Literatura

Luces De Junio.

Luces De Junio. - Literatura

Miércoles, 12 de junio de 1907.

La luz del día estaba llegando a su final, y el atardecer, despedía al Sol con su delicado aroma de fragancia anaranjada. La brisa de levante acariciaba la dulce silueta de la Luna, dispuesta a velar una noche más los sueños de los hombres. Con la encendida de las primeras antorchas y faroles de aceite, los hombres y mujeres de las ciudades y aldeas regresaban a sus hogares. Tan solo, algunos locales de reputación dudosamente consentida y algún que otro amante de las sombras, empezaban su jornada.
Después de tomar unas jarras de cerveza en la taberna de Madame Rose, el Sr. Robert Alcott, un funcionario de Green City, y su joven y fiel secretario, Paul Philips, regresaban a sus hogares por la vieja calzada de piedra. Mientras caminaban, charlaban despreocupadamente sobre el combate de boxeo que se disputaría esa misma semana en la ciudad. El campeón de Green City, Sami “puño de hierrro” Dilon, pelearía contra un fornido extranjero de piel negra, al cual se le había prometido una enorme fortuna si conseguía vencer al campeón. Para muchos ciudadanos, sería la primera vez que verían un hombre de piel negra.
Al llegar al puente de piedra que cruza el rio que baña la ciudad, el Sr. Alcott y Paul Philips detuvieron su paso en seco. Ya no hablaban del combate; ni siquiera hablaban. Todo su cuerpo había quedado petrificado por el espectáculo que sus incrédulos ojos estaban contemplando.
Una enorme estructura metálica repleta de extrañas luces se había aparecido ante ellos. Era gigantesca, como un edificio de tres plantas, y a pesar de su tamaño, parecía suspenderse en el aire con la ligereza de una pluma. Jamás habían visto nada igual, ni tan siquiera lo habrían llegado a imaginar. ¿Tal vez, Dios tenía algo que ver con eso? Seguramente no. Las cabezas de los dos hombres pedían salir corriendo de allí a toda prisa, pero sus cuerpos estaban presos por alguna fuerza extraña. Intentaron gritar, pero tampoco podían articular palabra; de todas maneras hubiese sido inútil, pues nadie se encontraba próximo al lugar. De pronto, la estructura flotante, lanzó una luz turquesa hacia los dos hombres que los hizo levitar hacia ella. Una gran compuerta se los tragó, haciéndolos desaparecer. Luego, todas las luces se apagaron, y el enorme objeto volador se desvaneció, confundiendose con la oscura noche.
Nunca más nada se supo del Sr. Robert Alcott ni de Paul Philips, a pesar de los esfuerzos que hicieron las autoridades por encontrarlos.

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miquelangelo

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