Literatura

Luna, testamento alto

Luna, testamento alto - Literatura
Tu infinitud confesada

Lo intentaré de nuevo. Tú no eres sensación que se dispersa en el tiempo. No eres la abstracción que necesita de lo eterno. Si sientes estas dos alas entre las cuales tu yo oscila, entonces las ves con un tercer elemento, las juzgas con una tercera entidad que dista tanto de la eternidad como de la brevedad. Lo llamo el tercer juez. Desde allí… si estás allí conmigo.. ¿qué ves?

Lo primero que vi desde esa consciencia de la consciencia es que todo finito es infinito, ya sea porque la materia es infinitamente divisible o por una causa más sutil: los átomos indivisibles de materia o de tiempo, son divisibles en otro sistema de referencia: efecto Unruh-Davies.
Allí ves claramente que la distancia entre dos cosas inmersas en un universo infinito es igual a un punto en la recta Real. El universo amplifica y alarga como una lupa de éter los infinitésimos que componen la recta de los matemáticos: La distancia entre dos cuerpos nos consiente comprender cuál es el sucesor estricto de cero y admirar nuestro lenguaje hallando que infinitos números no agotan ese sucesor, así como infinitos cuerpos no llenan el vacío del cosmos. La lógica de lo finito ha cegado nuestros ojos para ver lo infinito.
El tercer Juez ve con claridad que sólo existe un número: 0,N, y que cualquier combinación de números está allí, cualquier obra allí descansa, todo lamento allí vive incluso antes de que el dolor existiera, y si lo has creado tú, te felicito, pues 0,N o su expansión decimal está repartido infinitas veces en un intervalo finito y se precede y se sucede a sí mismo ¿Dónde encontraste este orden en tu pensamiento, esta sobreabundancia en tu fantasía, este pluscuamnúmero en tu ambición? Si creaste los números, escribiste todos los textos que allí existen, si no los creaste, venera el prodigio del infinito que te precede y el absoluto que has entendido.
Las objeciones de tu razón son las resistencias de mi sensación, pues dirás, que cinco kilos no es igual a doce gramos, que al dar un paso no venzo 100 kilómetros y nada refuta mejor el infinito que la desigualdad de los finitos. Yo digo que la desigualdad de los infinitos te ha invitado a creer en la desigualdad de los finitos.
Coge un rayo de luz y suma en solo plano las infinitas ondas dispersas en los infinitos planos que forman las tres dimensiones: Si lo hicieras podrías agujerear la roca con la luz de una chispa, juntando en una sola oscilación todos los infinitos que lo dispersan y por fortuna lo desarman. Dios no existe y la eternidad fue pintada por primera vez en una temerosa cripta. La materia agota todo lo que es infinito y si pudieras sacar de la nada una materia que pesara tanto como la sombra del pensamiento más fugaz, podrías expulsar el Sol hacia las tinieblas del espacio, porque entre cosas finitas todas las relaciones son finitas, pero entre la nada y cualquier grado de finitud, la desproporción es transfinita.
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Acerca del autor

Amilcar Hamilton

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