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«MALDITA ADICCIÓN SEXUAL». Aconséjenme, por favor.



«MALDITA ADICCIÓN SEXUAL». Aconséjenme, por favor. - Sociedad

Es triste, desconsolador y frustrante, llegar a una edad avanzado y tener una adicción, no convencional y que es aceptada, por la mayoría, como normal. Esta enfermedad es tan peligrosa y dañina como el alcoholismo, la drogadicción o el tabaquismo, ya que te consume tu mente, tu tiempo y tu dinero; carcomiendo lo más importante: las relaciones normales, amorosas y afectivas, con personas del sexo opuesto. Al estar en una fase crítica de la adicción sexual, se busca relación con los demás, simplemente, para saciar ese apetito sexual desenfrenado, que muchos poseen, ya que nunca aprendieron a controlarlo desde pequeños, jamás tuvieron unos padres o encargados que les enseñaran valores, entre los que debieron haber sido el apreciar a las personas no solamente por su cuerpo. Relataré mi caso específico, con el único deseo y objetivo de ayudar a los lectores que sufren de este triste padecimiento y, también, como una medida de desahogo, pues nadie, a estas alturas de mis 50 años, me puede ayudar a erradicarlo. Nací en 1968, en el seno de una familia patriarcal y con el voto de silencio instaurado a todos los hijos. Nosotros, que éramos 4, debíamos limitarnos a «estudiar», a ayudar en los quehaceres domésticos y a hacer mandados, esas eran nuestras obligaciones prioritarias y nada más. La comunicación, los abrazos, la comprensión, la educación sexual y los buenos ejemplos, nunca existieron en ese «seno familiar». Además sumado a todo lo anterior, mi «padre», por cualquier desobediencia o error de nuestra parte, nos arremetía con su «diabólico» cinturón o cincho. Desde muy pequeño mostré conductas sexuales, no muy sanas, que eran señales de alerta para el inicio de mi desviada apetencia sexual. Muy chico, a los 4 años, si mal no recuerdo, comencé a masturbarme seguidamente, subiéndome a un mueble, hacía como que trataba de alcanzar algo, hasta que eyaculaba, obviamente, no expulsaba semen, sino, más bien, orines o  agua. Esto lo realicé por años y nunca, nadie, me ayudó. A todo esto, el déspota de mi papá, nos inscribió en un colegio sólo de varones, lo que hizo un enorme daño a mi desarrollo sexual, pues nunca aprendí a tratar chicas. El tiempo pasó, y , aproximadamente en 1982, a los 13 años, me inicié en el voyerismo, espiando a todos los miembros de mi familia a través de ranuras de las puertas u hoyitos que cuidadosamente elaboraba, obvio, mientras ellos se bañaban o hacían sus necesidades fisiológicas. Llegué a tal grado que miraba a mi madre y a mi padre haciendo actos sexuales. No crean, relatar esto me hace sentir una culpa enorme, me duele en el alma, porque hacerle eso a mi madre y hermanos, fue lo más reprochable de mis actos. Siempre por esa edad, me inicié en el podrido pasatiempo de ávido consumidor de pornografía, pues un tío mío, alcohólico, me obsequió mi primera revista. En el momento de tener ese «regalo» en mis manos, «las puertas del cielo carnal» se abrieron ante mis ojos, la masturbación fue mi compañera diaria, al menos  6 veces continuas antes de que se pusiera el día, la noche era el «reprise» de lo anterior. Mis actividades anormales eran complementadas por ver a unas preciosas vecinitas, mientras se cambiaban de ropas. Al final de todo estaba la cereza del pastel: mi eyaculación. Incluso ,los animales no se escaparon, pues busqué gallinas y perros para hacer cosas indebidas, pero, gracias a DIOS no las concreté . Es muy triste relatar estas experiencias, pero necesito «escupirlas» para sentirme algo mejor. Los años transcurrieron y, al llegar a la plena adolescencia, seguían las masturbaciones  ya con 17 años encima, no sabía las formas para tratar a ninguna chica. Fue en ese entonces cuando unos, mal llamados amigos, haciendo uso de la presión grupal, me llevaron donde las prostitutas o trabajadoras del sexo, o más bien dicho PUTAS O ZORRAS, si queremos quitar los eufemismos. «Mi primera experiencia» fue con una prostituta y ¿creen ustedes, amigos lectores, que fue positivo para mí?, definitivamente, no, ya que comencé a depender de ellas de manera sexual al 100%. De 1984 hasta la fecha, octubre de 2019, siempre he estado puntual a mis citas con las putas, no he faltado ni un mes. A todo este problema se suma el hecho que padezco de un enorme complejo de inferioridad que me hace pensar que no le gusto a las mujeres y, siempre, me he refugiado en dichas trabajadoras sexuales, siempre dispuestas a «amarme», una media hora, siempre y cuando, les enseñe y de $10 como mínimo, aunque yo sé que eso no es amor, porque el amor no se compra. Ya se podrán imaginar cuantos dólares he gastado hasta la fecha, después de más de 30 años, en mi repertorio de mujeres han existido desde las niñas de 14 años hasta las más maduritas de 65 , y eso no me enorgullece; muy por el contrario, se va desarrollando en mí un sentimiento de soledad sin medida y me entristece por la incapacidad de tener una familia normal y, sobretodo, una mujer, una princesa o una «media naranja» a quien amar de verdad.  ¿Pero qué puedo hacer?, el tiempo ha transcurrido y la juventud se me va. Sólo me queda pensar que para el amor ni hay edad, pero primero tengo que desechar esta maldita adicción sexual. ¿Y ustedes qué piensan?.

 

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sergitus

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