Literatura

Los Vivos Y Los Muertos

Los Vivos Y Los Muertos - Literatura

Quizás lo que debe hacerse es dejar de ser tan idealista, pero no puedo, es contra natura.
Uno no puede renunciar de esa forma a lo que es sólo por el insignificante y vulgar hecho de que el mundo se empeñe en que sea así, es más, uno se sienta en un rincón y el dolor le grita que se deshaga de soñar y de esperar la magia a la vuelta de cada esquina que cruzamos, pero ni el dolor nos hace claudicar. Y ¿por qué? Verá usted, los vivos no somos así, pero uno suele moverse todos los días entre un ejército de muertos que lo quieren ver igual que ellos, igual que ellos de jodidos, de rendidos, de acabados y sin latido, repletos de inercia y de una locomoción vacía que los mueve cual peones de ajedrez sin rumbo importante. Ellos se amargan la vida porque quieren y los vivos nos amargamos porque ellos están ahí todo el tiempo, arremetiendo contra la vida, pero la vida es más poderosa que la fuerza de la derrota.
Uno está roto, claro. Los vivos estamos desvencijados ya de tanto ir y venir en un mar de muertos. Los vivos también nos queremos morir de vez en cuando, esporádicamente nos desplomamos con un golpe tajante al ras del suelo con una potencia que amenaza con jamás volver a estar de pie, es que uno también siente y se hunde con el peso, ese con que los que ya han muerto están más que familiarizados.
No obstante, es justamente allí donde reside el truco, en ir contra todo eso que nos aplasta, en ir a contracorriente y que la voluntad de vivir sea más fuerte que el lastre que hunde con la promesa de ahogarnos en el océano de los que han fenecido. Y créanme, todo suplicio vale la pena cada vez que ocurre si es para no morir.
Pero eso no lo entienden los muertos, ellos sufren y mucho pero no por largo tiempo, eventualmente se mueren y ya. Quedan atrapados en ese purgatorio donde “siguen adelante” con sus vidas y todo es gris, opaco y nauseabundo, ese ciclo prolongado de renunciar a todo por tener la paz, la paz del sepulcro. Y caminan, y se asean y comen y beben y se ríen falsamente, y ven la tele y van a fiestas y duermen ocho horas y trabajan a diario para  tener liquidez que les permita fingir que todo va bien. Pero los vivos no somos así, uno resiste, incluso al borde de la muerte.
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GemaGutherz

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