Literatura

Lost At Sea

Lost At Sea - Literatura


Lost at sea es la primera novela gráfica de Bryan Lee O’Malley, más conocido por su serie de cómics Scott Pilgrim. En esta novela se relata la historia de Raleight, una adolescente atrapada en un viaje por carretera junto a tres compañeros de la escuela a los que apenas conoce. Pareciera que su destino está muy claro en el mapa, pero pronto se vuelve evidente que nadie —especialmente la protagonista— sabe hacia dónde se dirigen. ¿Cómo saber hacía dónde ir, o quién eres realmente, cuando te encuentras en esa extraña etapa de transición entre la niñez y la vida adulta?

Esta obra podría definirla como la mejor metáfora de lo que implica crecer. Raleight, la protagonista, desde el principio nos va contando el cómo es que terminó estando con un grupo de chicos a los cuales apenas sabe su nombre, a la vez que siente como si su alma le hubiese sido arrebatada injustamente ante los cambios que le ha dado la vida y el temor implícito que ésta le causa al no tener un terreno firme al que aferrarse y el dolor de saber que las cosas que la hacen feliz no son más que un recordatorio de lo finita que es la vida. Empleo el uso de “metáfora” no a la ligera, porque esta novela gráfica hace que el lector, sobre todo el adulto, tenga una noción tangible y real de lo que implica el crecer; es una crítica de cómo es que a partir de esa etapa de la vida nos damos cuenta que no tenemos el control de nada, ni siquiera de nosotros mismos y ese nulo control es el que muchas veces nos hace odiar el mundo en el que formamos parte.

Decir o no que te identificarás con algunos de los personajes sería tonto porque ese no es su cometido. La perspectiva de nuestra protagonista es muy diferente a lo que solemos ver todos los días, es una expresión de la melancolía que pobremente se confunde con depresión, que al seguir se sabe que es la consecuencia de que la ilusión se desvanezca. O’Malley es muy astuto al hacer que una chica introvertida sea quien exponga la angustia que trae consigo el tener que abandonar la seguridad de la niñez sin siquiera saber nuestro nombre, pues, son sus reflexiones y experiencias lo que mejor expresa los conflictos que hacen que empecemos a construir nuestra voz.

A diferencia con su trabajo en Scott Pilgrim, el foco de atención se centra en la vóragine de sentimientos que embriagan a nuestra protagonista, relegando la comedia a meras situaciones ocasionales para darle su lugar a lo que empiezan a ser prioridad al mismo tiempo que demuestra que a veces éstas nos pueden cegar de lo que tenemos frente a nuestros ojos. Como ya se ha de adivinar aquí no hay espacio para la idealización de una etapa de la vida empañada por las ilusiones del recuerdo, es una cruda paradoja de la cual no siempre lo que importa es la salida.
“Nunca fui buena para estar con la gente. En realidad nunca le agarraba el modo, hasta que te conocí y entonces fue fácil. No tenía que esforzarme, porque todo era muy natural y todo se sentía tan bien. ¿Era igual para ti?”
Teniendo como público objetivo a los adolescentes uno podría pensar y esperar que esta obra nos dará una historia cuyo protagonista será el mejor en todo lo que haga, con defectos apenas advertidos y siendo el centro de todo el universo que le envuelve, sin embargo Lost At Sea no es más que una experiencia individual para cada uno de sus lectores, pues, a diferencia de otros cómics como Spider-man en el que el protagonista es un joven que por el azar todo lo que parecía salir mal es al final algo bueno, con O’Malley las cosas son completamente diferentes: la realidad te golpea con tanta fuerza que el caer o no depende de uno mismo, por lo que es muy probable que este cómic no sea para aquellos que les gusta sentirse el héroe de la propia existencia, un diamante en bruto o una estrella que no ha sido descubierta, ya que lejos de alimentar ilusiones irracionales, el presente es un regreso a casa, entendiendo ésta como la morada en que nada es especial y tienes que tener los ojos abiertos para atender tus responsabilidades.

No todo es tan malo como lo pintan porque es también un respiro, una caricia en el hombro que susurra que uno no es el único que pasa por ese caos mental en donde la vida parece haber perdido sus colores, es también una invitación, para el adulto, de recordar esa etapa y contemplar los cabos que aún siguen sueltos. A diferencia de lo que uno puede pensar, hoy en día hay muchos niños pretendiendo ser adultos que no paran de gritar y exponer lo asustados que están con este cruel mundo.

He de confesar que esta novela tocó una fibra sensible de su servidora ya que le recordó un detalle bastante importante y que muchos parece haber olvidado: la vida sigue. Es común encontrar en los cómics que el tiempo se detiene para hacer especial énfasis en el dolor que el protagonista experimenta y avanza sólo hasta que éste ha llegado a la conclusión; con Lost At Sea las cosas no son así lo que recuerda al lector que los problemas que se presenten son objeto exclusivo de quien los padece y que la solución suele llegar una vez que aprendemos a pedir ayuda.

No quisiera terminar este artículo sin antes extender la invitación, sobre todo si eres adolescente, a darle un vistazo, de hundirte en las páginas y empatizar con cada uno de los personajes que, si bien al principio no conseguirás identificarte, te darán bastante para reflexionar, sobre todo si temas de introspección se trata.

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Acerca del autor

Karenina_Anne

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