia en el gran Arco de Triunfo, la ceremonia duró más de lo esperado, pero ella era una chica con mucha paciencia, le habían invitado a tomar algún bocadillo una docena de desconocidos y todos fueran rechazados con un simple gesto de la mano. Pareciera que su color preferido le trajera la mala suerte, solo podía esperar, marchados todos los invitados y sin disfrutar de nada puso toda la atención en la vasta ciudad, el verde artificial le parecía risible, en pocos minutos la amplísima capilla comenzaría a recibir los extranjeros y le sería difícil suicidarse.

Los sentimientos y los sucesos le perseguían, se alejaba del mar y la seguía la lluvia, el olor a la tierra casi inexistente en la capital, los cristales transpirando una fina capa  de agua y cielo.

 

2

 

Es imposible olvidar todo y saltar al vacío, apenas unas semanas antes tenía una vida, estaba en la cafetería de la Roe – Sant, tranquila y disfrutando del calor y los tufillos del café y los cigarros. Recordaba su niñez y los ruidos de algún río milenario, ahora solo fragmentos en la memoria y las fotos, pareciera otra persona feliz, otra con la cara roída, su mismo porte y parecido, su pelo y su color favorito, solo que más colérica y distanciada, pero a pesar de no ver su cara se reconocía entre miles de personas, ella sola, inmóvil y el movimiento de los demás en la otra dirección, un carro que puede detenerse y no lo hace, viene aplastando todo a su paso, alguien corre y quiere moverla de su lugar y es un mundo paralelo, la escuchas gritar y maldecir, el vehículo se ha convertido en locomotora, en dragón que vomita lava hirviente y resquebraja la avenida y destruye ese espacio creado y escenificado.

 

3

 

De esos sueños solo quedaban flash, espejos rotos, una cafetera que no encuentra pero que acaba de iniciar su silbido de dioses malhumorados, camina por una habitación con las paredes cubiertas de musgo y ennegrecidas de alquitrán, la familia siempre está en la última habitación, el viejo respirando fuerte, tragando todo el aire posible, como si solo importase tomar todo el aire y asfixiar a los demás,  el cáncer en los pulmones lo convirtieron en una bestia poco sensible, pero genuina, en la estantería unos míseros recortes de bohemias de una época luminosa y que eran fragmentos de otros otoños, le gustaba le pasaran la mano durante horas por el pecho, el cual fuera antes musculoso y velludo y ahora solo un vestigio de otro tiempo malgastado.

……………………………………………………………………………………………………………………………………………………………… (Ella lejos de ese cuarto)   ………………………………………………………………………………

La falta de oxigeno siempre la mantenían enajenada de su mundo, afuera llovía, su mundo sin ventanas, sin cristalería y siempre lloviendo, estiraba las manos hasta sentir sutilmente con las puntas de los dedos las gotas, entonces automáticamente las retiraba, como si hubiese tocado fuego, se retiraba al centro de la habitación y entraba en la cama, se arropaba y pareciera un gato a punto de morir. Desde ese punto se reconfiguraba su sueño, volvía a caminar sobre cristales rotos y de ahí a la buhardilla del viejo mansamente luchando por vivir.

 

4

 

Vestía impecable, con una bufanda roja, ese era su maldito color, el cielo gris, todos amordazados a la moda y ella como en una película del cine silente, todo en tonalidades y solo ella y una rosa deshojándose en rojo.

De cuando en cuanto soñaba en conocer America, viajar, conocer New York y Las Vegas, pero eso era parte de las cosas que dejaría para otra vida, como poder cultivar rosas y tener una casita con un pequeño jardín y un perro desconocido.

 

5

 

  • Sí, dime.
  • Después daremos unas vueltas.
  • Podremos cenar donde te gusta.
  • No
  • ¿Qué pasa Gabriela? Ya no me amas – Dijo el tipo de la cicatriz.
  • ¿Quizás fui muy tonto?
  • ¿Fue por lo del viejo?
  • Sí, ahora entiendo que tengas remordimientos. Lo de matar al infeliz no era tan divertido para ti.
  • ¿Tienes lo que deseas?
  • Sigues pensando en lo del suicidio. – dijo el tipo de la cicatriz, con una voz como la de un gramófono fuera de revoluciones.

 

6

 

París. El ciclo de amor y odio. París destruyendo cada detalle del ser humano, el lugar ideal para reinventarnos, podría ser cualquier otra, podría ser ella y otra al mismo tiempo y estar en un parque para siempre esperando, ver partir las grandes embarcaciones, pero esa otra persona que la habitaba era cruel, no existían dioses, no existía un mundo material, era ella (su yo interior) buscando muerte.

 

7

 

Gabriela era dos personas, la feliz, la roja y entusiasta, la chica de la risa y los sueños y la otra, la suicida y vengativa, un ser hermoso y complejo.

Pero suicidarse era un hecho, solo le bastaba burlar al vetusto guardia y saltar, ya se imaginaba flotando antes de terminar, su yo interior, era la que esta mañana tenía todo el control, las pastillas ayudaban un poco, pero el solo recuerdo de fracasar, la impulsaban como los vientos invernales.

 

8

 

Era muy difícil ser todo el tiempo una misma, ser feliz y mantenerse serena a los ojos de todos, tenía que fumarse un cigarrillo, no aguantaba más, le dolía horriblemente la cabeza, no recordaba dormir en toda la noche y eso la afectaba, su figura de contornos suaves y blancos comenzaba a mostrar los efectos del mal dormir, se recostó en una vidriera de la calle y pudo notar su cabello revuelto y quizás un poco sucio, miro los labios rojos y pensó que aún era atractiva para los hombres, escupió débilmente y comenzó a caminar, quería llegar cuanto antes al Arco de Triunfo en cualquier momento iniciaría la ceremonia.

 

9

 

Desde niña fue rebelde, le gustaba el rojo, se había cortado muchas veces, y sentía cada vez la sensación de que solo así estaba viva, su segundo color era el negro, para ella el rojo y el negro eran muchas cosas tal vez opuestas, peso sobre todo la pasión y la muerte, además le habían dicho en miles de ocasiones que le sentaba bien.

 

Ahora no recordaba cuando empezó a ser la chica rebelde, solo el momento en que su padre le trajera muchos regalos para después decirle que su mamá no vendría más, que se fue y ya estaba, él era una porquería y no necesitaba que nadie se lo dijera, ahora solo estaban los dos para vivir, le abrazó un largo rato y la apartó sin delicadeza. Me quedé saboreando los helados que me trajo, recuerdo que jamás quise comerlos, pero que en ese lapso los apreciaba más que todas las palabras.

Miré un gato ronronear entre mis piernas, seguí lamiendo de las mieles y chocolates, las comparé con la fría nariz del minino, dejó de molestarme y se asusto terriblemente cuando sonó en la otra habitación un potente disparo.

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leonardoalma

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