Literatura

Maldito Cristo

Maldito Cristo - Literatura

Todos los pecados son nuestro origen…
Alabado sea el que murió por nosotros, alabado sea el que resucito y lleno la cruz de sangre para que nosotros fuéramos libres…
Oremos, hermanos, oremos…
Las palabras del padre despertaban una inquietante picazón dentro de Wald, movido por las palabras se retorció en esa banca larga y dura de madera, odiaba la sensación de dureza bajo sus glúteos, sus padres que ahora estaban encorvados por la edad, insistían en que Wald los acompañara a la iglesia del Mesías.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi culpa…
No era lógico que un Dios de amor quisiera que sus hijos se humillaran de tal manera…
Es todo por hoy, bendiciones hermanos…
Wald acompaño a sus padres a sus respectiva casa, los dejo dentro y bebió un desabrido café de grano.
Despidiéndose de sus padres subió al peugeot gris que tenia, acelero hasta su casa.
Una noche de intriga, esa picazón seguía, le causaba bastante curiosidad saber por que el Dios de amor perdonaba todo si uno se confiesa.
Venid y comed de mi cuerpo y beben de mi sangre, dijo sus palabras sagradas para que así, mis hijos sean limpios de todo pecado.
Que no al decir eso hacían referencia de canibalismo?
Comed, de mi carne.
Wald extendió su brazo ya en la penumbra de su cama, apenas visible un flácido y gordo brazo se dejaba ver, pellizco su grasa y pensó en la frase, con la picazón creciente Wald se levantó al baño, miro su rechoncha cara mientras decía.
Bebed, de mi sangre.
Tomó la navaja de afeitar he hizo un corte debajo de su pliegue colgante de su estomago, introdujo sus dedos ahí y lamió la sangre que escurría, no sentía dolor alguno.
Se tumbo en el sofá con apenas unos calzoncillos cubriendole sus partes, encendió la tv y durmió a sus anchas.
La fila iba creciente, las ovejas tomaban fila para beber y comer el cuerpo de Cristo, finalmente eran roseados por el agua bendecida del padre, hijo elegido por el cordero para guiar.
Wald cerró su biblia para contemplar como el padre arrojaba el agua bendita sobre una multitud de ojos cerrados y bocas activas, susurrando pasajes de fe.
Confesad vuestros pecados al guiador…
Wald comía un pollo completo con guarnición de papas fritas y tortillas bañadas en la grasa del ave, mientras comía usó la pierna del pollo la sumergió en la grasa y salpico su ya rasgada sala.
Yo te bendigo en el nombre del padre, hijo y espíritu santo…
Wald repetía mientras hacia una cruz con la pierna del pollo, se detuvo y pensó, si el padre esta en los cielos, su hijo esta predicando, entonces, el espíritu esta dentro del hijo del padre…
  Wald despertó ese día muy temprano, se metió a bañar y se puso sus mejores ropas, salió para llegar a la misa de las once en punto, escuchó al padre y se le acercó en secreto.
Padre, me quiero confesar…
Dijo Wald casi en susurro inaudible, ese día Wald se sentó en una pequeña silla y el padre dentro de la cabina que yacía a un lado de Wald.
Sin previo aviso Wald se levantó de la cómoda silla morada, tomó un crucifico y se acercó al padre, extrañado por su reacción el padre lo reprendió.
Yo te bendigo, en el nombre del padre, del hijo y del tal esperado espíritu santo.
Repetía Wald calmadamente mientras masacraba a golpes al viejo padre,  la cruz se enterró en sus ojos, tiró un par de sus dientes y e padre callo como una masa sin forma al piso, chorreando sangre de los orificios faciales, pedía piedad.
Mas los que pidan piedad irán al reino de los cielos…
Wald tomó el cáliz y lo acercó al padre, con la esperanza de que cierto liquido rojo resbalara dentro del recipiente, tomó su navaja de afeitar que ya la tenia para entonces consigo desde su casa, y corto parte de la carne del padre, una oreja para se exactos.
Llevándose a la boca el trozo de carne decía.
Venid y comer de mi carne…
Después dio un trago a la sustancia coagulenta del cáliz.
Venid y beber de mi sangre…
Satisfecho, regreso a casa, se sentó en su sofá y devoró parte de la carne que consiguió del padre.
Ahora el espíritu santo mora en mi…

Mis queridos lectores, esta es otra historia engendrada desde las entrañas de mi mente, espero que la hayan disfrutado sin el afán de ofenderse por las palabras que yacen aquí escritas, sin mas que decir… hasta la próxima…

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Acerca del autor

Ritsu Alcazar

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