Sociedad

Los Sueños Del Papel, Del Marcador, En El Crecer

Los Sueños Del Papel, Del Marcador, En El Crecer - Sociedad

Daniel Sebastián Rosero Vela

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Los sueños del papel, del marcador, en el crecer
“Si la escuela no se atreve o no sabe educar si no sabe despertar la conciencia moral en el alumno al tiempo que le instruye, difícilmente conseguiremos mejorar una sociedad donde la violencia y la exclusión progresan día a día. Lo que hay en el fondo de todo es una buena dosis de desorientación no exclusivo de la educación y también una cierta dosis de miedo derivado de los recuerdos de otros tiempos y de ciertas amenazas del presente” (Camps V. pág. 94)
Hay varios momentos en la vida que llegan a ser significativos, hay largos procesos que se llevan a cabo para que se defina una situación, hay más que un impulso para un comportamiento y siempre habrá más que un profesor que enseña para encontrar el aprendizaje. Jamás la historia será igual, al igual que el estado de un tablero a través de los años, irá desapareciendo su ser inédito, pero no significa nada malo, solo será otra parte para la creación de un elemento, o un hecho. La escuela, la universidad, las idealizaciones creadas en ellas, corresponde a una parte fundamental para la conformación de cada quien y dependiendo cómo hayan sido las interacciones en el medio se reflejarán diferentes nociones afianzadas allí.

Diversos fueron los momentos en la escuela, y más lo han sido en la universidad, eso sí, la reacción varió en cada cual: acción o retracción, adquiriendo ganancia o pérdida, pero aprendiendo con la decisión asumida; hablando de las reacciones y momentos, estos han sido los que han removido extremidades y causado (des)estructuración en mi vida.

La jornada, o la mayoría, se definía y organizaba, por la voz de la rectora, desde los primeros días de trescientos cuarenta y cinco que restaban de año, el “segundo hogar” estaba muy bien regulado, su jerarquía bien establecida y los diferentes papeles y roles tenían una persona para su ejecución. El timbre sonaba y ya todo tenía que estar en marcha, desplazarse o no distraerse de la clase por el sonido de los zapatos y gritos fuera del aula; ese sonido que a veces, cuando la energía se iba, lo producía la campana sostenida por la mano ya dormida y cansada del vigía… ha sido lo que más desestabiliza.

El ahora ya no es ring, tal vez es si se lo configura para el amanecer y otras actividades que se ejecutan al proceder, pero ya no está acompañado de gritos, de desespero por mirar quien pasa o de prepararse para el cambio de cuaderno a posteriori aquel ring. Tal vez lo diferente es que ya no se lo vive, ni suena en la misma armonía con la que solía sonar, ya es más independiente, desatada, tal vez porque ahora yo soy el poseedor de mi propia campana elaborada con cada actividad y decisión por hacer en algún momento.

Ya entrado en ese cuarto de recuerdos, la distribución del tiempo normalizada -decidí crearles cuarto en mi cabeza para que ella no se tome mi organización- fue tal que al dejarla no percibía la magnitud y favorabilidad de tener horas muertas antes de cada clase ¡Bienvenido a la vida universitaria! me dijo el nuevo tiempo.

No solo ello logra imprescindir, aún más lo hacen los sujetos que se presentaban y presentan en cada hora de clase, docentes les llaman, pero a muy pocos les sería real. Saber y reproducir saberes bifurca con poder enseñar a pesar de que los tres pueden ser fenómenos de todos los días, la aptitud es muy importante para el último y esta es la diferencia con los otros dos, se necesita ser apto para enseñar y no solo conocer.

Por temas de ley no nombraré, pero por su bigote y el otro por su arrogancia fueron y serán reconocidos entre los que pasen por aquel mal ejemplo de docencia. Es interesante hallar una característica que particulariza a un individuo, y es aún más cuando es notoria la complejidad en el escaneo actual, es decir, el hecho de no reconocer al docente por una cualidad externa sino por algo de carácter “interno”, posiblemente sea por lo que la historia de vida le ha dejado para expresar con sus estudiantes. Aspectos, decisiones y conductas cuestionables al decidir ser docente de alguien.

Estaban aquellos que su semblante -bordeaba ya el ser intimidante- y confianza competían con los conocimientos que en sí existían. Antes de cada clase, la preparación mental no solo dependía de la previa lectura del texto o de la memorización de las fórmulas, requería el fortalecimiento de emociones y resistencia a sesiones intensas.

Cuales flechas, volaban rápido las preguntas que cada profesor disparo, e igual debía ser   la reacción o “muerte” del objetivo. Iniciaba su hora de clase, angustia al instante, aunque se estuviera preparado, las cuatro paredes y el conocer qué era aquella la materia por ver ya causaba dolores de estómago (teoría siendo aplicada).  Nacidas desde un mismo paradigma, aunque dividas en el tema tratado, fueron dos materias por las que casi pierdo el año y “el año” semestral.

Así como se distorsionaba la noción de tiempo al momento de salir a recreo o en la hora de trigonometría, ocurre similar sensación a la hora de estar en un salón donde se preste para expresar opiniones, compartir conocimientos y elaborar una noción conforme la solución del común se va presentando.

Un desconocido fui de lo que era un verdadera aprender y un buen enseñar sino hasta la universidad, donde la formación no solo se remite a la instrucción, así mismo a la orientación propia cimentada desde el tercero hacia el educando, sentí que ya la dinámica cambiaba, el cachorro humano siendo inmerso en la sociedad desde la institución.

Temas que trascendieron la emoción por escucharlos o leerlos, han logrado permanecer no por el interés que generan, lo es por quien expresa lo que algún día me cautivo y aún sorprende. Dos agentes mediadores de los contenidos aportados en tercer y cuarto semestre fueron clave para comprender más de la materia profesional y de las experiencias de vida. Al conocer del docente no solo se generará una idea de este, además se creará un vínculo que facilitará la interacción.

Si la transmisión le parece importante, y no solo está dispuesto a ser él quien hable en clase, a pesar de que dijéramos “aberraciones” sobre la construcción del sujeto con el lenguaje, o al hablar de los diferentes paradigmas existentes para la investigación y apoyo en problemáticas sociales e individuales, de tal manera se perfecciona cualquier forma de aprendizaje ya que hay transmisión constante, no permite un encierro o posición estable de primera, en cambio ofrece la solución conjunta que se pule conforme avanza las intervenciones.

Muchas veces la falta de vínculo en la escuela es causante de la pérdida de atención y afectividad de jóvenes e infantes en la lectura, la escritura, el análisis, la actitud crítica y la solución de conflictos.  Cuando se enseña no solo se debe observar cómo labor remunerativa ya que retribuye encaminado al agente y a varios sujetos que son acompañados en su crecimiento por los conocimientos, nociones y muchas veces conductas del primero; la enseñanza escolar, universitaria y en general va más allá de replicar información por parte del agente-sujeto, el aprender más bien se determina según la aprehensión del momento que la persona presente, por cada persona de quien es -por el hecho de permanecer con el “control” de ellos- encargado o encargada.

Aspectos contundentes edificaron un Yo Escolar, ahora otros cuantos me han hecho desbordar, bien sea de alegría, de entusiasmo o de agobio y desespero, tal como fue el abandono de una horario diurno continuo, el afecto por una materia, la intranquilidad por otras, el temor al semblante de alguien que bien se traduce en respeto a la experiencia o capacidad de combinar  actitudes discursivas y persuasivas más conocimientos y así llegar a la autonomía, apoyo mutuo,  critica y analítica del sujeto ideal para la sociedad.

 

Referencias

Camps, V. (1996) El malestar la vida pública. Editorial Grijalbo, Barcelona

Bibliografía

Nuñez, V. (2002). EL VINCULO EDUCATIVO. En: Reinventar el vínculo educativo., aportes de la psicología social y del psicoanálisis Barcelona: Instituto del Campo Freudiano.

 

 

 

 

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