Literatura

LXXVII

LXXVII - Literatura

Así que ahí estaba yo. Encontrar un hueco en aquella conferencia, parecía una misión imposible. Pero no lo era. Como bien he dicho, yo estaba ahí. ¿En la última fila…? Es cierto. ¿Sintiendo las irremediables gotas de sudor cayendo por mi rostro…? Cierto, también. ¿Intercambiando de brazo en brazo mi americana, sin saber cuál era el más oportuno, y deseando zafarme de ella, tras jurar sobre ella…? Sí, es cierto. Pero allí estaba. A lo lejos, sobre el escenario, un tipo, de aspecto extravagante, con un nombre seguramente impostado, para obtener un aura de mayor sabiduría, emitía una charla, en un tono persuasivo y con un deje pedante, al menos a mi parecer. Sobre él, un rótulo, con el siguiente lema: “¿Quieres ser feliz…? Yo te diré cómo.” Al leer ese rótulo, desprendí una carcajada, la cual me pareció ser reprochada visualmente por algún adepto que allí se encontraba, a mi lado. Aquel hombre, decía en aquel preciso momento.

-Ser más sabios, nos hará ser más felices. -Dijo, con fuertes y enfáticos ademanes en sus manos. Se veía que su preparación en la expresión no verbal era óptima. Como no podía ser de otra forma, ya que aquel tipo, pretendía, y parecía que con éxito, vivir de aquellas charlas.

-Menuda gilipollez. -Pensé yo, dada que mi creencia era diametralmente opuesta a la que acababa de exponer.

Seguía con su discurso, visiblemente preparado al más mínimo detalle, y exponiéndolo como un autómata, como quien cuenta un chiste que ha contado ya más de mil veces. Las mismas palabras, los mismos, tonos, los mismos gestos. Aborrecí el excesivo uso de reflexiones bajo el amparo de tópicos, y decidí abandonar la sala. Dudé en como abordar aquel acto. Allí no cabía un alfiler, y me parecía, en cierto modo, ser grosero abandonando el acto de forma estrepitosa. Quien sabe. Pudiera haber sido padre en ese preciso instante, pudiera estar sintiendo unos pinchazos en el corazón, o algo por el estilo, y decidir abandonar ipso facto aquel salón. Pero, como todos imaginamos, es mejor mantener cierto decoro, ya que a nadie se le ocurriría que algo así imprimiría tal urgencia en mi brusca marcha. A punto de cruzar el umbral, oí las últimas palabras de aquel hombre.

-Todo está en el libro. -Dijo, con voz serena, sobria.

 No sé por qué extraño motivo, esa declaración, produjo cierto magnetismo en mí. Le miré de nuevo. Allí estaba, a unos cien metros. Algunos más. En ese preciso instante, sentí que nuestras miradas se cruzaban. Reflexioné, e imaginé el trasfondo de aquel preludio. Una pueril y económica estrategia para que todos los asistentes, salieran con la compra de un libro bajo el brazo, probablemente firmado, probablemente bajo el impostado y exótico nombre de aquel charlatán, probablemente bajo una fotografía suya en blanco y negro, probablemente bajo una frase con una carga filosófica tremebunda. Aquellas palabras, me hicieron confirmar la charlatanería de aquel hombre. ¿Cómo había llegado yo a asistir allí…? Bueno, esa es otra historia, otra que, por el momento, no nos interesa. La escudriñaremos más adelante. Ya, y atravesando el quicio, oí sus últimas palabras.

-Siento no poder entregarles un ejemplar. -Dijo, con un tono decaído y cabizbajo.

El gentío, pareció sentirse decepcionado, mostrándolo con un murmullo digno de esa sensación. Hubo quien, pareció, incluso pedirle explicaciones. A las que, aquel hombre, con semblante, realmente decepcionado, contestó:

-Ese libro aún no se ha escrito.

A mi salida, esa última frase retumbaba en mis tímpanos. “Ese libro aún no se ha escrito…” ¿Cómo podía referirse a un libro que realmente no existía…? “Ese libro aún no se ha escrito…” No era la oración en sí lo que retumbaba en mis oídos, que sentía que me oprimía los tímpanos de una manera especial. “Ese libro aún no se ha escrito…”

Así, quedé absorto, reflexionando unos minutos. Charlatán o no, parecía yo mismo haber sido embaucado por ese misterio. !Yo…! Escéptico y racional, yo, desconfiado y sobrio. ¿Qué libro era ese…?

 

 

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El Lobo

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