Sociedad

Los Valores Humanos

Los Valores Humanos - Sociedad

Se habla, se dice, se cuenta, se rumorea que en las Bolsas de New York, Tokyo y Madrid, los valores humanos tienden al alza mientras que las infravaloraciones lo hacen a la baja.

¡Qué buena noticia! Por fin la humanidad, después de vintiún siglos está despertando de esa especie de aletargamiento que padecía. Sin embargo, ese despertar es un camino que hay que labrar, por el que todos los seres humanos del planeta debemos pisar. Hay que estar vigilante, está lleno de baches y hundimientos. No importa que caigamos siempre y cuando sepamos que hay que levantarse. ¡Ay, ero qué dura es la caída! -se quejan algunos. Sí, pero mira a tu alrededor, mira hacia delante. Siempre hay alguna motivación para levantar. Esa motivación se llama esperanza. Ella siempre te puede ayudar a no decaer. En la meta se divisan unas pancartas sostenidas por personas sonrientes y con la mano tendida. En ellas se pueden leer palabras difíciles de ver a cierta distancia: libertad, solidaridad, respeto, honestidad, pluralidad, igualdad, tolerancia…

-¿Cómo se puede llegar a ellas si el camino está minado de cráteres  donde ondean banderas de esclavitud, insolidaridad, falta de respeto, desigualdad e intolerancia?-se pregunta un caminante.

Otro caminante que lo escucha dice:

-Cuando caigas en un cráter como tú lo llamas, debes luchar desde dentro para concienciar a la gente para tenderles una mano, actuar siempre con base en la verdad y en la auténtica justicia. Tratar al hombre como supremo valor entre las necesidades humanas.

-Pero yo sólo no puedo hacerlo. No tengo fuerzas para luchar y cambiar a todo un pueblo-respondió el 1º.

-Claro que no-objetó el segundo-pero es que no vas a estar sólo. Tú vas a depositar ese granito de arena indispensable. Cuando todos los granos se unan, harán que ese cráter desaparezca y las generaciones venideras pisarán en terreno firme.

A la derecha había un grupo de ciudadanos pertenecientes a una de esas sociedades llamadas civilizadas. Se jactaban de ser tolerantes hacia otro grupo que coexistía en la misma sociedad, pero de ninguna manera se igualaban a ellos. Más bien se declaraban superiores al grupo tolerado porque cuando se tolera algo ¿no estamos diciendo que no concordamos con él, no obstante lo cual le permitimos coexistir a nuestro lado? Más que una sociedad tolerante se trataba de una sociedad que temía a lo desconocido, paralizada por el miedo, que les impedía acercarse a aquello o a aquellos que consideraban diferentes. Mientras no existiera la capacidad de comprender, revolver, compartir, de amar, de soñar juntos… ¿dónde se encontraba la tolerancia?

Al otro lado se divisaba un grupo de personas hablando de respeto, es decir, hablando de los demás. Dónde llegan nuestras posibilidades y dónde comienzan las posibilidades de los demás. Es la base de la convivencia en sociedad. ¡Qué palabras más bonitas! Sin embargo, la autoridad de esa sociedad practicaba la intolerancia y no respetaban ni las creencias religiosas de los demás. Más adelante, se encontraba una sociedad pequeña donde todavía existía esclavitud, donde la mujer no contaba como ser humano sino como un simple objeto. ¿Dónde quedaba ese derecho natural de la persona, llamado libertad?

Al lado, otro pequeño pueblo casi no podía caminar, porque estaba muriendo de hambre. Sin embargo, se veían niños portando armas. ¿Cómo se le podía hablar a aquella gente de derechos humanos, de solidaridad, de escala de valores? Ellos veían pasar por su lado a gente bien nutrida y bien vestida, cuyas miradas eran indiferentes a su sufrimiento.

¡Era tan fácil la solución! NO se trataba de darles lo que sobraba de otras sociedades, sino de ayudarles a construir, a solidarizarse y compartir porque para quienes la pobreza le calaba en los huesos, la esperanza suponía una cataplasma confortante. El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta.

Después de haber caminado durante largo tiempo y de haber depositado su granito de arena en todos aquellos cráteres, nuestro caminante llegó por fin a la meta y pudo alzar él también aquellas pancartas que tan lejos se veían antes.   Volvió la mirada atrás y contempló un paisaje totalmente distinto al que había comenzado a andar aunque todavía quedaba mucho por hacer. Se dio cuenta de que no había más que una cosa necesaria: las personas a las que somos necesarios, de que la igualdad consistía en que ningún ciudadano fuera tan opulento que pudiera comprar a otro, ni ninguno tan pobre que se viera obligado a venderse.

 

TODA VIDA ES DIGNA DE SER VIVIDA.

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NABILA

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